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    14.04.2019 -    
Reflexiones sobre cómo criar: la maternidad sale del clóset académico
El Círculo de Estudios Maternidad(es) y Maternaje(s) situados de la UNSAM aborda las prácticas plurales de maternidad y maternaje, así como las múltiples relaciones entre maternidades emergentes y hegemónicas. Entremujeres dialogó con sus coordinadoras.

Reflexiones sobre cómo criar: la maternidad sale del clóset académico

Aquella vieja frase que afirma que “madre hay una sola” quedó notablemente desactualizada. Nuevos modelos de familia, nuevas creencias, nuevas exigencias y contextos diferentes hacen que maternar sea una práctica tan plural y diversa como sujetos se involucran en ella.


En este contexto surge el Círculo de Estudios Maternidad(es) y Maternaje(s) situados UNSAM (Universidad Nacional de San Martín), que aborda “las prácticas plurales de maternidad y maternaje así como las múltiples relaciones entre maternidades emergentes y hegemónicas”. “Nos convocó la idea de sacar la maternidad del clóset académico”, dijo a Entremujeres una de sus responsables, Johana Kunin, docente del IDAES (Instituto de Altos Estudios sociales de la UNSAM) y becaria doctoral del CONICET. Coordinan junto a ella Catalina Kranner y Natalia de Lima, ambas estudiantes de Antropología Social y Cultural del IDAES.


- ¿De qué modo “las maternidades y los maternajes pueden ser fuente tanto de opresión como de agencia”, tal como se afirma en el programa académico?

Johana Kunin: Varias de las llamadas olas del feminismo han tematizado la maternidad como fuente de opresión. Eso no es tan novedoso justamente por las grandes desigualdades sociales que trae a las mujeres o a las personas gestantes o maternantes la situación de estar maternando. Nosotras hablamos de maternidades y maternajes en plural porque queremos hacer énfasis en que no hay una única manera de pensar ni la maternidad ni el maternaje sino que hay que pensarlo de manera situada, tal como dice la antropóloga feminista Donna Haraway. Esto tiene que ver con diferentes contextos, con diferentes momentos históricos, con diferentes capas sociales y elecciones sexuales que van a influir en las diferentes posibilidades y visiones que tienen que ver con las concepciones acerca de las maternidades y las prácticas de maternaje. Pero creemos también que hay diferentes casos en donde la maternidad puede ser pensada como una fuente de agencia. Con fuente de agencia queremos decir que da a los sujetos sociales que ocupan esa posición también una capacidad de acción que les permite hacer ciertas cosas que otros sujetos que no están en esa posición no podrían. Si pensamos en términos políticos, tenemos a las Madres de Plaza de Mayo, a las Madres del Dolor y a las Madres de barrio Ituzaingó Anexo, que en calidad de madres tienen un poder simbólico muy fuerte para reclamar por sus hijos.


Sucede en muchas comunidades humanas que la mujer adquiere mayor prestigio social cuando comienza a ser madre. Creemos que hay que discutir y pensar a las maternidades no sólo como fuente de opresión sino también como fuente de posibilidad de acción en determinados contextos sociales específicos (sin universalizar en ninguno de los casos).


- ¿En qué estadío de la deconstrucción del instinto maternal consideran que estamos en Argentina?

Catalina Kranner: Es una pregunta difícil. Considero que la cuestión del instinto todavía hay que revisarla en su totalidad. En Argentina no se ha dado la deconstrucción total sobre el instinto maternal o lo que tiene que ver con la naturaleza de la madre con ese hije. Si bien hay avance en lo que se considera la maternidad holística, que revisiona la cuestión del apego o una crianza más total, considero que aún hay una lucha pendiente en este sentido, porque hay cuestiones muy impuestas a quienes deciden ser madres y a cómo tienen que serlo. Todo el tiempo se está juzgando la forma, la educación o la crianza que se les da a esos niñes que llegan al mundo social. Hay una cuestión muy impuesta del deber ser a partir de cómo las madres se relacionan con elles.


Johana Kunin: Es necesario aclarar que estamos lejos de reacciones homogéneas, lo pensamos siempre de manera situada. No es lo mismo ser una madre “con apego” de capas medias altas urbana, que una madre indígena o una madre rural o una madre donde es muy importante su identidad sexual disidente. La idea del instinto maternal se va a jugar de manera muy distinta en cada uno de estos casos. En términos más generales, ahí está implícita la relación entre cultura y naturaleza. En Argentina estamos muy lejos de la deconstrucción del instinto materno asociado a un deber ser de la maternidad, porque el mercado no ayuda, porque políticas públicas no ayudan y porque hay cantidad de paradigmas y valor simbólico asociado tanto a lo natural como a lo cultural en sus diversas visiones que afectan a madres y personas que crían.


- ¿Qué cambios significativos advierten en el ejercicio de la maternidad hoy?

Catalina Kranner: Consideramos que hay cambios significativos. Hay una cuestión no sólo emancipatoria de las mujeres sino una cuestión que tiene que ver con el sistema que nos obliga a salir. Ya no hay tantas madres que se queden adentro de la casa y se dediquen únicamente a sus hijos y a su familia. Una novedad que se está dando en el último tiempo son las tribus de crianza o los maternajes compartidos, donde no es sólo la madre quien cuida de ese niñe sino que son muchas las personas del círculo social cercano: tíes, abueles, amigues.


