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06-10-2010
Mike Amingorena:
“Nunca me van a poner en un casillero”
Dice que es un gran niño por su impunidad y que se cansa de todo, hasta de el mismo. El arte de tomar distancia para relacionarse.

  • “Nunca me van a poner en un casillero”

Por María Laura Santillán, para Clarín Mujer.

Salimos a comer con Mike. Mike tiene hambre y pide una milanesa con papas fritas y vino tinto. Disfruta de la charla y de la comida. Mike mira a los ojos, se conecta. Está. No hace que está. Está.

Una persona que vio la obra conmigo dijo: “Mike es actor a pesar de él”. ¿Qué pensás de esa frase? Es un gran halago para mí. Pero, a la vez, no tiene mucho mérito.

¿Cómo vivís la actuación? (Piensa). Aunque pudiera llegar a deslumbrar, no soy consciente de eso. No sé cuándo lo hago. Uno no es consciente realmente de cuándo está cautivando. ¿Se entiende? Algo a pesar de uno es un don, es divino, pero no tiene el mérito del aprendizaje.

¿Y el mérito cuál es en tu caso? ¿El estudio? Sí, todo lo que me cuesta y me enferma, que es la disciplina. Es un trabajo estudiar, ensayar para algo que va a pasar a pesar mío. Lo único que voy a implementar es lo estudiado, la letra. Nada más.

¿“La noche de los bosques” es un texto denso. ¿Cómo se sale después de eso cada día? Cuando termino estoy pensando en comer, nada más (risas) Sí, es un texto denso como pocos Habla de la soledad, del desarraigo.

De toda la miseria del individuo. Sobre todo, la soledad.

¿No es extraño decir que uno se “compromete” cuando en realidad se compromete sólo por un rato? Seguro. Es un compromiso por horas. En todo lo que hago, absolutamente en todo lo que hago hay un compromiso por horas. Es jorobado, pero así es para mí.

¿Es jorobado para los demás? Es egoísta, claro.

¿Y cómo hacés? ¿Le avisás al interlocutor que se acabó su tiempo? Volvés todo el tiempo a vos. A estar, a reconstruirte para el otro, para lo que tenés que afrontar, para tu pareja, tus hijos, para tus amigos. A mí me cansa absolutamente todo: la televisión, el teatro, el cine, yo. Me digo a mi mismo “qué dolor de pelotas que sos”. Para descomprimir y volver a necesitar a mi mujer, a mis amigos, tengo que dejar de estar con ellos, pero es una convivencia jorobada.

¿Convivís con Carla? No, estamos juntos pero no convivimos, no tenemos casa en común. La convivencia invade, no da tiempo a que te encuentres con vos y quieras volver a elegir al otro.

¿Cómo harás con los hijos? No sé (risas). Se verá.

¿Tenés ganas de tener hijos? No se me viene a la cabeza. Pero se verá. Se verá qué pasa con todo. Conmigo con ella, con esto.

En la pareja, con tu “compromiso por horas”, ¿cómo se hace cuando querés estar solo? Hay un gran entendimiento. Si a vos te molesta, no vamos a andar. Me asusta el “¿qué pasa, no podés estar solita y querés que yo sea todo para vos?” ¡Ni en pedo! (Risas). Haceme sentir que soy todo para vos, pero no me lo digas. Eso me aleja. Siento que te tengo por sobre todas las cosas y no me gusta. Si está la posibilidad de que te pierdas, puedo ver mejor de qué manera te voy a elegir. Es lo que le pasa a todo el mundo. A todos.

¿No es un comportamiento histérico ese? No. Es un comportamiento de la especie. Yo te elijo porque hace dos días que no te veo, te elijo y te extraño y confirmo que no puedo estar sin vos. Si yo te tengo todo el tiempo, fuerzo a la cabeza para que piense de otra manera porque se cansa y se aburre. Es difícil, pero es un ejercicio.

Dijiste que hay que estar en momentos de mucha soledad.

Sí, la soledad a mí me hizo crecer, me formó. Pero no me quedaba otra. Me vine solo de Mendoza y no tenía otra que hacerme solo. Pero encontrás que en la soledad podés reflexionar, medir lo que sos, lo que tenés, qué querés, cuánto das, qué podés planificar, qué depende de vos y qué no.

