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    31.12.2018 -    
El año horrible de Facebook
Doce meses de problemas y escándalos han minado la credibilidad de la red social.

El año horrible de Facebook

La confianza del mundo en Facebook está por los suelos. No es de extrañar. De escándalo en escándalo, la red social de Mark Zuckerberg ha perdido, una tras otra, todas las oportunidades que tenía de corregir su rumbo. El año 2018 ha sido especialmente duro. Una reciente encuesta de Toluna, una empresa de investigación de consumo en Estados Unidos, ha constatado que Facebook es, de lejos, la empresa tecnológica de la que menos se fían los usuarios en relación a la protección de sus datos privados. 


Casi el 40% de los encuestados la sitúa en primer lugar de sus recelos. El resultado se lo han ganado por mérito propio. La gran pregunta es si este lugar de encuentro de 2.200 millones de usuarios tiene remedio después de que en cada una de sus crisis de este año haya prometido, en vano, revertir la situación.


Mark Zuckerberg, CEO de Facebook, en un año para el olvido. (AFP)


Para empezar, Zuckerberg empezó el año como se debe. Con una firme promesa de enmienda después de que se apuntaran los primeros problemas serios, en especial por su papel determinante en la campaña presidencial de Estados Unidos del 2016 con la interferencia de la llamada trama rusa. El devenir de los meses transformó sus buenos propósitos en papel mojado. “Mi desafío personal para el 2018 –señaló el fundador de la red social– es concentrarme en solucionar estos importantes problemas”.


No sólo no lo ha mejorado, sino que los contratiempos y escollos se han multiplicado en este tiempo.


En cualquier caso, el anuncio del creador de Facebook era la actitud responsable que el mundo podía esperar de una compañía tan importante en el mundo por su influencia en numerosos ámbitos de la actividad humana.


“No evitaremos todos los errores o abusos, pero en la actualidad cometemos demasiados errores al aplicar nuestras políticas y evitar el uso indebido de nuestras herramientas. Si tenemos éxito este año, terminaremos el 2018 con una trayectoria mucho mejor”, se las prometía Zuckerberg.


Quizás lo que le ha pasado a Facebook en este annus horribilis está en su misma esencia. Uno de los primeros empleados de la red social, Jeffrey Hammerbarcher, graduado en Harvard, como Zuckerberg, se despidió de la compañía hace diez años, en su mejor momento de crecimiento, y después de haber creado el equipo de datos.


En declaraciones a Businessweek, resumió el motivo de su marcha: “Las mejores mentes de mi generación están pensando en cómo hacer que la gente cliquee anuncios”. “Apesta”, resumió.


Ganar dinero con la publicidad. Lo de la misión de “conectar el mundo” el lema de la compañía de Menlo Park, sabiendo lo que hoy sabemos, puede sonar a marketing para crédulos.


Una protesta frente al Capitolio en Washington, decenas de Zuckerbergs y un reclamo: "Arreglar Facebook". (Bloomberg)


La lista de problemas que se le acumulan a Zuckerberg durante un año es abrumadora. En febrero comenzaron a vislumbrarse algunas de las cosas que ya se sabían sobre el papel de la red social en el caso de las interferencias rusas en las elecciones presidenciales que llevaron a Donald Trump al poder.


El fiscal especial Robert Mueller, explicó la investigación de su equipo, que le llevó a concluir que 13 empleados de la Agencia de Investigación de Internet de Rusia (IRA) crearon personajes de Estados Unidos falsos en Facebook e Instagram para enfrentar a los estadounidenses entre sí antes de las cita electoral del 2016.


En marzo, la ONU citó el papel de Facebook en la matanza sistemática de musulmanes rohingya de Myanmar al permitir la difusión de noticias falsas sobre ellos. La red social actuó rápido. Expulsó a los perfiles que creaban esas informaciones y actualizó su política para prohibir los contenidos que inciten a la violencia. También fue acusada de influir en la violencia contra los musulmanes en Sri Lanka, donde el gobierno prohibió el acceso a la red social y a su filial WhatsApp.


En marzo, estalló la (primera) bomba. Los diarios The New York Times y The Guardian / Observer publicaron que una consultora llamada Cambridge Analytica tuvo acceso indebido a los datos y al perfil psicológico de decenas de millones de estadounidenses –después se supo que fueron 87 millones– antes de las elecciones.


Un ex empleado de esa empresa que se marchó en el 2014, Christopher Wylie, explicó que había advertido a Facebook sobre el comportamiento de su antigua firma: “Explotamos Facebook para acceder a millones de perfiles de usuarios y construimos modelos para explotar lo que sabíamos de ellos y apuntar a sus demonios internos”.


El impacto fue colosal. Zuckerberg tardó una semana en comparecer. Cuando el mundo conoció las revelaciones sobre Cambridge Analytica, Facebook valía en bolsa 170.000 millones de dólares más de lo que vale hoy.


El escándalo de Cambridge Analytica fue uno de los más fuert (Bloomberg)


Las disculpas y las promesas de enmienda dejaron de tener credibilidad en la opinión pública. La etiqueta #DeleteFacebook (borra Facebook se convirtió en viral).


