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    09.11.2018 -    
Las anécdotas más curiosas detrás de la historia de la moda
En Qué tenían puesto. La moda en la historia argentina (Sudamericana), Daniel Balmaceda rescata intimidades detrás de la incorporación de cada prenda. Relatos que van de Eva Perón a Lola Mora.

Las anécdotas más curiosas detrás de la historia de la moda

A lo largo de la historia, la moda enfrentó a las mujeres a todo tipo de críticas y prejuicios cada vez que una prenda osaba desafiar a la sociedad y a la cultura del momento. Lo que hoy parece tan cotidiano fue años atrás motivo de revuelo. Acortar el largo de las faldas, usar bikinis (que nada tienen que ver con las que actualmente conocemos sino que eran generosas en metros de tela) e incluso rendirse ante la comodidad de un pantalón fueron desafíos para mujeres valientes que marcaron un camino.


Así lo describe Daniel Balmaceda en Qué tenían puesto. La moda en la historia argentina (Sudamericana). El historiador relata con lujo de detalles anécdotas y situaciones desconocidas con protagonistas célebres que van de Eva Perón a Lola Mora.


"Qué tenían puesto. La moda en la historia argentina" (Sudamericana), de Daniel Balmaceda


La sensual bikini: a mediados de los años 20 las playas locales comienzan a exhibir sus primeros trajes de baños de dos piezas. El autor remarca que estos nada tienen que ver con lo que hoy conocemos, sino que ese corpiño representaría actualmente un top de gran tamaño. La bombacha, por su parte, iba desde la cintura hasta la mitad del muslo. Sin embargo, la flamante prenda ruborizó a más de uno, tanto que las familias que pasaban delante de una mujer con bikini tapaban los ojos de sus hijos pequeños. En 1960 las dos piezas tomaron la forma que perdura hasta hoy y fue en esa década cuando su uso se tornó masivo entre las mujeres.


Minifalda (no tan mini): cuando en 1925 llegó importada de Europa la moda de las polleras más cortas (apenas por arriba de las rodillas), la mayoría de la platea femenina no vio con buenos ojos que algunas desprejuiciadas mostrasen la parte que en aquellos tiempos se consideraba la más fea del cuerpo. El revuelo fue tal -sobre todo a la hora de sentarse- que para contrarrestar el escándalo se creó un accesorio especialmente pensado para la ocasión: el modestor. Éste era una especie de manta de muselina que se colocaba en la falda y tapaba las rodillas, que según el autor “parecía ser la bisagra entre lo permitido y lo prohibido”. Las verdaderas minifaldas no aparecieron sino hasta 1967 y su largo (o corto) hoy no escandalizaría a nadie.


Lola Mora, la de los pantalones bien puestos: quien fuera quizás la escultora más importante del país se adelantó a su tiempo a la hora de vestirse. Sin intención de ser una gurú de la moda, se calzó los pantalones con el fin de estar más cómoda a la hora de desplegar su arte. Sin embargo, ese supuesto desenfado le costó la mirada desconfiada de sus congéneres, que alrededor del año 1902 aún lucían los clásicos vestidos de la época. Según Balmaceda, la escultora “era el ejemplo de todo lo que no debía hacerse”. Cuando en 1936 la artista falleció, los pantalones comenzaban a tener un mínimo espacio entre las argentinas.


Maniquíes vivientes: aunque suene rara, esa fue la primera denominación que tuvieron las modelos. Señaladas por ganar dinero a través de sus cuerpos exhibiendo ropa, debutaron en Argentina en 1916. La célebre Gath & Chaves era una de las casas que contaba con ese servicio para sus clientas. Muchos años después, en la década del sesenta, llegaron incluso a agremiarse. Fueron parte de esa comisión directiva personalidades como Chunchuna Villafañe y Karin Pistarini, entre otras.


Eva Perón y un collar muy especial: el diseñador Paco Jamandreu, quien vistió a Evita durante muchos años, contó una cómica anécdota alrededor de quien fuera llamada “la abanderada de los humildes”. En 1946 España homenajeaba a Argentina con motivo de un nuevo aniversario de su independencia y condecoraba al entonces presidente Juan Domingo Perón. Evita encargó el vestido a Paco, un modelo de jersey muy sobrio, verde, marrón y beige. Pero le aclaró que no quería usar joya alguna. Jamandreu decidió entonces que lo indicado era algún collar de fantasía. En Callao y Santa Fe el modisto dio con el indicado: un negocio bautizado “Sensación” exhibía uno con los colores del vestido. Tanto Evita como Paco quedaron más que conformes con el look. Durante la ceremonia, los nervios hicieron que Eva mordiera una de las cuentas. Las carcajadas de Perón le advirtieron que algo pasaba: tenía la lengua verde; el collar era de fideos pintados.


Eva Duarte antes de ser Evita.

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