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    03.04.2019 -    
Cómo mejorar los promedios y perforar los techos de rinde
Conocer el ambiente y aplicar las tecnologías apropiadas permiten soñar con altos picos de rinde en muchos lotes, y en otros defender buenos registros en soja y maíz. El aporte de los cultivos de servicio.

Cómo mejorar los promedios y perforar los techos de rinde

¿Hasta dónde pueden trepar los rendimientos de soja y maíz aplicando la mejor tecnología junto al manejo más eficiente? No se trata de un solo factor, son varios y todos tienen que estar alineados para obtener el mayor potencial. Algunos requieren mayor inversión pero otros sólo demandan inteligencia aplicada. Tan o más importantes como los techos de rinde son los promedios. Para que cada ambiente dé lo mejor, hay que conocerlo y saber cuál es la llave para abastecerlo.


Mientras las cosechadoras ya están surcando lotes en diferentes regiones productivas, dos referentes como Santiago Lorenzatti y Agustín Bianchini repasan a algunos resultados de ensayos que vienen llevando adelante hace unos años en los dos principales cultivos de verano. “Como punto de partida en soja tenemos grandes cuestiones que están sabidas, pero no está mal recordar como definición del ambiente, esto es, suelo, rotación previa, pronóstico climático e influencia de napa, que van a determinar un potencial para cada lote”, explicó Santiago Lorenzatti.


Y agregó: “Con ese escenario definido se arma una estrategia más ofensiva o menos ofensiva, apuntando a techos altos o a que no caigan mucho los pisos”.


Todos los años, en Lorenzatti y Bianchini ensayan con una variedad vieja y una nueva, tres estrategias de fertilización mas un testigo sin fertilización. La media es de 80 kilos de superfosfato simple (algo de fósforo y algo de azufre). En la dosis alta además de fósforo y azufre en dosis de reposición agregan zinc. Y todas las cruzan con y sin fungicida. “Entre el manejo más austero y el más ofensivo estamos midiendo entre 700 y 1.000 kilos por hectárea de diferencia”, relató Lorenzatti.


El director de Okandú advirtió que a diferencia del maíz, la soja es un cultivo muy elástico con gran capacidad de respuesta por lo que va “compensando” lo que no se le da.


Sin embargo, cada vez están encontrando más respuestas. Por ejemplo, en buenos años con la fertilización. Lorenzatti consideró que “en años como este, con buenas condiciones hídricas, si en vez de confiar solo en fertilizar la rotación (o sea, trigo y maíz) y aplicás fósforo y azufre en soja vas a sacar un diferencial, por eso, para estos escenarios, la fertilización de la soja de primera está ganando adeptos”.


Okandú genera información a partir de muchos ensayos. Aquí, a la izquierda, un lote de maíz integrado con cultivos de servicio.


Volviendo a la plasticidad de la soja y su capacidad de adaptación, Lorenzatti hizo hincapié en las densidades. “El desafío es tratar de bajar la densidad para que no se caiga el rendimiento de manera que pueda ahorrarse en semillas y con ese ahorro adquirir la mejor genética de semilla fiscalizada y con tratamiento profesional”, repasó Lorenzatti.


Así las cosas, si en vez de poner 90 kilos de semilla por hectárea (400.000 semillas) se ponen 50 kilos pero de lo mejor que haya en el mercado, quizás el costo es similar, pero va a hacer girar la rueda de manera diferente.


Así las cosas, hoy, en el mejor ambiente, con tecnología de punta, sin restricciones y con el mejor manejo, la soja puede alcanzar los 6.500 kilos por hectárea a nivel de lote (mínimo de 50 hectáreas) y hasta incluso más en parcelas puntuales.


“Pero a nivel productivo lo nosotros buscamos, lo que nos importa es lograr buenos promedios, medias aceptables que le aseguren al productor una rentabilidad ”, confirmó Lorenzatti.


Ensayo de soja con diferentes tecnologías de herbicidas.


Así como la soja con su plasticidad puede compensar cualquier falla, el maíz vendría a ser el “finoli” del tandem y hace pagar con mermas de rinde cualquier error.


Desde 2014 que el equipo de Okandú liderado por Lorenzatti y Bianchini viene trabajando cuestiones de manejo de maíz. Entre los factores clave están la elección del híbrido, la densidad de siembra y la fertilización.


Lorenzatti, a la izquierda, y Bianchini, juntos en una jornada a campo.


“El momento de floración es el período crítico por excelencia pero la siembra es el segundo porque difícilmente se van a lograr altos rindes si el maíz no está bien sembrado”, relató a Clarín Rural, Agustín Bianchini.


“Trabajamos para cuantificar el impacto de la variabilidad temporal y espacial en la emergencia de plantas porque hay datos como el del doctor Nielsen en Estados Unidos y algo de Emilio Satorre en Argentina pero nada más”, contó Bianchini.


