miércoles 12 de julio de 2017 - 10:41                13021
12.07.2017 - 10:41                13021
Le iban a extirpar el testículo derecho, pero al despertar vio una sorpresa
En 2013, Steven Hanes visitó a un urólogo aquejado por un persistente dolor en su testículo derecho.
Le iban a extirpar el testículo derecho, pero al despertar vio una sorpresa
 

Después de realizarse unas pruebas, los médicos señalaron que su testículo estaba atrofiado, de acuerdo con los documentos judiciales presentados. Así que su doctor le programó una orquiectomía, o extirpación quirúrgica del testículo, con tal de aliviar el dolor de Hanes.

¿La buena noticia? Que la orquiectomía fue todo un éxito.

¿La mala noticia? Que el cirujano eliminó el testículo equivocado durante la cirugía.

"Parece que el testículo izquierdo fue extirpado en vez de hacerlo con el correcto", escribió el cirujano Spencer Long en un informe postoperatorio que también recogieron los registros en la corte.

Este grave error llevó a Hanes a presentar una demanda, en 2014, contra Long y el Hospital J.C. Blair Memorial de Pensilvania por negligencia médica.

Cuatro años después, un jurado de Pensilvania dio su veredicto y otorgó a Hanes USD 870.000 de indemnización y USD 250.000 en daños punitivos, según dio a conocer el abogado de Steven Hanes, Braden Lepisto.

"Entiendo que este caso se volviera viral por la parte del cuerpo que está involucrada, pero lo cierto es que esta condición ha afectado a mi cliente de manera significativa", comentó Lepisto a The Washington Post. "Aunque algunos pueden verlo como algo cómico, la indemnización fue totalmente justificada de acuerdo con las evidencias presentadas y el costo que ha tenido que pagar Steve", añadió al respecto.

Hasta el día de hoy se desconoce cómo se pudo cometer ese error en la sala de operaciones.

"El doctor dio una explicación sin ningún sentido anatómico ni médico" subraya Lepisto. "Afirmó que había quitado el testículo que estaba en el lado derecho del escroto y que el testículo tenía un cordón espermático que conducía al lado izquierdo del cuerpo", apunta.

"En definitiva, que el médico afirmó en algún momento que los testículos habían cambiado de lado en algún momento", apostilla sobre esa cuestión.
El jurado, formado por once mujeres y un hombre, estuvo deliberando durante una hora y veinte minutos antes de dar su veredicto final.

Ningún portavoz del Hospital J.C. Blair Memorial ha hablado del caso y solo se han limitado a decir que el cirujano ya no estaba trabajando en el centro hospitalario.

Los casos en los que los doctores operan la parte incorrecta del cuerpo se dan en contadas ocasiones. Un estudio realizado en 2006, impulsado por la Agencia de Investigación y Calidad de la Salud de los Estados Unidos, analizó casi tres millones de operaciones realizadas a lo largo de dos décadas. Solo se encontró un caso cada 112.994 intervenciones en las que se había realizado una cirugía en el lugar incorrecto.

Pese a todo, sigue sucediendo. Un resumen de ese estudio destacó algunos casos, como el de los doctores de Minneapolis que se equivocaron de riñón y de un oftalmólogo de Portland (Oregon) que operó el ojo incorrecto de un niño de cuatro años.

"Pocos errores médicos son tan aterradores como aquellos que involucran a pacientes que han sido sometidos a una cirugía en la parte del cuerpo equivocada, con un procedimiento incorrecto o que, incluso, realizaron una cirugía destinada a otro paciente", comentan fuentes del Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos.

En el sector médico, este tipo de errores son conocidos como WSPE (siglas en inglés que significan "errores en el lugar, en el procedimiento y en el paciente"), y el propio Departamento Federal de Salud los considera "actos que jamás deberían ocurrir", lo que "indican serios problemas de seguridad".

El Centro Mixto de la Comisión para la Transformación de la Salud, una organización sin ánimo de lucro, publicó en 2011 un informe en el que se recomendaban una serie de procedimientos para prevenir errores en la sala de operaciones. Por ejemplo, marcar los lugares donde se iba a hacer la incisión con alguna indicación coherente (como las iniciales del cirujano) con el objeto de reducir el riesgo antes de la intervención.

En el caso de Hanes, el abogado aseguró que el cirujano podría haber tomado medidas para confirmar que estaba operando el testículo correcto.

"Si hubiese rastreado el cordón espermático se hubiese dado cuenta de qué lado estaba. Es prácticamente imposible que los testículos se muevan de un lado para otro", asevera Lepisto.

El letrado manifestó que su cliente continúa sufriendo dolor en su testículo derecho, aquel que debió ser operado por aquel entonces. Sin embargo ha preferido no someterse a una nueva intervención quirúrgica. Además, si se le extirpa el testículo restante, Hanes debería someterse a una terapia especial de reemplazo de testosterona para toda la vida.

"Le da mucho miedo someterse a algún tipo de tratamiento después de todo lo que pasó", comenta Lepisto.
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