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 Domingo 18 de noviembre de 2018                546
    18.11.2018 -    
“¿Por qué a mí?”: Siete claves para desdramatizar
Para aquellos que poseen una mentalidad fatalista, los más mínimos detalles se convierten en un completo desastre. Ocho características para saber si sos uno de ellos y cómo cambiar.

“¿Por qué a mí?”: Siete claves para desdramatizar

Hay personas que viven intensamente cada cosa que les pasa, cada acontecimiento que rompe su rutina, convirtiéndolo así en algo intolerable. Así como también existen quienes mantienen un cierto regodeo en el malestar y eligen aunque sea inconscientemente permanecer en la queja y en la intensidad de lo dramático. Para aquellos que poseen una mentalidad fatalista, los más mínimos detalles se convierten en un completo desastre y piensan que todo se está desmoronando aunque en realidad no sea así. Nuestra mente es capaz de dramatizar y de sumirnos en un estado de rumiación psicológica de nunca acabar. ¿Es posible cambiar la forma de ver las cosas?


Cuando nos enfrentamos a situaciones pequeñas o grandes y lo único que somos capaces de creer es que es el fin del mundo, eso nos convierte en víctimas de cada circunstancia que se nos presenta.


Tener un problema no es un problema es sí mismo, sino en la manera en que nos paramos ante él. Si bien no podemos elegir aquello que nos sucede, sí podemos elegir qué hacer con eso que nos pasa y decidir de qué manera atravesarlo. Somos responsables de lo que elegimos y de cómo transitarlo, eso es lo que nos aleja de la postura de la victimización.


¿Por qué a mí?

Hay personas a las que todo las complica y, sobre todo, se sienten el centro de la situación. No pueden, no saben estar bien. Pero sobre todo, la persona que tiende a vivir todo de manera dramática necesita imperiosamente un público que la escuche y vea como sufre.


Es importante aceptar y asumir lo que no podemos cambiar, aquello que probablemente no depende exclusivamente de nosotros, pero sí centrarnos en qué decisiones podemos y deseamos llevar a cabo ante el obstáculo que se nos presenta. Es tiempo de dejar de lado la victimización y tomar el toro por las astas, tomar las riendas y registrar el poder que tenemos para modificar aquello que deseamos. Dramatizar conlleva una actitud pesimista que conduce a una profunda angustia e inconscientemente a hacer todo lo posible para que se haga realidad nuestro pensamiento: “Todo va mal”.


Nuestros actos reflejan nuestros pensamientos y si estos son puramente dramáticos estamos implorando aquello que decimos repudiar. Nos damos por vencidos antes de poner nuestras energías en lo que realmente deseamos.


Sobredimensionar un problema

"Todos tienen problemas, pero el mío es un problemón."


Sobredimensionar implica tomar el problema con una intensidad desproporcionada. Si bien la intensidad con la que se vive un conflicto es completamente subjetiva y puede por lo tanto relativizarse, es importante evaluar y analizar todo lo que se pone en juego cuando aparece un conflicto, causas y consecuencias, así como las posibles soluciones.


Cuando se sobredimensiona un problema se pierde el foco de lo que está sucediendo y, además de vivir la situación de una manera completamente negativa y padeciente, se corre el eje de lo que se necesita resolver y de cómo hacerlo. Perdemos de vista lo que hay, lo que tenemos, con qué y con quiénes contamos; pudiendo convertirse así en un hábito negativo, donde paulatinamente dramatizamos hasta lo más pequeño que nos pasa y la queja se hace rutina.


Las personas que tienen a vivir los problemas de manera dramática suelen presentar estas características:


- Piensan que todo está siempre mal

- Que a ellos siempre les pasa lo peor

- Se desilusionan porque las cosas no son como creen que deberían ser

- No asumen su responsabilidad en los problemas

- Son extremistas, creen que todo está muy mal y no ven matices.

- Cuando las cosas van bien, se sabotean para que algo vaya mal

- Siempre se sienten víctimas

- Exageran los problemas




¿De qué manera desdramatizar?

Como quitarle intensidad a los problemas y poder abordarlos desde una postura óptima y saludable:

✔️Tomar la distancia necesaria para observar lo que sucede desde una óptica diferente.

✔️Posicionarse como espectador de lo que a uno le sucede facilita adquirir una mirada diferente. Y esto habilita la creación de soluciones hasta ese momento impensadas.

✔️Compartir lo que a uno le pasa con otros sirve para enriquecer y nutrir la mirada, lo que permite tener otra perspectiva de la situación.

✔️Alejarse de quienes solo alimentan la queja y el malestar y de quienes se regodean en él.

✔️Distanciarse de la rumiación mental, del pensamiento obsesivo y enquistante que paraliza e impide accionar.

✔️Focalizarse en lo que sucede y evaluar absolutamente todas las opciones viables y al alcance para encarar la situación y arribar a una solución satisfactoria.

✔️Dejar de quejarse por cualquier cosa permite priorizar y hacerse problema por lo que realmente vale la pena. -Detectar la posición infantil: dramatizar es un acto infantil, un modo parecido al de un niño que necesita ser centro. -Buscar ayuda de un profesional.


Para algunos aprender a reír es un buen ejercicio, ya que a veces por dolores que marcaron su existencia, por vivencias infantiles, o por personalidad melancólica, viven creando problemas que no existen, como modo de vida. Recuperar la capacidad de mirar la vida con un poco de humor, saber discernir entre lo que es vivido como algo dramático de lo que verdaderamente requiere ocupación y soluciones.


Nada mejor que reírse de uno mismo y tomarse la vida “menos en serio”. Relativizar es la clave.


*María Noel Lucano es Lic. en Psicología (UBA-MN 34260).

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