Johana Kunin: En ciertas capas sociales están apareciendo  un nuevo "deber ser" respecto a la figura del padre, cuando esa figura existe, que lentamente va ocupando lugares nuevos, pero en círculos y en lugares geográficos muy acotados. La falta de cuidados provistos por el Estado y la obligación de que los hogares tengan dos sueldos para llegar a fin de mes hace que los grupos humanos hayan encontrado diferentes maneras de sostener las prácticas de crianza en estos contextos críticos.


No hay que olvidarse de los cuidados comunitarios, lo que el feminismo negro llamaba hace decenas de años “othermothers ”, que tiene que ver con esta crianza que se hace en los barrios marginalizados urbanos, entre familias que viven en comunidades indígenas en Argentina, o en zonas rurales donde no hay necesariamente una relación de apego intensiva, donde no se concibe al hijo como solamente “de la madre”, en un sentido de “su” propiedad. Hay una cantidad de sujetos y esto está resuelto por la sociedad civil y no por el Estado. La sociedad argentina es creativa frente a una necesidad muy grande que son las guarderías o los jardines públicos que, por ejemplo en la Ciudad de Buenos Aires, son insuficientes en términos cuantitativos. Los padres con posibilidades económicas les pagan a terceras personas para que se hagan cargo de esto o, en otros contextos, son jardines o cuidados comunitarios.


Natalia de Lima: Uno de los cambios significativos es que la maternidad en algunos sectores sociales está comenzando a tomar un espacio dentro del ámbito y los problemas públicos. Esa capacidad de repreguntarnos qué lugar estamos ocupando como sujetos políticos y sociales que tenemos hijos está haciendo un eco más fuerte que en décadas anteriores. Los maternajes compartidos, los sujetos que maternan se vuelven sujetos más políticos, exigen que se reconozcan ciertos derechos como una licencia por maternidad más extendida; el derecho a un lugar digno para poder retirarse leche en el caso de que decidan sostener una lactancia materna; mujeres que se acercan a espacios políticos o de reflexión con sus hijos.


- Uno de los ejes del debate por la despenalización del aborto es que “la maternidad será deseada o no será”, ¿por qué creen que esto genera tanta oposición en los autodenominados “provida”?

Johana Kunin: Ahí la cuestión es el deseo como fuente de posibilidad de elección, tanto como de desear ser madre como de no desearlo. Que el deseo sea politizado y sea puesto en la agenda pública es algo que trae oposición en los provida. Como tantos otros grupos sociales, tienen una moral y un deber ser particular acerca de cómo debería ser la maternidad que es deseada. En general se está pensando en maternidades muy acotadas y particulares, en una familia nuclear, heterosexual, con cierto pasar económico, con cierta disposición habitacional. No conciben a la maternidad como deseo por fuera de ese marco muy normativo y muy restrictivo. 


Catalina Kranner: Hay una cuestión de mucha influencia cristiana o católica. Esto en Argentina todavía está muy arraigado. Y hay un rechazo al no deseo de ser madre, así como un rechazo a otro tipo de deseo o a otro tipo de placer, de disfrutar el cuerpo en un placer que no sea el de concebir a un nuevo sujeto social; no existe placer por fuera de eso, la relación sexual es para procrear.


Natalia de Lima: Tiene que ver con esta cuestión de que el deseo empezó a ocupar el espacio público. Las mujeres somos dueñas de nuestro cuerpo, de nuestras propias decisiones, y esto es lo que molesta, también arraigado a estos sectores de cierta moral religiosa donde la maternidad queda encasillada en una sola forma de ser.


- Respecto a maternidades disidentes, queer y lésbicas: ¿cuáles creen que son las dificultades más notables que atraviesan?

Johana Kunin: El feminismo hace decenas de años ya dijo que “mujer se hace, no se nace”. Simone de Beauvoir intentó así desbiologizar estas desigualdades de género, pero todo lo que las maternidades trans, disidentes, queer y lésbicas traen de la mano de personas gestantes que no se identifican necesariamente como mujeres es que hay que volver a hablar de la biología en este contexto.


Entonces, donde identidad de género y biología no siempre se van a corresponder y donde, por ejemplo, una madre no gestante puede desear amamantar y conseguirlo, entonces tener también derecho a sus licencias por amamantamiento aunque no haya sido la madre gestante. Desde esta pluralidad de concepciones acerca de las personas gestantes y maternantes y su relación con identidades sexuales disidentes y diversas lo que traen como urgencia es una vuelta a un debate sobre lo que es naturaleza y cultura; sobre la biología, no desde esa vieja perspectiva donde se asociaba una cierta corporalidad con capacidades reproductivas con una identidad de madre y con determinada identidad heterenormada y cis. Sino justamente para pensar en una pluralidad de posibilidades entre identidades sexuales y capacidad de gestar o ganas de maternar que traen complejidades y desafío políticos en términos, por ejemplo, de políticas públicas.

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