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    10.08.2019 -    
Con la tecnología como estandarte, los nativos digitales ya son protagonistas en los lotes
Cuatro sub-30 ponen bajo la lupa el futuro del agro, analizan la comunicación y su rol en un contexto de inexorable evolución tecnológica.

Con la tecnología como estandarte, los nativos digitales ya son protagonistas en los lotes

En 2003 Mark Zuckerberg hacía las primeras incursiones en lo que luego sería Facebook. Youtube surgió en 2005, Twitter en 2006 y WhatsApp apareció como app en los teléfonos del mundo en 2009. Podría decirse que quienes hoy tienen entre 20 y 30 años (nacidos en los años 90) se hicieron niños con una lógica de pensamiento, comunicación y resolución de problemas distinta. 


Durante mucho tiempo (aún hoy pasa, no sólo en Argentina, también en Europa), parecía que la innovación en todos lados iba en ascensor y en el campo por escalera. Sin embargo, los tiempos se han acelerado vertiginosamente y en un parpadeo las innovaciones tecnológicas también desembarcaron en el agro.


Los sub-30, nativos digitales, son los que se están incorporando a los agronegocios y motorizando este cambio. Para conocer más sus ideas y visión del sector agropecuario, Clarín Rural convocó en el marco del Congreso de Aapresid a cuatro jóvenes que participan de Aapresid joven. Daniel Pérez (25 años), de Corrientes; Franco Bardeggia (24) oriundo de Corral de Bustos, Córdoba; Nicolás Marinelli (26) de Venado Tuerto, Santa Fe; y Pilar Viazzi (25) de Tandil, Buenos Aires.


Bardeggia aseguró que el único camino para producir alimentos es hacerlo con responsabilidad ambiental y social.


Todos han tenido, de chicos, una ligazón (más o menos directa) con el trabajo de campo. Todo empieza como un juego de sábado a la mañana y vacaciones de verano y termina siendo una profesión que se lleva con pasión. “Nací prácticamente pegado al campo, iba todo el tiempo, con mi tío, lo que hizo que desde chico supiera que quería hacer algo vinculado con agronomía”, contó Bardeggia, que terminó la carrera de agronomía a comienzos de año y en seguida se apuntó para ser gerente técnico de la Chacra Aapresid en Justiniano Posse, donde actualmente trabaja.


Andar entre rastrojos, cultivos y “fierros” es lo que desde muy chico vivió Nicolás Marinelli, junto a su padre Sergio, uno de los impulsores de la regional Aapresid Venado Tuerto y reconocido contratista del sur santafesino. “Siempre me gustó mucho lo tecnológico, empecé de chico con aeromodelismo, soy piloto de avión, estudié agronomía hasta cuarto año, y hoy sigo estudiando día a día, como autodidacta, porque la innovación y las novedades no paran”, contó Marinelli.


Marinelli desarrolló un helicóptero a control remoto para hacer aplicaciones.


En 2015, en el concurrido curso de Agricultura de Precisión organizado por INTA Manfredi, Marinelli mostró una innovación propia: un helicóptero a control remoto para hacer pulverizaciones. Desde entonces, fue un espiral de crecimiento. Hoy trabaja en desarrollos junto a Cicaré (fabricante de helicópteros) y tiene algunas patentes en proceso de escritura (no puede adelantar detalles).


“Acompañando a mi padre y mi abuelo desde chica encontré un sector que me encanta, disfruto ir al campo y me gusta la gente, y eso que siendo mujer al principio fue algo difícil pero hoy siento que las puertas se están abriendo y cada vez confían más en mí y mi capacidad”, relató Pilar Viazzi. Actualmente ese campo que manejaba su abuelo está alquilado, porque su padre se dedicó a otra cosa. El sueño de Pilar es, en unos años, tomar las riendas de ese establecimiento y volver a darle una impronta familiar.


Marinelli imagina un futuro agrícola totalmente robotizado y con inteligencia artificial.


