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    01.12.2018 -    
Cómo trabajar el ego para dejar de estar en “guerra” con los demás
En una sociedad en la que se interpretan como ataques las manifestaciones de quienes viven y piensan diferente, bajar la guardia es clave. Pautas para lograrlo.

Cómo trabajar el ego para dejar de estar en “guerra” con los demás

Mucho se escucha sobre el egoísmo o sobre que hay que eliminar al ego. El ego es una construcción que tiene mala prensa. Es difícil hoy en día expresar lo que sentimos y escuchar con tolerancia a los demás. Es que estamos en una lucha constante contra todo lo que no es igual a nosotros.


Formamos parte de un sistema sociocultural en el que tendemos a interpretar como un "ataque" las manifestaciones distintas a las nuestras. Así, nuestro ego se siente amenazado y actúa en consecuencia: el sistema de supervivencia se pone en marcha y tiene sólo tres opciones: luchar, huir o paralizarse.


Todo este proceso genera sustancias químicas en el cuerpo que corren por nuestro torrente sanguíneo. Uno de los componentes que se vincula a este engranaje tiene que ver con el cortisol, hormona encargada de regular el estrés. Así es que el cortisol se dispara y al hacerlo tan a menudo sus valores se mantienen en un estado elevado.


Poco a poco vamos habituándonos a ese “nuevo valor” del cortisol, es decir nos habituamos al estrés. Estar estresados comienza a ser una zona conocida, convirtiéndose en una zona de confort.


Siempre listos para el ataque y la defensa, puede suceder que apenas un ruido nos ponga los pelos de punta, como si un león nos persiguiera. Desatamos una reacción desmedida. Usamos la misma reacción automática tanto si nos está por morder un perro como si suena el teléfono.


Qué es el ego

Todos usamos diversas “máscaras”. Ellas nos sirven para socializar, para salir al mundo y ocupar diversos roles. Máscaras que conforman nuestro ego o “personalidad construida”. Un ego que es completamente necesario. Lo que no es necesario, e incluso nos juega en contra, es la identificación que establecemos con él.


A medida que vamos creciendo, construimos esa "personalidad" en base a lo que creemos de nosotros mismos y del mundo. En base a nuestras propias experiencias y también las de personas cercanas. Vamos creciendo y llevamos cada vez más atención a la construcción del "yo social" con la consecuente "desconexión" con nuestro yo esencial. Es como si un actor se identificara con el personaje que desempeña en una película. Cree ser algo que no es. Olvidó que es el actor, no el personaje.


Lo que sostiene al ego es el pensamiento y se mueve por la vida guiado fundamentalmente por el miedo. Al estar tan identificados, nos protegemos y estamos en estado de alerta permanente. Un alerta que va de la mano del cortisol. Para nuestra mente muchas cosas son amenazantes, cosas que solamente surgen de la ilusión. A través del regodeo y de pensamientos compulsivos, creamos catástrofes, nos preocupamos, juzgamos, atacamos y nos defendemos, la gran mayoría de las veces, sin causas reales.


Puede generar un cambio significativo el hecho de saber que la forma en la que hemos estado interpretando la vida no es la única. Ser conscientes nos abre puertas a otras perspectivas.


Es doloroso seguir perpetuando una sociedad de guerra. Es muy doloroso no darnos cuenta de que necesitamos diversidad, somos diversidad encarnada.


Lo opuesto nos complementa. En el intento fallido de suprimirlo, nos estamos suprimiendo nosotros mismos. Esto sucede incluso en las familias, entre amigos, parejas, padres e hijos, conocidos, desconocidos, entre equipos de fútbol, política, etc. No nos dimos cuenta aún, de que Boca no sería Boca sin River y viceversa. Los opuestos no son contrarios sino complementarios. 


¿Cómo podemos bajar la guardia?

Incorporar el sentido del humor. El humor no es lo mismo que lo sarcástico ni la ironía. El humor es reírnos de nuestras reacciones, muchas veces absurdas. ¿Acaso no es absurdo defendernos de algo que no nos esta atacando?


El humor es también quitarle el peso que le ponemos a las actitudes de los demás. Puede ayudar preguntarnos si aquello que nos preocupa es realmente tan grave.


Observar implica disminuir la velocidad para responder. Una nueva respuesta, desde un estado consciente es la que nos dará la chance de vivir una vida diferente. Si seguimos siempre reaccionando de la misma forma, seguiremos siempre obteniendo los mismos resultados.


La propuesta es bajar la guardia. Recuperar el equilibrio del cuerpo. Dejar que el estrés se active cuando sea necesario. Hacernos dueños de nuestro ego, sabiendo que está, pero no somos él. Reeducándolo, para que en lugar de limitarnos nos potencie.


El libro "Un curso de milagros" dice: "El milagro sucede cuando somos capaces de modificar la percepción". Es decir que somos obradores de milagros cuando somos capaces de percibir lo mismo, de un modo diferente.


Son muchas las veces que no podemos elegir lo que nos toca vivir, lo único que podemos elegir es la manera en cómo actuamos frente a ello. Los responsables somos todos y cada uno de nosotros. Recuperemos nuestro poder personal para generar cambios en nuestra realidad.


*Anna Fedullo es instructora de Mindfulness y Meditación. Terapeuta transpersonal. Forma parte del equipo Comer Despierto.

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