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    17.12.2018 -    
Qué es el síndrome del impostor y cómo saber si lo padecemos
Las personas que lo sufren son más inteligentes que la media pero también temen más al fracaso.

Qué es el síndrome del impostor y cómo saber si lo padecemos

Ana, directora comercial de una empresa servicios editoriales de Barcelona, estaba muy contenta con su nuevo ascenso. Por fin había alcanzado el puesto que ansiaba dirigiendo un departamento de cuatro personas: todo un sueño hecho realidad. Solo que muy pronto el sueño empezó a convertirse en pesadilla.


La mayoría de los miembros de la plantilla eran mayores que ella y llevaban muchos años en la empresa. Ana, que trabajaba allí desde hacía relativamente poco y había estudiado la carrera ‒con unas notas excelentes‒ a distancia, empezó a sentirse insegura, y cada vez que tenía que afrontar una reunión de planificación con su recién estrenado equipo se ponía muy nerviosa: "Que me ascendieran debe de haber sido un error. Pronto descubrirán que el puesto me viene grande", se decía. Su miedo empezó a hacerse más y más presente durante la jornada, hasta el punto de afectarle incluso al sueño. Sentía verdadero pavor antes de las reuniones de equipo y se notaba ansiosa y agotada durante la mayor parte del día.


Las primeras investigaciones que se hicieron alrededor de este fenómeno señalaban que este afectaba sobre todo a mujeres que brillaban por su inteligencia


Muchas personas han tenido en algún momento de su vida una sensación como la de Ana, la de haber recibido algo que no merecían y por lo que en algún momento iban a ser descubiertas y puestas en evidencia. Los psicólogos lo llaman el síndrome del impostor, un término acuñado en 1978 por las psicólogas clínicas Pauline Clance y Suzanne Imes, aunque Clance ha señalado más recientemente que prefiere llamarlo la experiencia del impostor, ya que en realidad no se trata de ninguna enfermedad.


Síndrome o experiencia, sentirse un impostor es una emoción incapacitante, puesto que puede afectar a la libre expresión de la creatividad y suponer un obstáculo para el desarrollo profesional, además de provocar diversos síntomas desagradables como la ansiedad o el insomnio.


Natalie Portman, actriz de renombre y licenciada en Harvard, afirmó en un discurso que ofreció en su alma mater en 2015: "Hoy me siento como cuando entré en Harvard Yard en 1999. En aquellos días me sentía como si hubieran cometido un error, como si yo no fuera lo bastante inteligente para estar en esta compañía de teatro y cada vez que abriera la boca tuviera que demostrar que no era una actriz pésima". Neil Gaiman, exitoso novelista y guionista, o Maya Angelou son otras personalidades que han hablado públicamente de su lucha contra el síndrome del impostor.


Pero, ¿qué puede llevar a personas manifiestamente brillantes a sufrir por sus sospechas secretas de no dar la talla?

Las primeras investigaciones que se hicieron alrededor de este fenómeno señalaban que este afectaba sobre todo a mujeres que brillaban por su inteligencia. Pero ya desde hace unos años se ha demostrado que no es una situación exclusivamente femenina, sino que la vive un porcentaje muy similar de hombres. Por ejemplo, se estima que un 60% de los estudiantes de la escuela de negocios de Harvard, que son mayoritariamente hombres, padece o padecerá el síndrome del impostor en algún momento de su carrera.


Las causas son diversas y los psicólogos incluyen entre ellas ciertas experiencias de la infancia y dinámicas familiares, las expectativas sociales, los prejuicios, la personalidad y las vivencias en el centro de estudios o el lugar de trabajo. Los factores que más predisponen a padecerlo son la ansiedad por perfeccionismo y por alto rendimiento, la baja autoestima, la introversión, cierta inestabilidad emocional y, paradójicamente, el miedo al fracaso, según se puede leer en un estudio norteamericano de 2006. Y es que, normalmente, las personas que más temen fracasar son aquellas que han logrado algo, personas que suelen ser cualquier cosa menos impostores.


Los expertos coinciden en señalar que la mejor forma de superar este síndrome es salir del armario. El sufrimiento del supuesto impostor comienza porque la persona que lo padece no quiere contarlo por miedo a que sus sospechas se vean confirmadas por una mirada externa. Así que, para empezar a acallar a nuestro implacable crítico interior, lo mejor es contarle a alguien lo que pasa. Hablar con una persona de confianza puede proporcionarnos claridad y alivio inmediatos.


Los expertos coinciden en señalar que la mejor forma de superar este síndrome es salir del armario


En segundo lugar, los expertos recomiendan utilizar alguna técnica que nos ancle al momento presente, como por ejemplo el mindfulness y la meditación, que no solo ayudarán con los síntomas más desagradables, sino que poco a poco nos permitirán detener las divagaciones de la mente y empezar a ver las cosas con otra perspectiva.


También resultará útil cambiar el foco y dedicar más tiempo a contemplar nuestros aciertos, grandes y pequeños, a la vez que nos regodeamos menos en los errores. Las personas con síndrome del impostor tienden a hacer grande lo que creen que han hecho mal, centrándose casi por completo en ello y volviéndose ciegas a todo aquello que sí hacen bien. Así que, la próxima vez que una persona nos dedique un elogio, por ejemplo, nos permitiremos escucharla y agradecerlo de corazón, sin desmerecer de inmediato nuestros logros. Podemos empezar a permitirnos, además, ver los errores como una invitación a explorar nuevas soluciones y a poner en marcha nuestra creatividad, y no como fracasos que nos lleven a la parálisis y al miedo y a juzgarnos con dureza.


Por último, la mayoría de los expertos recomiendan abrir los ojos para darnos cuenta que no estamos solos. Tener conversaciones acerca de nuestros retos y de los aspectos concretos del trabajo o los estudios que nos preocupan puede ayudarnos a ver que todo no somos tan distintos de los demás y que la mayoría de personas pasa por situaciones muy parecidas a la nuestra.


Lecturas recomendadas

- El poder de la presencia, Amy Cuddy

- The Wisdom of Insecurity, Adam Watts 

- The Impostor Phenomenon, Pauline Rose Clance

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