Daniel Pérez vivió en carne propia el trabajo de su padre en empresas agropecuarias del centro-sur correntino, más que nada ligadas al negocio arrocero. “Estoy terminando la carrera pero trabajo con otros jóvenes en el desarrollo de sistemas mixtos para esta región en donde ha crecido mucho la ganadería, queremos buscar esquemas agrícolas compatibles, por ejemplo, con trigo”, contó.


Un espacio de co-experiencia

Daniel se acercó a Aapresid en el Congreso de 2017; Franco en el de 2018 (fue asistente en uno de los talleres y, como curiosidad se sumó a una charla de jóvenes); Nicolás a través de su padre; y Pilar en una Expoagro (entró al stand, se interiorizó y se hizo socia).


Viazzi reconoció que la sociedad presiona cada vez más al sector para que demuestre que produce con sustentabilidad.


“Estar en Aapresid joven nos da un espacio institucionalizado para que podamos formarnos y lo que más valoro son las ganas de compartir experiencia y poner la inteligencia colaborativa en acción, aprendiendo juntos en una co-experiencia”, explicó Pérez.


Como las distancias que los separan son amplias, y no tienen posibilidad de viajar demasiado, hacen una reunión presencial por año, durante el Congreso de Aapresid, tienen un grupo de WhatsApp que los mantiene conectados y se nutren con encuentros virtuales y capacitaciones on line.


“El espacio me ha dado el lugar para expresar ideas y propuestas, creo que somos la generación que más nos tenemos que preocupar por preservar los recursos porque es lo que el día de mañana nos va a permitir seguir trabajando”, opinó Bardeggia. En una misma sintonía, Marinelli consideró que pueden aportar “al entendimiento de cómo funcionan las nuevas tecnologías que sirven para ser más conscientes y precisos en el uso de insumos y el cuidado del medioambiente”.


En Corrientes y en plena zona arrocera, Daniel Pérez está buscando esquemas agrícolas compatibles con el trigo.


“Tenemos un lugar importante dentro de Aapresid que nos sirve a nosotros para nutrirnos, pero también, para prepararnos a todo lo nuevo, tenemos facilidad para acercarnos sin miedo a las innovaciones, y eso va a ser importante en la agricultura que viene”, dijo Viazzi.


Los beneficios de innovar

“La innovación es eficiencia, ese es el mensaje que tenemos que llevar nosotros, los jóvenes, a quienes no se han podido adaptar a les nuevas tecnologías”, opinó Viazzi. Y agregó: “Por eso, en adelante, el rol del ingeniero agrónomo va a ser cada vez más importante y necesario, nuestro desafío es mostrarle a ellos todos los beneficios que trae la innovación, sin miedo, lo que nos demanda estar altamente capacitados y especializados”.


“Los jóvenes tenemos un rol fundamental en contar al mundo todo lo que Argentina tiene en sistemas sustentables, en donde se busca producir la mayor cantidad posible por unidad de área y usando de manera más eficientes los recursos”, aportó Pérez.


Para Bardeggia hay muchos desafíos por cumplir: “Sabemos, y un trabajo reciente de la ONU lo expone más directamente, que el único camino para producir más alimentos es hacerlo de manera más sustentable, sin afectar la sociedad ni el ambiente, y el camino es la tecnología, por eso veo una agricultura muy tecnologizada”.


“Imagino un futuro agrícola totalmente robotizado, con una comunicación bidireccional entre el productor y el equipo, pero también entre los contratistas, dueños de campos, inversores y asesores, con inteligencia artificial que nos va a permitir simplificar procesos que antes llevaban mucho tiempo”, se entusiasmó Marinelli. Aunque agregó: “Ojo, no creo que todo esto vaya a desplazar a personas que toman las decisiones importantes”.


Hacerlo bien y contarlo 

Los que se están iniciando en la actividad agropecuaria no están ajenos al desafío que tiene el sector por delante: no sólo se trata de producir más y mejor, de incorporar nuevas tecnologías, y todo, en un marco de sustentabilidad… pero no termina ahí, porque además de hacerlo, hay que contarlo y explicarlo a la sociedad, a las comunidades en las que viven.


