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"Una vida hermosa": la historia de la mujer australiana quien se convirtió en geisha
Cuatro geishas, envueltas en kimonos bajo oscuros abrigos de invierno, caminan en fila a través de un bosque cubierto de nieve. Sus parasoles rojos y naranjas son una explosión de color contra el invierno monocromático.
 
Esta podría ser una escena de una estampa de Hokusai, un artista japonés del siglo XIX, pero detrás de la evocadora imagen hay una historia moderna.

Fiona Graham es quien guía a las cuatro mujeres a través de las nieves de Niseko, el centro de esquí ubicado en la isla septentrional de Hokkaido. Ella es una ciudadana australiana que se mudó a Japón cuando tenía solo 15 años y en 2007 se convirtió en geisha.

Ahora que trabaja y vive como Sayuki, ofrece un vistazo a su enigmático mundo para quienes les intriga la tradición de las geishas, al ofrecer banquetes y darles a los visitantes una oportunidad de verlas practicar sus artes.

Su fascinación inicial por las geishas surgió de cuando trabajaba como cineasta en un documental sobre el tema.

Ella rehuyó de la indiferencia impuesta por el lente de la cámara y afirmó que solo al convertirse en geisha realmente podría conocer sus tradiciones y habilidades.

"No podía simplemente dar un paso al interior de ese mundo, tenía que adoptarlo totalmente, era la única manera", dice.

"El mundo de las geishas es estéticamente muy hermoso y tiene una forma de vida muy hermosa", dijo para explicar qué fue lo que la atrajo a una vida tan diferente.

"Pero, realmente, vivir una vida hermosa en cualquier país no es tan fácil", añadió, a modo de hacer referencia a los retos que encaró al convertirse en una de las pocas mujeres occidentales que vive como geisha en Japón.

Una práctica que no ha cambiado en 400 años

Para la mayoría de visitantes a Japón que se ven atraídos por el misterio de la industria de las geishas, los tours de Sayuki podrían ser lo más cercano a ver una auténtica experiencia de geishas.

Una velada de entretenimiento en un banquete consiste en una comida de varios platillos con interludios para bailes, cantos o música interpretada con instrumentos tradicionales como el shamisen, un laúd de 3 cuerdas, o el yokobue, una flauta tradicional japonesa.

Tradicionalmente, las geishas se especializan en una forma de arte y pasan su carrera mejorando en su oficio.

Aparte de unas pocas incorporaciones del siglo XXI como un acompañamiento en un iPod para el baile, Sayuki dice que la escena en una de las cenas que ofrece no ha cambiado mucho en 400 años.

"Si vienes a un banquete experimentas las partes más hermosas de la cultura japonesa, lo mejor de la cocina japonesa. Realmente no hay otra forma de experimentarlo todo en un solo espacio".

Mientras Niseko es algo un tanto fronterizo en el país para la cultura geisha, el resto del año Sayuki se establece en el distrito de Asakusa en Tokio y tambien viaja para ofrecer banquetes de geishas en el extranjero

Una tradición envuelta en misterio

Durante siglos, las geishas han trabajado como artistas y como compañeras bajo pago. La traducción más literal de geisha simplemente es "artista".

Distintos distritos en las ciudades japonesas tienen diferentes regímenes de capacitación para las geishas, pero normalmente, como en Kioto, deben tomar exámenes luego del primer año como aprendiz. Después, se necesitan cuatro años más de capacitación.

Muchas trabajan dentro de las casas de geishas —academias pera entrenamiento de geishas— que ayudan a manejar sus carreras, mientras también brindan un lazo único y una atmósfera de hermandad.

Debido a que cada kimono cuidadosamente elaborado cuesta miles de dólares (normalmente, cada geisha necesitaría un guardarropa de 36 para reflejar el cambio de las estaciones), estar afiliada a una casa de geishas ayuda a que las geishas aprendices (llamadas maiko en Kioto, hangyoku en Tokio) absorban los costos.

Después un año de de entrenamiento en una casa de geishas del distrito Asakusa de Tokio, Sayuki ahora trabaja de manera independiente.

Ella dice que le fue negada la oportunidad de asumir la posición de "madre geisha" y guiar a geishas jóvenes afiliadas a la casa de geishas donde recibió su capacitación porque no es japonesa.

Al igual que Kioto, el distrito de Asakuya tiene una larga tradición de geishas, y les permite a los visitantes de hoy apreciar geishas fácilmente (particularmente en la antigua área de Gion en Kioto) mientras caminan por las calles de camino a funciones en casas de té y restaurantes locales.

Comercialización: en contra de la naturaleza de las geishas

Esto se ha convertido en algo así como un pasatiempo turístico en Kioto. Ahora hay caminatas guiadas, algo que muchos en la comunidad han criticado por ser demasiado impertinente.

Para algunos, la comercialización de la cultura geisha va contra su naturaleza en sí.

"La exclusividad es parte del trato con las geishas", dice la escritora Lesley Downer, quien durante seis meses vivió en el distrito geisha de Kioto mientras investigaba su libro "Geisha: The Remarkable Truth Behind the Fiction".

"La gente quiere comercializarla, pero como turista no verás la experiencia original; tendrás una experiencia, pero no será la misma".

"Creo que quienes trabajan en la industria de las geishas son muy buenos en esconder el mundo de los extranjeros".

Para Downer, la geisha sigue siendo la personificación del refinamiento y la gracia y todavía son las guardianas de las formas de arte japonesas tradicionales.

Y lejos de ser cortesanas pintadas, su papel como artistas y compañeras profesionales hace de ellas algo formidable, cree Downer.

"Son mujeres realmente impresionantes. Me sentí muy orgullosa al caminar por la calle con ellas".
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