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 Domingo 25 de noviembre de 2018                258
    25.11.2018 -    
Qué es la desesperanza creativa, clave en las nuevas terapias psicológicas
El terapeuta explora el problema que lleva la persona, quien se siente avalada en su dolor. En lugar de combatirlo, el objetivo es aprender a convivir con las dificultades.

Qué es la desesperanza creativa, clave en las nuevas terapias psicológicas

Cuando Madelaine muere, Scottie navega extraviado por las aguas del desamor y la desesperanza. Ella se ha arrojado desde un alto campanario intencionalmente y su suicidio no puede más que dejar en un frustrante estado de deseo inconcluso al galán hollywoodense. En adelante, Scottie (James Steward) buscará en cada mujer que conozca a Madelaine (Kim Novak) pero, aún encontrándola (y sin saberlo), no la reconocerá totalmente, puesto que el deseo es esa proyección de lo inalcanzable que nunca nos satisface. Nunca. Eso nos transmite Alfred Hitchcock en su famosa película de los '50 “Vértigo”.


La vida es una ilusión, diría el Budismo. En realidad, percibimos lo que deseamos percibir a través de nuestras lentes construidas en nuestros aprendizajes tempranos y experiencias impactantes. Lo que nos iguala en todos los casos es esa búsqueda obsesiva de no sentir dolor, de no sufrir, de procurarnos, como Scottie, un objeto (o persona), una situación o lo que sea que nos dé felicidad total. El sufrimiento no debería ser parte de nuestra existencia. Y allí comienzan todos nuestros problemas: es una asunción fundante, básica, la que nos guía, a través de espejismos vitales, a alcanzar lo imposible: la completud y perfección total.


Hacia esta matriz fundacional de nuestra psiquis apuntan directamente las nuevas terapias cognitivas basadas en aceptación y mindfulness. Si no asumimos nuestra incompletud y vulnerabilidad como seres humanos, estaremos complicados, y mucho.


Desesperanza, pero creativa

Entonces el planteo en estas terapias va a ser fuerte de movida. Una vez que el terapeuta explora el problema que trae el paciente y realiza junto a éste un cuidadoso (pero afectuoso también) registro de los esfuerzos por evitar el dolor a través de decenas de conductas inconscientes, automáticas, va a plantearle lo siguiente: tu vida no puede escapar del dolor. Tu vida no puede ser perfecta. Tus esfuerzos te consumirán energía constantemente y te encontrarás cada vez más encerrado, solo y desesperanzado. Tu acción es como la de quien cava un pozo buscando salida por allí: sólo te hundirás más.


Y no es delirante esto. Pensemos que muchas de las conductas que nos producen sufrimiento sólo empeoran cuando deseamos erradicarlas. Activan lo que llamamos “procesos irónicos”, como en el caso del sueño: mientras más lucho por dormir, menos lo hago. También el dolor: mientras más busco eliminar un dolor físico, más se exacerba (parece funcionar mucho mejor, en tal sentido, la distracción). Muchos síntomas sólo se agarran más a nosotros, nos aprietan con fuerza para no soltarse cuando los queremos desterrar sin más.


No hay otro camino entonces que romper la burbuja de la felicidad completa. Ilusión, diría el Buda. “Estais llenos de ilusiones, y la vida no puede controlarse, por más esfuerzo que hagáis”.


“La cultura popular sostiene la idea de que las emociones y cogniciones positivas -dice Carmen Luciano, española experta en ACT (terapia de aceptación y compromiso en inglés)- dan lugar a buenas conductas, mientras que, en cambio, las emociones y cogniciones negativas dan lugar a malas conductas. Empleamos un enorme esfuerzo en nuestras escuelas y puestos de trabajo en enseñar a sentirse más seguro, a tener una mayor autoestima, a estar más alegre y optimista. Por el contrario, las emociones y pensamientos negativos son castigados con energía, a menos que sean sumamente efímeros”.


Manuela O´Connell, psicóloga especialista también en ACT y autora del recientemente publicado “Una vida valiosa”, lo dice de esta forma: “Desde pequeños, y gracias a que otros se interesan por ello, nos enseñan a registrar y conocer lo que nos pasa en nuestro fuero interno y también nos incentivan a controlarlo. Seguramente escucharon o, como yo, les dijeron a sus hijos: no llores, ya pasó, no tengas miedo, no hay nada de qué preocuparse, sequemos esas lagrimitas, y otras tantas cosas acerca de lo que 'debería' pasarles y cómo es mejor comportarse”. Y continúa: “Con este tipo de reglas, que sin conciencia inculcamos una y otra vez, transmitimos que tenemos que controlar nuestros pensamientos, emociones y sensaciones”. El problema es que rara vez somos totalmente efectivos en este proceso. “Puertas adentro”, en lo que llamamos nuestras vivencias internas, la pasamos muy mal intentando controlar y alinear nuestras experiencias.


No queda otra que detener la lucha y aceptar. Es una desesperanza, pero creativa. Veamos por qué creativa.


Tres aspectos centrales de la desesperanza creativa

El planteo de dejar de evitar, de no continuar divagando en fantasías de control absoluto, se realiza en algún momento en sesión. Carmen Luciano reflexiona sobre el impacto que produce en los pacientes : “Aunque pueda parecer sorprendente, nunca hemos tenido un paciente que se haya levantado y haya dejado la sesión cuando hemos puesto sobre la mesa la desesperanza creativa”. Es que la persona siente que es avalado en su “mal sentir”, en su dolor, y que existe otro camino al de seguir blandiéndose en lucha con lo que considera sus defectos o debilidades.


En ACT suele utilizarse la metáfora del asno para explicar esto. Describe la situación de un viejo animal que cae en un pozo, y recibe pasivamente las paladas de los hombres que quieren taparlo, hasta que comprende que, sacudiéndose la tierra en cada oportunidad, puede pararse más alto y elevarse hasta, finalmente, salir del pozo cuando este es tapado. Convivir con nuestras dificultades puede ayudarnos a elevarnos sobre ellas. Y eso es lo que proponen estas terapias: hay una vida rica, provechosa, valiosa, más allá de tus síntomas. No sos tus síntomas.


Tres aspectos deben considerarse para implementarla, según Luciano:

✔️Valores: podemos comenzar a explorarlos en la medida que observamos cómo fueron postergados en pos de eliminar emociones y pensamientos dolorosos. Es un hermoso camino que se nos presenta.

✔️Exposición: es necesario que el paciente se anime a conectar con los sentimientos de dolor, confusión, vergüenza, etc. A esto le llamamos exposición. Sintiéndolos en el cuerpo y pudiendo registrarlos en la mente aprenderá a no sentir miedo y querer evitarlos.

✔️Desactivación de funciones y distanciamiento: las cogniciones que habíamos armado se desactivan. No podemos seguir pensando como antes y continuar usándolas y esto nos abre nuevas perspectivas al cambio.


Quizás la frase que resuma nuestra reflexión sea la de Rumi, citado en el libro de Manuela: “No muevas tu cabeza. Continúa mirando al lugar lastimado. Es ahí donde la luz entra”.


*Martín Reynoso es psicólogo, coordinador de Mindfulness en INECO y autor de "Mindfulness, la meditación científica".

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