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    23.01.2019 -    
Todo por un “like”: la angustia adolescente
Un estudio revela que los menores de entre 14 y 16 años usan el smartphone para sentirse integrados en su grupo.

Todo por un “like”: la angustia adolescente

Padres y madres no se agobien. Ese hijo que tienen en casa, que apenas habla, que contesta con gruñidos y que no aparta la vista de la pantalla del smartphone no es un ser raro. Todos lo hacen. Porque ese móvil es, en este momento, casi lo más importante de su vida ya que es el instrumento indiscutible para sentirse integrado en su grupo. De hecho, es en casa donde más lo utilizan. Y también, es la fuente de su mayor preocupación y frustración. Porque para los adolescentes, una de las cosas que peor le pueden pasar es que nadie o muy pocos den su aprobación con un like a esa foto que acaba de subir mostrando la serie de moda que está viendo en ese momento. Eso, en sus palabras, sencillamente les mata.


Los chicos y los celulares.


Así lo indica el estudio Las TIC y su influencia en la socialización adolescente, un trabajo realizado por la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), Google y BBVA en el marco del proyecto Conectados (proyectoconectados.es) y que analiza el uso que los adolescentes españoles de 14 a 16 años realizan de la red y las redes sociales, las dificultades que encuentran, cómo las solventan, los dispositivos que manejan y desde cuándo, entre otras cuestiones.


Acceso temprano a las TIC

Según este trabajo, cerca del 90% de los menores de 14 a 16 años disponen de entre 2 y 5 dispositivos digitales personales, destacando entre ellos el smartphone en primer lugar (89,9%), seguido por el ordenador portátil (75%) y tablet (68). La mayoría de ellos indican además que tienen estos dispositivos desde hace al menos dos años, lo que indica la temprana edad a la que tienen acceso a las TIC. Casi la totalidad (el 92%) de los adolescentes afirma tener un perfil propio en redes sociales y lo usan fundamentalmente para sentirse integrados en el grupo. Prefieren Instagram (para publicar y ser vistos) y Youtube (para consumir contenidos, sentirse fan), pero también utilizan mucho Twitter (para seguir a sus ídolos) y Facebook (como plataforma para juegos y mantener amistades lejanas). Para el contacto día a día con amigos y familiares, prefieren Whatsapp.


Los chicos y los celulares.


La mayoría de ellos (el 83,6%) reconoce un uso muy habitual e intensivo del móvil (el 72,4% está muy de acuerdo con que miran el móvil constantemente). Fundamentalmente lo usan en casa (constantemente o muchas veces al día un 83%), a más distancia, el 56%, cuando están desplazándose de un lado a otro, mientas que nunca o casi nunca (o con unas frecuencias muy bajas) utilizan recursos comunes (el ordenador de casa, el de sus centros de estudios o en bibliotecas). Usan sus dispositivos propios para diversas actividades en la red, destacando el escuchar música (75,6% con frecuencia), buscar información (41,6%), navegar (48,3%), para relacionarse con otras personas o ver su información por estas vías o para jugar a videojuegos online (el 37,6% con frecuencia).


En este apartado, llama especialmente la atención que casi un 5% (4,7%) utiliza Internet para realizar apuestas online de manera frecuente y un 3,4%, a veces. Un cifra más que significativa y preocupante máxime si se recuerda que los menores no pueden realizar apuestas en la red.


Los chicos y los celulares.


Lo que se desprende del estudio, basado en 1.624 entrevistas a adolescentes de 14 a 16 años en centros educativos, 4 grupos focales y 8 entrevistas individuales, es que los menores utilizan las redes sociales fundamentalmente para presentarse a los demás con una intencionalidad clara de sentirse integrados en el grupo: que los demás les vean, que los demás respondan a eso que comparten y obtener aprobación. “No obstante, la inseguridad de exponerse, el no recibir respuesta o que esta no sea la esperada o incluso los mensajes de rechazo, admiten que es lo que menos les gusta de las redes sociales”, indican. Porque la falta de respuesta o el rechazo a lo compartido genera la angustia ser un excluido.

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