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    05.01.2019 -    
La felicidad de las solteras
Algunos estudios indican que aporta más bienestar, la mirada social (todavía) la condena, la libertad de levantarse a cualquier hora la dignifica. Sole Castro Virasoro relata un momento mágico en la soltería.

La felicidad de las solteras

¿Para cuando el compañero o la compañera? En mesas familiares, y más aún para estas fechas, se pone el estado civil sobre la mesa (el de las mujeres, por supuesto). En favor de la soltería, y para respuesta a las abuelas, madres y tías insistentes, durante los últimos años algunos estudios pusieron a la felicidad del lado de la soltería. Uno del año 2017 publicado en The Telegraph planteó que el 61 por ciento de las mujeres solteras están contentas como están. Y este índice de bienestar aumentaría con la edad. 


¿Y en el día a día? Porque no somos simplemente un número de satisfacción. Aquí una de las tantas experiencias luminosas de estar soltera sin apuro. 


Era un domingo de primavera con un sol que invitaba a salir y se me ocurrió comprar unas flores para las macetas de mi ventana, que se habían pasado todo el invierno con los cadáveres de las plantas que murieron cuando me fui de vacaciones el verano pasado. Mientras Malandro, mi gato, daba vueltas husmeando las nuevas adquisiciones y yo jugaba a la jardinera, apareció mi vecino enfurecido desde la ventana de enfrente. Tenía la cara desencajada, con una mano sostenía debajo del brazo a Roberto, un caniche blanco que no paraba de coronar sus frases con un ladrido y con la otra mano me señalaba amenazadoramente con su dedo índice que movía sin parar como si no tuviésemos la misma edad y yo fuera una extensión de su ámbito familiar y no una mujer independiente y autosuficiente.


“¿A vos te parece Soledad hacer este escándalo a la hora de la siesta?”, gritaba ofendidísimo mientras agregaba cosas como “¡mi hijo está durmiendo la siesta!”.


“¿A vos te parece Soledad hacer este escándalo a la hora de la siesta?”, gritaba ofendidísimo mientras agregaba cosas como “¡mi hijo está durmiendo la siesta!”.


Para una soltera todo esto es muy difícil de decodificar. Obviamente una soltera se despierta el domingo al mediodía, con lo cual el concepto de horario es muy relativo. Eran las cuatro de la tarde y yo todavía no había almorzado: en mi mundo eran las once de la mañana de su mundo. Mientras trataba de traducir todo lo que me decía con mi diccionario “Casado-Soltera”, pensaba también en lo siguiente: ¿por qué los casados con hijos tienen más derechos que los solteros? Si lo pensamos bien, en realidad ellos, los casados, ya fueron solteros, ya consiguieron la pareja, el hogar, los hijos, el caniche toy... ¿No se supone que lograron todo lo que querían? ¿Además de tenerlo todo necesitan que nosotros los solteros seamos infelices para elevar aún más su status?


Mientras mi vecino seguía aullando con un dedo apuntándome a la cabeza, todavía me quedó tiempo para pensar por qué estaba tan enojado conmigo, convencida en que no hay forma de molestar plantando flores, salvo que fuera escuchando heavy metal a todo volumen, y entonces hice algo que no había hecho nunca antes: me puse en su lugar.


Era un domingo de primavera con un sol que invitaba a salir y se me ocurrió comprar unas flores para las macetas de mi ventana, que se habían pasado todo el invierno con los cadáveres de las plantas que murieron cuando me fui de vacaciones el verano pasado.


Desde mi punto de vista Esteban y Mariana eran la pareja perfecta. Los dos son hermosos, jóvenes, simpáticos, y a juzgar por la casa y el auto les va bastante bien en sus carreras. Esteban y Mariana siempre hicieron todo lo que había que hacer. Primero compraron su departamento con habitaciones de más, previendo tener hijos. Cuando terminaron de pagar su departamento decidieron casarse y hacer una gran fiesta para que todos los familiares comieran hasta explotar, porque según Esteban y Mariana uno sólo se casa una vez. Después decidieron sumar al caniche a la familia, como una forma de práctica, para ver si ellos eran realmente compatibles y absolutamente perfectos como padres. Claro está que, cuando tres años después nació Iñaqui, se dieron cuenta que un hijo no es un perro y que no hay nada que pueda prepararte para esa experiencia caótica. Allí fue cuando la pareja perfecta comenzó a pelearse diariamente por cuestiones tan di versas como las tareas del hogar, teorías sobre la educación del niño o temas trascendentales como la técnica con que debe revolverse el jugo.


Mientras Esteban seguía quejándose sobre lo mala persona que era yo, me di cuenta que lo que estaba haciendo era quejarse con el mundo, que nunca le dijo que ser padre era tan difícil; y lo que señalaba su dedo no era a mí, sino a mi soltería, que no hacía más que resaltar estridentemente la pérdida de la suya.


Situaciones como estas son las que a las solteras nos hacen pensar si la pareja y la familia son lo que realmente queremos. Aquel domingo en particular yo me sentí más cerca de la Familia Ingalls, entre las flores, el sol y Malandro, que este pobre energúmeno a punto de saltar por la ventana y huir a un país sin practicunas.


Sole Castro Virasoro es la creadora de Mujeres Alfa. ¡Seguila en sus redes!

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