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16-12-2009
Ganadería pastoril en zonas semiáridas
Cuando el ingenio hace la diferencia
La implantación de pasturas resistentes a bajas y altas temperaturas y el manejo del agua permitieron que en el establecimiento El Centenario, en San Luis, se registrara un fuerte impulso en las actividades de cría y recría

  • Cuando el ingenio hace la diferencia

VILLA MERCEDES, San Luis .- El sol castiga con fuerza en una tarde que roza los 40 grados en El Centenario, un campo ubicado a 90 kilómetros al sur de esta ciudad, en una región con suelos con más de 92% de arena, en general arena fina, tradicionalmente de pastizales naturales, médanos fijados y fuertes variaciones en la temperatura, que pueden ir desde los 19 grados bajo cero del invierno a los 46 en verano. El establecimiento está enclavado en una región denominada la Travesía Puntana, en el centro sur de San Luis. No es una zona fácil; encima, viene lloviendo cada vez menos, pasándose a 530 milímetros en los últimos cinco años, en promedio.

¿Cómo se puede producir en estas condiciones? La pregunta tiene respuestas. Y hay que buscarlas por el lado de la incorporación de pasturas megatérmicas, el manejo y la resolución de un problema no menor: el agua. Con foco en esos tres temas, aquí, en El Centenario, un establecimiento de cría de 54.000 hectáreas, hubo un fenomenal cambio productivo. Subió la carga, hay mayor producción de carne y un crecimiento vertical sobre la misma superficie, potenciado por un sistema de distribución de agua.

Hace diez años, la carga habitual de la zona era de 10 a 12 hectáreas por vientre produciendo, en general, con un esquema de pastizales naturales y un sistema de aguadas poco desarrollado. En ese momento, además, había una producción de 8,5 a 9 kilos de ternero por hectárea.

"En ese contexto, se decidió hacer mejoras, con una fuerte implantación de pasturas megatérmicas", comentó Gonzalo Molina, responsable de producción de El Centenario, un campo que junto a otros establecimientos, Don Roberto y Los Trapales, integra un bloque total de 101.000 hectáreas que Antiguas Estancias Don Roberto tiene en San Luis.

Lo primero que se hizo fue mejorar la disponibilidad de pasto. Por ello, entre 1997/1998 y 2002 se implantaron 33.000 hectáreas de digitaria y 11.000 de pasto llorón. En total, se fueron incorporando entre 10.000 y 11.000 hectáreas por año.

La digitaria es perenne. En los doce años que aquí vienen trabajando con esta especie, nunca resembraron. Una parte se usa en verano y otra en invierno, diferida.

Operativamente, se hace una sola siembra y, si es exitosa, se comienza a consumir al otoño siguiente. Pero si no fue lo suficientemente buena, se "espera" a la pastura, para que teniendo una buena resiembra natural logre dominar el tapiz del suelo. La digitaria, además de representar una mejora en la calidad forrajera, durante el invierno deja espacios libres para el crecimiento del pastizal, que es de muy buena calidad.

Con la digitaria se puede estar en un 11/12% de proteína en el primer rebrote de primavera y en 4,5/5% ya como diferida en pleno invierno.

Por el tamaño del establecimiento, al campo se lo dividió en módulos de producción, un sistema que permite diferenciar áreas con una determinada capacidad de carga. En El Centenario hay 23 módulos, con 500 vacas por módulo. En este contexto, hay módulos que caen sobre un 100% de digitaria y otros con 25% de llorón y un 75% de digitaria. "El manejo ideal depende de cada módulo y de las especies disponibles en ellos, pero en términos generales la digitaria tendría un manejo invernal a partir del 15 de mayo hasta el 15 de octubre", dijo Molina.

La digitaria está dividida en cuatro parcelas. Luego del 15 de octubre, se puede pasar a un pasto llorón hasta Navidad. En ese momento, se vuelve a digitaria.

Además, sobre las digitarias ya consumidas en verano se asegura el servicio sobre pastizales de buena calidad. "A los llorones se regresa después del destete, ya con la vaca con menores requerimientos", afirmó.

