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    15.05.2019 -    
Cómo piensa un hombre “en deconstrucción permanente”
Aborto, sexo, mandatos y más se pasean por las páginas de Diario del argentino deconstruido (Indie Libros), de Patricio Zunini. “En una educación como la mía, machista, la deconstrucción es algo que hay que revisar continuamente”, dijo el escritor.

Cómo piensa un hombre “en deconstrucción permanente”

El peso de las palabras, los mandatos familiares, la obligación de convertirse en un “cogedor infalible”, el aborto, la conquista, los hijos, los padres… El escritor, profesor y agente cultural Patricio Zunini repasa y se cuestiona en las páginas de Diario del argentino deconstruido (Indie Libros) todos estos temas sin la intención de convertirse en un gurú, relatando su experiencia de hombre en deconstrucción permanente.


Así, menciona el embarazo de una amiga durante su adolescencia, la sensación de estar en una “carrera por batir el récord de garches”, la dificultad para relacionarse con mujeres que sienten un deseo más intenso que el masculino o el día que su padre le pegó por decir “fantástico”, que según el progenitor era “una palabra de putos”.


- ¿Qué impacto tuvieron en tu “deconstrucción” las actitudes y consejos de tu papá, desde la violencia física hasta consejos como “a tu mujer: mierda”?

- Mi papá era resultado de su época. La manera de educarnos a mi hermana y a mí está muy fechada. De todas maneras, el padre que aparece en el libro no es 100% mi papá, como esa voz primera no soy yo. Pero esa frase “a tu mujer: mierda” sí me la dijo mi papá. Después de publicar el libro volví a pensar mucho en esa frase y creo que lo que a él más le dolía en ese momento era que yo me fuera de casa, que me fuera con otra persona. Creo que él sentía abandono y la frase en particular le funcionaba como una manera de tratar de mantenerme bajo su ala. Mi viejo no fue un tipo violento nunca, por eso marco dos o tres escenas de violencia, porque siendo una persona que no es violenta, la excepción es porque algo le recorre. Mi papá tenía mucho miedo de que yo le saliera puto: ni gay ni homosexual. No creo que mi viejo en aquel momento hubiese podido pensar que su hijo fuera gay. No lo soy, pero creo que hoy él sí se permite pensar en la categoría de homosexual como gay y no como puto.


“Diario del argentino deconstruido”, de Patricio Zunini (Indie Libros)


- ¿Creés que la “deconstrucción” puede ser un proceso acabado o es un desafío permanente? ¿Qué te cuesta o costó más a vos en esta transformación?

- Yo no me siento un argentino deconstruido como está en el título del texto. Primero que nada, no me siento deconstruido; la deconstrucción es una evolución que se conjuga en presente. Yo todos los días estoy aprendiendo. Me pasó algo muy curioso: hice una charla en la Feria del Libro con una mujer que trabaja con empoderamiento y puse de título “El rol de la escuela en el empoderamiento de la mujer”. Y la invitada, que era Mariana Massaccesi, me dijo: ‘Poné las mujeres, porque la mujer en singular no permite ver la heterogeneidad de las mujeres’. Yo puedo hablar de masculinidades pero, por ejemplo, caigo en la homogeneización de las mujeres; es un tema que estoy todo el tiempo revisando. En todo caso, la deconstrucción podría ser la idea de pensar cómo se puede sostener una igualdad de derechos. Y en una educación como la mía, machista, es algo que hay que revisar continuamente.


- ¿Qué te llevó a romper con ciertos mandatos patriarcales?, ¿repetiste alguno de ellos con tus hijos?

- Mi hija. A lo largo de mi vida tuve un matrimonio más largo, otro más corto y aprendí de las dos. Pero tanto mi hija como mi hijo, que son de generaciones distintas, modernas y más libres que yo, me han enseñado. Mi hija tiene 20 años y, junto con mi hijo, son las dos personas más importantes de mi vida. Ver cómo crecieron, ver cómo funcionan en su independencia, me ayuda a mí a repensarme. La idea sale más desde abajo, más desde la generación posterior que desde la generación superior. Si yo hubiese replicado modelos de mi papá, de mi abuelo, de mi bisabuelo -que fueron buenos tipos- no hubiese podido cambiar. Son mis hijos los que me enseñan.


- Mencionás que “la obligación de acostarte con una chica ni bien se te presentara la oportunidad rigió buena parte de tu vida”. ¿Lo sufriste antes de replanteártelo?

- Es una cuestión que funciona hoy en día en todos los varones: más grandes, más chicos, pero está. Recuerdo cuando tendría 16 ó 17 años, me llamó una chica que no me gustaba y yo medio que me la saqué de encima. Mi viejo me dijo: "¿Te dan miedo las mujeres?". Esa acción de mi papá determina una relación que uno impone con el otro sexo. Esa idea del "cogedor infalible" que yo pongo en el texto siempre la vi como algo extraño. No voy a negar que el sexo es placentero, pero cuando se vuelve obligatorio, deja de serlo. Nunca una obligación es placentera. Romper con ese mandato en particular nos hace más libres a hombres y a mujeres, nos hace dueños de nuestras decisiones. No me siento cómodo con la sensación de que yo porque soy varón tengo que cogerme a cualquier mujer en cualquier circunstancia. Yo quiero acostarme con la mujer que me de placer y con la mujer que ame. El amor es un sentimiento que los hombres generalmente ocultamos, pero es un sentimiento hermoso cuando te toca con una pareja.


- Asumís que situar a la mujer en el lugar de la espera (a la hora de la conquista o del sexo) “es uno de los pensamientos más conservadores y más difíciles de abandonar”. ¿Creés que las nuevas generaciones siguen pensando de este modo, o es un precepto que ya caducó?

- Es un texto que está escrito muy en primera persona, pero no siento que represente más que una realidad particular. No soy ni la voz de los hombres, ni la voz de una generación de un grupo de hombres, ni la voz de una generación de padres, ni la voz de una generación de hijos. En algún punto siento que tal vez le haya pasado a otro pero en ningún caso siento que tenga la autoridad de hablar en representación de nadie. Yo quise contar mi historia.

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