“Uno de los grandes desafíos es ayudar en el entendimiento de los procesos productivos, en un mundo en el que abundan los medios para informarse, hay mucha gente desinformada”, reconoció Pérez. Y agregó: “Tenemos que construir mensajes, pero a partir de la ciencia y la tecnología, no apartarnos de esa línea de conocimiento y difusión, pero para eso hay que salir de nuestro entorno de confort”.


Bardeggia lamentó que gran parte de la comunicación está estructurada “a partir de ideologías”. Valoró lo que se está haciendo desde programas como Municipio Verde (por ejemplo, Monte Buey y Cosquín) o Aula Aapresid (se cuenta en colegios, pero también a funcionarios, cómo se produce y se aclaran dudas). “Estas cosas nos pueden ayudar a mejorar la comunicación, y todo se multiplica en las redes sociales”, dijo.


Para Marinelli, todo lo que pueden aportar los jóvenes desde le manejo de redes sociales son y serán importantes para difundir el mensaje. “El desafío es llegar a la comunidad con información amigable, más entendible, con videos, más interactivo, no algo tan técnico, tienen que saber cómo trabajamos”, dijo.


Viazzi destacó que “la sociedad presiona cada vez más al sector para que demuestre cómo produce” y los que estén en la producción en adelante “van a tener que entender esto y cambiar el modelo”. La tandilense se refiere a un uso más ajustado de fitosanitarios, con más cultivos de servicio. “Vamos a tener que rompernos más la cabeza, porque las soluciones no van a venir de bombas químicas”, sentenció.


Cómo se arma el semillero

Aapresid joven tuvo varias etapas. Hace dos años, el por entonces presidente de la institución, Pedro Vigneau, le pidió a José “El Chino” Galvano que reactivara el vínculo y convocatoria de los sub-30.


“Es un espacio interdisciplinario con más de 200 jóvenes de entre 18 y 28 años que intercambian sus miradas y dudas, pero también se capacitan y van empezando un relacionamiento”, contó Galvano. Y agregó: “Estamos convencidos que la institución necesita sangre joven y es fundamental no sólo tenerlos en cuenta, sino también escucharlos”.


Galvano destacó que “tienen otra forma de comunicarse, la tecnología para ellos es un estandarte”. Están viendo la posibilidad de darle otra estructura más firme y recursos dentro de Aapresid, para que tengan autonomía.


“Es un momento de enormes oportunidades detrás de los cambios que se vienen, con la bioeconomía como eje en un sector en el que Argentina tiene un futuro impresionante”, contó Pedro Vigneau, ex presidente de Aapresd y actual subsecretario de Mercados Agroindustriales. Y agregó: “Tenemos en los jóvenes depositadas esperanzas de generar un desarrollo en serio de nuestro país con la enorme cantidad de posibilidades que nos va a brindar la tecnología para poder ofrecerle al mundo alimentos, fibras, energía, biomateriales, bioremedios, en fin, de todo”.


Pensando también en la bioeconomía, María Beatriz “Pilu” Giraudo, ex presidenta de Aapresid y primera presidenta del Aapresid Joven, destacó que “los jóvenes representan la tranquilidad de que todo lo que pensamos sobre el potencial del campo argentino y su participación estratégica en el desarrollo del país y el mundo no es utópica, es posible”. Y agregó: “No sólo me refiero a la producción en sí, sino también al agregado de valor en origen a través de nuevas tecnologías”.


Giraudo destacó la importancia de canalizar esta impronta a través de instituciones para que sea una evolución compacta, “que no depende de las personas de turno”.


Los jóvenes son el futuro, pero también son presente. Hay que escucharlos, entender su lenguaje, dinámica de razonamiento e inquietudes. Pero también guiarlos y acompañarlos en su derrotero. Los desafíos para el sector son muchos. Ellos serán el vehículo para ingresar todas las innovaciones que permitan producir alimentos eficiente y sustentablemente.

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