Este campo es de cría y recría de hembras, en tanto que el macho se va a recría engorde al establecimiento Don Roberto. No obstante, se está buscando retener la vaquillona de reposición y los toros que antes pasaban el invierno en el campo Los Trapales, donde también se implantaron digitaria y pasto llorón.

Otro punto importante es que aquí se realizó un cambio en el sistema de pastoreo, desde pastoreos continuos a pastoreos rotativos. "El pastoreo rotativo tiene un impacto ambiental muy fuerte, porque en el sistema anterior de aguadas la vaca iba durante todo el año a tomar agua al mismo punto y la presión de pastoreo sobre las áreas adyacentes implicaba la desaparición de especies de alta calidad en los sitios cercanos a las aguadas. En cambio, ahora podemos tener un mejor uso y mejor crecimiento en todas la superficie del campo", apuntó.

En números, todos los indicadores productivos del establecimiento se fueron hacia arriba. La carga se duplicó. De las mencionadas 10 a 12 hectáreas por vientre se pasó a 4,6/4,8 hectáreas por vientre. El establecimiento antes tenía entre 3800 y 4000 vacas y ahora ronda los 9000 vientres, pero en total hay 12.000 cabezas. Además, la producción de carne subió de 8,5/9 a 21/22 kilos de ternero por hectárea.

Con la implantación de pasturas ocurrió otro hecho curioso: según Molina, el Venado de las Pampas, un animal de la región, aumentó su población en el campo.

Pese a la fenomenal implantación de pasturas, al poco tiempo de utilizar la digitaria surgió otra limitante fuerte como la distribución del agua.
Distribución del agua

En este contexto, en 1999 se decidió hacer una inversión en distribución de agua. En la zona la calidad de agua es buena, pero hay que asegurar su distribución.

Como primer punto, se eligió usar la tecnología de perforación de los equipos de riego en campos de cría. Para ello, se hicieron perforaciones para uso ganadero. En este caso, hay dos (con electrobomba a 50 metros de profundidad y que otorga 40 metros cúbicos por hora) y se lleva el agua hasta puntos altos del campo, pero relativamente cercanos de la perforación.

Son puntos altos donde hay tanques australianos de 750.000 litros de capacidad. Luego, desde esos tanques se distribuye el agua por acueductos a tanques secundarios y bebederos que, en vez de ser lineales, son redondos de hormigón con 30.000 litros. En total, en El Centenario hay 45 de estos últimos bebederos.

Toda la tubería de polietileno que se utiliza forma parte de una gran red de distribución. En total, en este campo hay 175 kilómetros de tuberías, más otros 150 kilómetros en Los Trapales.

Hoy en el campo donde se puso en marcha esta tecnología tienen una aguada cada 500 hectáreas, contra 4000 a 5000 hectáreas del anterior sistema. "Ahora nos garantizamos que la vaca no tenga que caminar más de 1500 metros desde la punta de su parcela hasta el agua", indicó Molina.

Esa distancia surge de muestreos que revelaron que los fondos de los lotes no tenían una buena eficiencia de cosecha de forraje, con lo que las vacas no llegaban a caminar más allá de 1800/2000 metros desde las aguadas.

¿Qué otras cosas cambiaron en el plano productivo? Sólo por la distribución del agua también pudieron aumentar la carga y mejorar la eficiencia de cosecha.

"Con el manejo tradicional del total de la producción bruta de pasto lográbamos comer con la vaca entre un 25 y un 35%, pero con este sistema de distribución de agua podemos ir al 65/70%, en promedio, de eficiencia de cosecha", destacó Molina.

En materia de inversión, el cálculo del sistema de tuberías, con sus respectivas perforaciones, aguadas y acueductos, ronda los 40 dólares por hectárea. Esto para un bloque de 400 hectáreas.

Según Molina, si en vez de este sistema tuvieran que comprar más campos para tener la misma cantidad de vacas, al costo de la tierra de hoy tendrían que poner 250 dólares por hectárea. "Pero con 42 dólares tenemos el mismo resultado"; concluyó.

Fernando Bertello
Enviado especial