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    23.01.2019 -    
Simone de Beauvoir, la gran pionera del poliamor
Simone De Beauvoir y Jean Paul Sartre conformaron una dupla filosófica y vivieron durante 51 años en el amor libre.

Simone de Beauvoir, la gran pionera del poliamor

Peco de anacrónica. Aunque el término poliamor nació en la década del 70 en boca de Morning Glory Zell-Ravenheart, líder del movimiento hippie-pagano de California, es dudoso que haya llegado a oídas de Simone De Beauvoir y Jean Paul Sartre, quienes, por otro lado, lo venían practicando desde el año 1930. El amor libre muta en definiciones, pero el el mismo desde el comienzo de los tiempos, esa práctica de experimentar sexo y amor con varias personas a la vez sin culpas, compromisos o rendiciones. 


La dupla erótico-filosófica tal vez más famosa de la historia hizo de la práctica cotidiana de la libertad un laboratorio de la teoría existencialista. Si El segundo sexo (1949), la "biblia feminista", desarmó la idea de mujer objeto, el poliamor sería el corolario. Muchos años después, se escribe con letras verdes y glitter en los cuerpos de chicas en todo el mundo: “no soy tuyx”.


Porque el poliamor pone en jaque la propiedad privada del deseo. Y si en algo es sexy el existencialismo, es en la idea de libertad y responsabilidad individual, aunque la bajada a lo real traiga muchos problemas. ¿Funcionan las relaciones libres? La teoría filosófica, que generaliza la condición humana, no se puede meter en la cama a dirimir emociones mamíferas tan comunes como los celos y la posesividad. Y tal vez por eso la monogamia sigue siendo elegida -en el mejor de los casos conscientemente- por la mayoría.


Se conocieron en París en 1929, siendo estudiantes, ella tenía 21 años y él 23. Demasiado jóvenes para resignar el sexo, pero intuitivos de que la relación venía para largo (estuvieron 51 años juntos, hasta la muerte de Sartre, mucho más de lo que suele durar cualquier pareja en la actualidad), y acordaron jurarse lealtad de otro modo. Se comprometieron a la “fidelidad” de un “amor necesario” sin prohibirse vivir “amores contingentes”. Dice Karine Tinat en Biografía ilusoria de Simone de Beauvoir: “Sartre no tenía la vocación de la monogamia; se complacía en la compañía de las mujeres, que le parecían menos cómicas que los hombres; no se lo ocurría a los veintitrés años renunciar para siempre a la seductora diversidad”. Con un ¿desliz? de machismo y las cosas claras, comenzaron las aventuras.


Tapa del libro "El segundo sexo" de Simone de Beauvoir.


Beauvoir decía que su relación abierta con Sartre era "el único éxito indiscutible su vida". Aunque luego las miradas entrometidas vinieran a sentenciar que no, que se la veía llorando por los bares parisinos sin consuelo cuando Sartre atendía a otra querida. ¿Quién no ha llorado por (des)amor? Podríamos responder. ¿Quién no ha derramado lágrimas por machismo (propio o ajeno)? La actitud de ciertos maestros-paternalistas permite el derecho a la duda: ¿accedió por voluntad y deseo, o fue arrastrada al amor libre deseando íntimamente que el admirado filósofo fuera solo para ella? El contrapunto con el par latinoamericano se hace inevitable. Frida Kahlo y Diego Rivera también tenían una pareja flexible, pero en los diarios de la pintora puede leerse el sufrimiento desgarrador entre y sobre líneas, que llegó al paroxismo cuando Diego conquistó a su propia hermana. 


Para Deirdre Bair, biógrafa de la escritora, De Beauvoir era "servil" con Sartre. ¿No alimenta este argumento la idea de que las mujeres ceden ante el deseo de los hombres, pero que ellas mismas no pueden disfrutar del sexo libre?


"Ahora mucha gente no entiende cómo es posible el poliamor sin morir de celos. Bien, la relación de Sartre y Beauvoir a mí me parece un éxito: estuvieron juntos 50 años, pero vivían con otras personas. Se veían todos los días para trabajar juntos, leerse mutuamente y hablar sobre sus ideas. Eran la persona más importante el uno para el otro. Una relación de escritores", comenta en una entrevista la escritora Sarah Bakewell, autora de En el café de los existencialistas (Ariel).


Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, filósofos y escritores franceses.


En su primera obra de narrativa La invitada (1943) Beauvoir plantea con gran agudeza un triángulo amoroso que cuestiona el modelo burgués de pareja y familia. La chica en cuestión es motivo de fascinación e intriga, y este tema lo retomaría en otros libros. Bisexual y exploradora, tuvo que enfrentarse con los prejuicios sexuales de su época: porque no importa cuán de derecha o de izquierda fueran los intelectuales que la rodeaban, el enfrentamiento a la mirada de los otros y al qué dirán siempre estuvo presente.


La condición que tenían -no siempre obedecida- era contarse todo. Demasiado se habla de las amantes jóvenes, las estudiantes groupies de Jean Paul, menos de ese amor apasionado de Simone que fue Claude Lanzmann, el cineasta y periodista por los años ‘50, cuando él tenía 27 y ella 44. Trabajó con Sartre en Les Temps Modernes, la famosa revista francesa y, derribando el mito de que los amantes compiten entre sí, este chico Lanzmann se convirtió en amigo y secretario de Sartre y en amorío de Beauvoir. "Nuestro trío no era una especie de orgía. Cada uno tenía sus días con ella", explicó el documentalista años después. Cuando salieron a la luz las cartas entre ellos, la “pasión loca”, de una energía voraz, se dijo con todas las letras.


"Mi amor, yo no sabía que el amor podía ser así. A Sartre lo amo, cierto, pero sin verdadera reciprocidad; y sin que nuestros cuerpos tengan algo que ver", escribía la enamorada en su segunda juventud de los 40.


Claude Lanzmann y Simone de Beauvoir.


Sentimentalidad y amor romántico eran parte del discurso de esta intelectual feminista pro aborto. Las palabras de amor eterno (“soy tu esposa para siempre”, le escribió a Lanzmann) vibraban a la par de esa teoría descomunal que, en su desarrollo, criticó todos los absolutos: la institución matrimonial, la maternidad obligatoria y los lugares de encierro que condenaran a las mujeres a la sumisión. Conciencia de libertad infinita (aunque prácticamente imposible), igualdad de género (como balanza perfecta), socialismo (poliamor de igualdad de clase) fueron invocados en la letra y atravesaron la vida con dolor, sexo, amor y dos obras completas que quedaron para la historia. 

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