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    16.03.2019 -    
Murió el mejor vendedor de autos del mundo
Joe Girard había alcanzado un promedio de 6 vehículos nuevos por día.

Murió el mejor vendedor de autos del mundo

Para muchos, el saber vender requiere de un esfuerzo. Pero para Joe Girard, un estadounidense oriundo de Detroit, tener éxito ofreciendo un producto era algo le salía naturalmente.


Se trata del hombre que fue considerado como el mejor vendedor de autos del mundo, que falleció el 28 de febrero pasado a los 90 años.


Girard terminó creando una concesionaria dentro de la concesionaria para atender a sus clientes.


Su performance fue tal, que apenas se dedicó 13 años a vender autos, entre 1963 y 1977, período en el que terminó cerrando más de 13 mil operaciones.


Los números que logró son impresionantes, con un promedio de seis autos vendidos por día hábil. En su mejor día, llegó a despachar 18 vehículos nuevos, 174 en su mejor mes y 1.425 en su mejor año.


Esto le valió ser reconocido por el Libro Guinness de los Récords Mundiales como "El Mejor Vendedor Minorista de Autos del Mundo" durante doce años consecutivos.


Fue reconocido 12 veces consecutivas por el Libro Guinness de los Récord Mundiales.


Girard nació en el lado este de Detroit, en 1928, en el seno de una familia muy pobre. A los 9 años iba a bares de su barrio para ofrecer un servicio de limpieza de zapatos a sus clientes. Cuando tenía 11 años, repartía diarios a domicilio mientras iba camino a la escuela.


Para ayudar a mantener a su familia, se vio forzado a dejar los estudios y consiguió trabajo primero en la construcción para luego sí ingresar al mundo de la venta de automóviles. En su primer día en la concesionaria vendió su primer automóvil, y en su segundo mes vendió 18, lo que hizo que el resto de los vendedores se sintieran tan frustrados que se quejaron y Girard terminó despedido.


A Joe eso lo molestó pero ya sabía que era bueno vendiendo autos. Así fue al siguiente concesionario, un Merollis Chevrolet, en Eastpointe, Michigan, y consiguió un nuevo trabajo. Es aquí en donde comenzó a escribir su leyenda.


Girard era toda una personalidad: en esta imagen estrecha la mano del presidente de los EE.UU. Gerald Ford.


La hazaña se vuelve aún más notable por el hecho de que esos totales se lograron una venta a la vez. No hubo pedidos de flotas de varios vehículos. En un momento en que el 95% de los concesionarios de autos nuevos en Estados Unidos vendían menos de 1.000 autos al año, Girard vendía esa cantidad por sí mismo.


Terminó estableciendo un "concesionario dentro del concesionario”, ya que tuvo que contratar personal para que asistiera a los compradores con todos los trámites una vez que Joe cerraba la operación. De esa manera, podía serguir contactando potenciales clientes.


El contacto constante que con los usuarios era la base de la forma en que Girard hacía negocios. Crear una relación con sus clientes, uno a la vez, era importante. Pero también estaba impulsado por un número que este vendedor había identificado. Concretamente, por el 250.


Joe Girard, con John Delorean, fundador de la marca del auto de Volver al Futuro.


Girard determinó por medio de una investigación propia, que ese valor representaba el número de amigos, familiares y conocidos que un comprador de autos típico contactaría en un año. Llegó a esa conclusión al encuestar a los directores de funerarias y a los organizadores de casamientos para ver cuántas personas asistían a esos eventos, ya sea por invitación o por respeto a los difuntos.


Con este número, se dio cuenta de que por cada 250 contactos de clientes que tenía, si dos personas no estaban satisfechas, podrían influir negativamente en otros 500 clientes potenciales. Su misión era asegurarse de que no tuviera clientes descontentos.


Joe Girard se retiró de la venta de autos en 1977, cuando tenía tan sólo 49 años y estaba en la cima. El ritmo de mantener todo funcionando sin problemas y de que todos sus clientes estuvieran contentos le había pasado factura.


Las charlas y seminarios sobre ventas lo llevaron a recorrer el mundo.


Pero no se alejó del todo del negocio. Continuó con escribiendo libros, dando charlas y seminarios predicando el evangelio de "Satisfacción del cliente", mucho antes de que se convirtiera en un sinónimo de la industria.


En 2001, el Salón de la Fama Automotor lo sumó a la lista de notables que integran ese selecto grupo de personalidades destacadas de la industria automotriz mundial.

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