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    06.08.2019 -    
No más drama: descubren cómo hacer para que los chicos coman verduras
Una nueva investigación halló una forma eficaz y simple para que los niños elijan la opción que quieren los padres.

No más drama: descubren cómo hacer para que los chicos coman verduras

Suele ser una lucha que por lo general los padres perdemos. Siempre debemos resignar cosas. Se termina convirtiendo en una negociación con un niño con un vocabulario limitado y que apenas supera en altura nuestras rodillas, pero que tiene un poder de fuego asombrosamente eficaz. Y la cosa se repite -prácticamente- a diario. 


Estamos hablando de la histórica batalla que libran los padres para que sus hijos coman verduras o frutas. Desde luego, no es algo en absoluto nuevo. Exagerando (aunque quizás no tanto) podría decirse que arrancó incluso antes de la revolución agrícola, hace unos 12 mil años.


Los especialistas hablan de Neofobia alimentaria, que es el rechazo a incorporar nuevos alimentos o a algunos ya incorporados, y lo definen como un comportamiento "absolutamente normal". "Se plantea que la neofobia alimentaria es una conducta ancestral de los seres humanos omnívoros, en la que, recelosos de un posible daño por alimentos nuevos, apartamos lo que no nos parece que tenga buena pinta", le cuenta a Clarín Sabrina Critzmann, Médica Pediatra del Hospital Elizalde (MN 148279).


Pero aunque Internet esté repleto de consejos para conseguir que los chicos coman verduras sin la necesidad de metérselas a la fuerza, la cosa sigue siendo realmente difícil. Pero quizás eso esté a punto de cambiar.


Sucede que una pequeña pero original investigación halló una forma increíblemente sencilla para lograr que los chicos de hasta 3 años coman lo que los padres quieren. Sin gritos ni negociaciones. ¿Difícil creerlo? 


Pastel o brócoli

La fórmula es sencilla. Se trata de darles a los chicos dos opciones. Como por ejemplo: ¿Pastel o brócoli? El orden y en particular la actitud son los que hacen la diferencia, según contaron los investigadores.


El resultado: ocho de cada 10 veces, los chicos elegirán la opción número 2.


Los investigadores de la Universidad de California Irvine, hallaron que los chicos suelen elegir la última opción que se les da, aún si no es lo que quieren.


En concreto, el estudio, que llevaron a cabo investigadores de la Universidad de California Irvine, en Estados Unidos, descubrió que los niños pequeños están muy sujetos a "sesgos recientes" cuando se enfrentan a preguntas que incluyan una "o": tienden a elegir la última opción, incluso si no es lo que realmente quieren


"Los adultos pueden distinguir entre las opciones y, a menudo, tienen más probabilidades de seleccionar la primera. Esto se llama sesgo de primacía", contó la líder del estudio, la investigadora de ciencias cognitivas Emily Sumner.


"Pero los niños, especialmente los niños menores de tres años, que además tal vez no sepan el idioma, muestran un sesgo de actualidad cuando responden las preguntas verbalmente, lo que significa que la última opción presentada se selecciona con mayor frecuencia. Esta área no se ha estudiado en niños antes, así que esto es fascinante de precisar", agregó la experta.


No sólo con la comida

La investigación, cuyos resultados fueron publicados en la revista PLOS One, también podría ser extremadamente útil en otros campos donde los padres querrían influir las elecciones de sus hijos, cuentan los científicos. 


Como ejemplo, los autores explicaron que si a un niño se le pregunta si arrojó comida "por accidente o a propósito", podría responder con una de las dos opciones "sin ningún conocimiento real de lo que realmente significa un concepto abstracto difícil de inferir".


Durante un experimento, los investigadores pidieron a 24 niños de aproximadamente dos años de edad un conjunto de 20 preguntas de dos opciones reflejadas por dos pegatinas en una pizarra. Algunas preguntas involucraban a un oso polar llamado Rori, como "¿Rori vive en un iglú o en un tipi?" - mientras que otros se centraron en un oso pardo llamado Quinn, por ejemplo, "¿Debería Quinn traer una mochila o una lonchera a la escuela?".


En la prueba, los niños podían responder las preguntas verbalmente o señalando una de las calcomanías frente a ellos.


Los investigadores de la Universidad de California Irvine, hallaron que los chicos suelen elegir la última opción que se les da, aún si no es lo que quieren.


Después de que se hicieron las 20 preguntas, los investigadores volvieron a plantear las mismas preguntas, pero esta vez les cambiaron el órden: "¿Quinn debería traer una lonchera o una mochila a la escuela?".


En respuesta a estas preguntas, algunos de los niños en edad preescolar señalaron las calcomanías para indicar su respuesta, y eligieron la segunda opción la mitad del tiempo (lo que refleja, aproximadamente, las probabilidades de azar).


Pero para la mayoría de los niños que dijeron sus respuestas, la segunda opción fue elegida el 85 por ciento de las veces, y eso era así sin importar si el oso era Quinn o Rori.


"Cuando un niño señala, puede ver las opciones y elegir su preferencia real", explica Sumne; y agrega: "Cuando no tienen referencias visuales y solo escuchan 'o', son capaces de mantener la opción mencionada más recientemente dependiendo del bucle fonológico".


El bucle fonológico es un componente de la memoria de trabajo que se ocupa de la información auditiva, y un experimento de seguimiento de Sumner y sus colegas sugiere que los preescolares podrían tener un uso limitado de este sistema.


La hipótesis es que los niños no puedan identificar y recordar dos opciones lo suficientemente bien como para compararlas y responder, por lo que simplemente hacen eco de la última que escucharon.


Cuando se les pidió a otros 24 niños que inventaran un nombre para los personajes de juguete eligiendo entre dos nombres sin sentido con varias sílabas, los investigadores encontraron un sesgo reciente en todo el proceso, especialmente cuando las palabras extrañas eran más largas.


Si a los chicos se les da dos opciones, suelen elegir la segunda en la mayoría de los casos, aún cuando no les convenga.


"Los niños entienden cómo suena el habla, pero no necesariamente lo que significan las palabras", dice Sumner. "Entonces, al hablar, simplemente repiten la opción mencionada más recientemente".


Incluso hay alguna evidencia de que este efecto de eco existe a mayor escala fuera del laboratorio.


Examinando ejemplos de la vida real de conversaciones entre padres e hijos en el Sistema de Intercambio de Datos del Idioma del Niño (CHILDES), los autores analizaron 534 preguntas que incluían el "o". Para los niños de uno y dos años, descubrieron que el número de segundas opciones rondaba el 64 por ciento, mientras que para los niños de tres y cuatro años, las dos opciones se dividieron equitativamente.


Según los investigadores este sesgo de actualidad parece estar presente hasta aproximadamente los tres años de edad. "Nuestro estudio demuestra la importancia de cambiar el orden de las opciones cuando se les pregunta a los niños pequeños acerca de sus preferencias, porque no siempre saben lo que dicen", dice Sumner.


"Para los psicólogos experimentales, los métodos de investigación que requieren respuestas verbales deben ser cuidadosamente equilibrados. Sin embargo, los padres pueden desear usar un diseño tan sesgado cuando preguntan a los niños pequeños si les gustaría pastel o brócoli", cerró el experto.

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