Por Any Ventura, para La Nación.
Quizás es el efecto de la crisis, quizás tiene que ver con el tornado que no fue, a lo mejor es un efecto inesperado e insólito de la conmemoración de los diez años de las Torres Gemelas. O por nada de eso e ignoramos las causas. Pero lo que circula acá es diferente. Por las calles de Manhatan, esta ciudad donde habitan pocos norteamericanos de pura cepa y mucho mundo, la estética de las mujeres está muy cambiada.
Nueva York es un destino que frecuento habitualmente y es la segunda vez que asisto a la Semana de la Moda. Siempre parecía haber una cierta coherencia entre lo de arriba y lo de abajo de la pasarela. Pero esta vez los separa un abismo. Las chicas de a pie parecen haber tirado la chancleta, como decía mi abuela.
Aquellas que años anteriores vestían de negro absoluto, lucían flacas flaquísimas, portaban taco chato, hoy son otras. Por empezar están todas mejor alimentadas, por lo tanto lucen abundantes curvas, por suerte para cualquier concepto de salud mental y física. Luego usan las ropitas más apretadas, diría muy apretadas. Además, acortaron mucho, pero mucho, las faldas y se subieron a unas alturas de tacos increíbles. Y abandonaron el negro.
Pero acá no terminaron. Ahora le sumaron al look ese fenómeno tan argentino de resaltar la cola. Nos copiaron en casi todo estas muchachas tan liberadas. Parecen a punto de estallar. Al mejor estilo de nuestras mujeres del show, usan pelos rubios y largos, ropa re-apretada y stilettos. Una fiesta para el ojo masculino.