La red social publicó anuncios en la prensa. “Tenemos la responsabilidad de proteger su información. Si no podemos hacerlo, no la merecemos”, tituló. Tal ejercicio de contrición resultó estéril, visto lo que veríamos a lo largo del año.


Pero la tormenta podía ser mucho más perfecta. En abril, Zuckerberg declaró ante el Senado de Estados Unidos y reafirmó su promesa de corregir todo lo que estaba mal. Con posterioridad a su comparecencia, la compañía envió a la institución legislativa más datos sobre el caso. Se supo entonces que docenas de empresas podían acceder a datos de los amigos de los usuarios pese a que eso, en teoría, había sido corregido. Entre ellas estaba una compañía rusa de internet cuyo principal inversor ha sido vinculado al presidente ruso, Vladimir Putin.


Un reciente informe de la Universidad de Oxford afirma que la Agencia de Investigación de Internet de Rusia “lanzó un amplio ataque contra Estados Unidos utilizando propaganda computacional para desinformar y polarizar a los votantes estadounidenses”.

El documento señala que “entre el 2013 y el 2018, las campañas del IRA en Facebook, Instagram y Twitter llegaron a decenas de millones de usuarios en Estados Unidos”. “Más de 30 millones de usuarios, entre el 2015 y el 2017, compartieron los mensajes de Facebook e Instagram del IRA con sus amigos y familiares, a quienes les gustaron, reaccionaron y comentaron”, desvela.


Durante el resto del año, no ha habido prácticamente un mes sin sobresaltos. Unas veces por algunas de las políticas internas de la compañía en cuestiones culturales y de género, como el apoyo de su jefe de política global, Joel Kaplan, al juez Brett Kavanaugh, acusado de una agresión sexual.


De nuevo, la cúpula de la red social admitió haber cometido errores ante una rebelión interna de empleados indignados. “La agresión sexual es un tema que la sociedad ha ignorado durante demasiado tiempo, agravando el dolor de todas las víctimas. Nuestro equipo de liderazgo reconoce que han cometido errores en el manejo de los eventos de la semana pasada y estamos agradecidos por todos los comentarios de nuestros empleados”, indicó la compañía a la cadena CNBC.


Christopher Wylie, el arrepentido de Cambridge Analytica. (AFP)


En septiembre, la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) demandó a Facebook y otros 10 empleadores “por discriminar ilegalmente por motivos de género al dirigir sus anuncios de trabajo en Facebook únicamente a los usuarios masculinos, excluyendo a las mujeres”.


En el ámbito interno, en septiembre llegó también la noticia de que el antiguo consejero delegado de Instagram, Kevin Systrom, y el cofundador Mike Krieger dejaban la compañía. Las bajas se unían a las de los fundadores de WhatsApp, Brian Acton y Jan Koum, y de Oculus, Palmer Luckey, compañías adquiridas por Facebook.


Septiembre fue largo: se supo también que unos hackers explotaron fallos de software para acceder a los perfiles de Facebook de unos 30 millones de usuarios y actuar como si fueran propios. El FBI investiga el fiasco, en el que la red social anunció su completa colaboración con la agencia.


En noviembre, la directora de operaciones de Facebook , Sheryl Sandberg, se vio salpicada por otra información de The New York Times que aseguraba que reprendió al responsable de ciberseguridad de la compañía, Alex Stamos, por investigar las pruebas de la injerencia rusa en la red social durante las elecciones presidenciales del 2016. La directiva, mano derecha de Zuckerberg, también se habría opuesto, de acuerdo con esa información, a incluir a Rusia en un informe de la compañía de abril del 2017 sobre esa intervención extranjera.


Un mes después prosiguió la sangría de noticias desfavorables. Una investigación de parlamentarios británicos reveló 250 páginas de correos electrónicos internos de Facebook y otros archivos, incluidos algunos correos electrónicos personales de Mark Zuckerberg que indicaban que la red social ofrecía a algunos de sus principales anunciantes acceso especial a datos de los usuarios, en contra de lo que prometía.


Nueva metedura de pata en diciembre. Facebook anunció que un error en su API (software que permite crear aplicaciones) de fotos que permitió que unas 1.500 apps pudieran tener acceso a fotos de los usuarios, tanto si las compartían como si no. El fallo se produjo el 13 de septiembre y se corrigió en 12 días, pero se tardó dos meses en comunicarlo.


Protestas en Europa contra Mark Zuckerberg.


Otro escándalo en este mes. The New York Times publicó documentos internos que indicaban que Facebook compartía datos personales de los usuarios con más de 150 compañías, entre ellas Amazon, Microsoft, Netflix y Spotify, a las que dejaron exentos de respetar las normas de privacidad, aunque no las vulnerasen.


El 2018 se cierra hoy con una sangría de valor en bolsa y una enorme pérdida de credibilidad. La fe de los usuarios en que la compañía respeta sus datos privados ha caído en picado. Pese a todo, Facebook sigue siendo una empresa muy poderosa. Es difícil otro año como este, pero a tenor de lo ocurrido, no se puede descartar que haya más sorpresas.

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