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    01.09.2018 -    
Dos youtubers lucharon en el ring y desataron un escándalo
YouTube tenía los derechos y cobraba 10 dólares para ver el combate, pero la transmisión fue pirateada y tuvo más reproducciones.

Dos youtubers lucharon en el ring y desataron un escándalo

Fue el evento del año en YouTube. Dos de sus grandes estrellas, con decenas de millones de suscriptores a sus espaldas, se habían retado a un combate de boxeo y la comunidad estaba esperándolo desde hace meses. Por supuesto, tanto Logan Paul como KSI, todo su entorno y los creadores de contenido de YouTube se habían sumado al carro del llamado hype: todos querían parte de la atención que se estaba generando alrededor de la gran pelea.


Finalmente, este fin de semana pasado el combate se retransmitió en vivo por YouTube, en modo pay-per-view. Los usuarios que pagaban 10 dólares tenían acceso al contenido exclusivo cuyo interés se había hecho alimentar exageradamente en las últimas semanas con el objetivo de conseguir cifras récord en la plataforma. Se consiguieron, pero como todo evento multitudinario de pago, la opción pirata también tuvo su protagonismo, incluso llegando a superar la emisión original.


La emisión alternativa e ilegal congregó a la audiencia principalmente en torno a la plataforma de vídeos rival, Twitch. La mayoría de estas retransmisiones sin permiso reunió a más de 400.000 personas, mientras que docenas de otros canales hacían lo propio, con una media de 15.000 reproducciones cada una. La cifra total se calcula entorno del millón de visualizaciones: Twitch también ganó.


Otros usuarios de servicios más minoritarios como Periscope, la plataforma de vídeo en directo propiedad de Twitter, hacían lo propio. Con alguna de sus reproducciones alcanzaron los 70.000 usuarios simultáneos, según los datos registrados por The Verge. Ya fuera grabando directamente, in situ, en el Manchester Arena, en Inglaterra; o tomando la señal en directo de Youtube para reempaquetarla usando diferentes técnicas (de más a menos simples): quién quiso pudo ver de manera gratuita el evento en directo.



Los precios a pie de ring podían llegar hasta los 200 dólares, mientras que en YouTube, la plataforma que vio crecer a los protagonistas y albergó el evento sin ofrecer ningún tipo de publicidad oficial, cobraba la entrada a 8 euros por conexión. 773.000 personas llegaron a pagar la cantidad, todos menos aquellos que contaran con suscripción a Youtube Premium o similar. Uno de los mayores eventos de la historia del canal se quedó con muy buenas cifras, pero significativamente afectadas por el pirateo.


Por su lado, los responsables de Twitch declararon a The Verge que sus normas indican claramente que está prohibido retransmitir contenido del cual no se disponga derechos. Una vez el evento ha pasado, pero, poca cosa se puede hacer más allá de cerrar las cuentas que sean cazadas in fraganti. El daño está hecho. El porcentaje de los beneficios que se queda YouTube no será menospreciable y, aunque tampoco promovieron el show, no tendrán mucho problema en recibir su parte de ganancias.


Un espectáculo indicativo de la talla cualitativa del show business actual, con cifras que harían babear cualquier programador televisivo de la vieja escuela, youtubers que han sudado y sangrado para mantenerse en la élite, y la promesa de una próxima repetición del espectáculo que, al fin y al cabo, acabó convenientemente en empate. Se requiere otro negocio redondo para dirimir un ganador final.

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