¿Hubo un tiempo en que no hiciste lo que querías? Estuve diez o doce años haciendo -y siendo- lo que podía. Soy muy cómodo, así que estuve mucho tiempo sin hacer nada. No me importaba, comiendo arroz. Fui cadete, promotor, trabajaba en una taquilla de picadas de autos, AFJP, telemarketer. Soy cómodo, pero soy disciplinado. Trabajo, pero mañana no trabajo y no quiero que me hables, suena el teléfono y no te atiendo. No lo hago. Ya está, trabajé, me dedico un día a no hacer nada. Al otro día tengo que ir al gimnasio y voy. Voy tres veces al gimnasio, después no muevo el culo. No hago nada. Auto, taxi o camino poco. Estoy todo el tiempo lleno de disciplinas para pensar como pienso. Estoy todo el tiempo en movimiento, viendo qué es lo que me sirve y lo que no, qué hice, qué me falta hacer.

La soledad también te puede dejar solo totalmente. Hay un riesgo.

Sí, la comodidad, el desapego. El desapego siempre viene con la aceptación. Si vos no aceptás, no podés despegarte. Yo aceptaba que no tenía trabajo como artista y me desapegaba del éxito. Con los Pells, por ejemplo: no es eso el éxito. Y acepto cuando estoy sin trabajo, ya va a venir. Cuando lo tengo, me desapego, estoy atento a que no me va a durar toda la vida.

¿Con las relaciones hacés el mismo ejercicio? Es más difícil porque te ponés más grande. No es lo mismo que a los 24. Imaginate lo que era yo a los 24, era una daga. (Risas). No tenía sensibilidad. Se terminó y chau.

¿Y ahora a los 38 cómo es? Uno va negociando. Lo que negociás, en definitiva, es tu bienestar. Tu plenitud. Si vos estás más tiempo para el garrón que para el goce, con una pareja, un trabajo, te vas. Si no la estoy pasando bien ahora, hace 20 minutos me fui. Le escapo a lo que no me va, a lo que no me queda cómodo, lo que no me hace sentir bien. Yo puedo darte esta explicación porque no tengo hijos. El hijo es lo que te tumba por eso no pienso en ellos (risas).

Transmitís libertad y despreocupación para quienes no conocen tu disciplina y tu exigencia.

Sí, y así me desenvuelvo y me muestro. Desde chico hago lo que se me cantan las pelotas. Y no es que soy irreverente, indisciplinado, insolente. Ni en pedo, soy la cosa más clásica que vieron.

¿Qué es ser clásico? Soy re clásico. Soy súper formal, soy una persona a la que no le gusta el alboroto, le gusta la armonía, me gusta la vida en mi casa.

¿Y por qué usás pollera? Ahí está el problema. Porque el otro no sabe dónde meterme. Me pongo una pollera como voy un día a la montaña rusa. Al otro lo desconcierta. No soy una drag queen. No soy loco.

¿Además de ser la más linda de todas, qué es lo que te cautivó de Carla? (Piensa).

Estaba de novia.

Se separó y después estuvimos juntos (piensa). Observarla, no sé. No tengo idea, un año estuvimos grabando. Durante el trabajo yo me limitaba a observar nada más. Cada detalle, cada movimiento, a mí me decía algo. Me guío por la intuición. Fue su niña. Yo soy un gran niño.

¿Por juguetón? Por la impunidad. Libertad. El niño no puede comportarse como quiere. Impunidad mental.

Estás todo el tiempo tratando de salir del casillero, como con la pollera escocesa.

Nunca me van a poner en un casillero. Porque nunca supe hacer una sola cosa. Es a pesar mío que digo y hago las cosas. Tengo el privilegio de que diferentes cabezas piensen en mí para hacer cosas totalmente diferentes.

¿Te importa el qué dirán? Nada.

Tenés dos seminarios para dar y compartir tus saberes: “compromisos por horas” y “no me importa el que dirán”.

(Risas). Ni en pedo.

¿A quién le debés como sos? A mi mamá, mi papá. Los dos. Yo los veo ahora, que tienen 54 años de casados, y mi papá es totalmente la antítesis mía, pero somos lo mismo. Mi mamá es una lady. Inquebrantable, recta, derecha. Yo mamé eso y a la vez fui cultivando lo que soy realmente. A escondidas de ellos. Mi mamá me decía “usted, como la garza, que se mete al barro y no se ensucia el plumaje”. Anotala porque esa frase es la que me salvó toda la vida. Pensaba que me estaba metiendo en el barro, pero también salía limpio.

Pedimos mousse de maracuja y no paramos de conversar hasta las dos de la mañana. Qué tipo interesante, inabordable, imprevisible.


http://www.clarin.com/mujer/van-poner-casillero_0_304169583.html