Esos trabajos marcan que cada centímetro de desvío estandar por encima de los 5 centímetros genera una pérdida de entre 60 y 70 kilos por hectárea. De modo que, tomando 10 centímetros como una media normal, se pueden calucular pérdidas de 200 a 300 kilos por hectárea por una mala distribución en la línea de siembra. Pero también juega un papel importante la profundidad, porque genera el consabido problema de plantas dominantes y dominadas.


Para ejemplificarlo en dinero, 6 centímetros de desvío estandar representan una pérdida de unos 140 kilos por hectárea que con un maíz abril 2019 de 110 dólares por tonelada redondea una pérdida de 15 dólares por hectárea. Tomando 12 centímetros de desvío la pérdida es de 108 dólares por hectárea. En cuanto a la desuniformidad temporal, la pérdida puede ir de 86 dólares por hectárea a casi 200 dólares.


Con la puesta a punto de la siembra, las cuestiones a analizar son la elección del híbrido, la densidad y la fertilización, pero no por separado, sino en la interacción de todos estos factores. “El objetivo es detectar cuáles son las variables de mayor peso para que el productor sepa cuál representa más para su bolsillo”, explicó Bianchini.


De acuerdo a lo que estuvieron evaluando, lo que más peso tiene es la nutrición. Probaron tres parcelas: una sin fertilizante, un tratamiento de nitrógeno (N) y fósforo (P) con las dosis que usa el productor normalmente (entre 15 y 18 kilos de fósforo elemento y 80-100 kilos de nitrógeno) y una tercer parcela en la que subieron la dosis de N y P y agregaron azufre y zinc. “En los tres años que probamos encontramos que con la dosis del productor se logran de 2800 a 3700 kilos por hectárea más que el testigo y cuando evaluamos el otro salto nutricional, con azufre y zinc, la diferencia fue de 4400 a 5900 kilos por hectárea”, destacó Bianchini.


Según el año, genética y densidad se pelean para ver cuál ocupa el segundo lugar de relevancia. En densidad, lograron respuestas de 1100 kilos por hectárea al aumentar la cantidad de plantas hasta 150 kg/ha (la campaña pasada producto de la sequía). En genética, la campaña pasada fue el primer año y lograron 800 kilos de diferencia. La salvedad es que los dos híbridos elegidos son de punta. Si se comparara con un híbrido de segunda categoría la diferencia sería aún mayor.


Además del ensayo de manejo, a partir de esta campaña están evaluando los potenciales de rinde sin limitaciones en dos zonas. Sudeste de Córdoba a tienen parcelas con 80.000 a 120.000 plantas por hectarea y llegan hasta 350 kilos de nitrógeno. En otro ensayo en el oeste de Córdoba, con riego por goteo enterrado, se estiran hasta 180.000 plantas y 450 kilos de nitrógeno. “Creemos que sin limitaciones hídricas ni nutricionales el maíz hoy puede alcanzar las 20-22 toneladas”, se entusiasmó Bianchini.


Insumos pero también manejo y astucia para ofrecerle a los cultivos un traje (estrategia) a medida para brillar (lograr los mejores rendimientos). 


Cultivos de cobertura: los problemas de malezas están “cubierto”

Según un informe de la Bolsa de Cereales alrededor del 10% de la superficie sembrada en Argentina ya tiene cultivos de cobertura. En Okandú comparan un barbecho químico y con tres opciones de cultivos de servicio: vicia sola, vicia más centeno y centeno solo. A todos le cruzan 4 estrategias de control químico previo a la siembra.


“Nuestra primer conclusión contundente es que cuando ponés un cultivo de servicio antes de la soja, que en esta zona es principalmente centeno, te ayuda enormemente a controlar malezas, principalmente rama negra y yuyo colorado”, explicó Santiago Lorenzatti.


“En una rotación típica de trigo/soja-maíz-soja, entre la cosecha de maíz y la siembra de la soja de primera puede haber seis meses, vos podés ocupar tres o cuatro con cultivo de servicio y dejar dos para que se recargue el perfil”, remarcó Lorenzatti.


Para ganar tiempo, están probando sembrar centeno con avión 20 días antes de la cosecha de maíz para que cuando llegue el momento de trilla el centeno ya esté emergido y pueda competirle mejor a las malezas.


Pensando en el barbecho previo a la siembra de maíz, Bianchini destaca el rol de la vicia: “Aporta 80 a 100 kilos de nitrógeno mientras que el centeno permite dar más estructura de suelo y biomasa, pero resigna nitrógeno”, explicó Bianchini.


“El uso de cultivos de servcicio es una gran herramienta para acompañar el control químico que también es necesario, es una forma de darle sobrevida a los herbicidas”, opinó Lorenzatti.

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