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    17.08.2019 -    
Dogfulness: 10 lecciones que podés aprender de tu perro
Desde hacer ejercicio todos los días hasta sacarse la correa de vez en cuando.

Dogfulness: 10 lecciones que podés aprender de tu perro

Alguien dijo que el perro es el mejor amigo del hombre (y de la mujer) porque le da exactamente igual que no le hagas mucho caso, que no te vistas con ropa de moda, el auto que conducís, en qué barrio vivís o cuántos amigos tenés. Un perro, simplemente, te quiere y te acepta tal y como sos, de forma incondicional. Mark Twain escribió: “Un perro es un caballero: es sincero, no miente, no engaña, no traiciona, es generoso, es altruista, tiene confianza”. Milan Kundera afirmó: “Los perros son nuestros intermediarios con el paraíso. Sentarse con un perro en una colina una tarde espléndida es como volver al Edén, donde no hacer nada no era aburrido: era la paz”. Daniel Pennac, por su parte, dijo: “Uno cree que saca al perro a hacer pis a mediodía y por la noche. Craso error: son los perros los que nos invitan a la meditación dos veces al día”.


Quizá no todo el mundo sabe que Freud, el padre del psicoanálisis, tenía una ayudante muy especial, la perrita Jofi, una chow chow con la que estaba muy encariñado y que entraba y salía libremente de su consultorio mientras él recibía a sus pacientes. Jofi ayudaba a Freud porque tenía la capacidad innata de darse cuenta de si un paciente estaba tranquilo (y entonces se acercaba a él pidiendo caricias) o si estaba nervioso, en cuyo caso se mantenía alejada.


El autor italiano Paolo Valentino publicó recientemente en Italia Lezione di Dogfulness (Mondadori Libri), un libro delicioso en el que, además de leer anécdotas como la de la perrita de Freud, invita a los lectores no sólo a meditar, sino a recuperar la alegría de vivir fijándose en el comportamiento de los perros. He aquí algunas de las lecciones de vida que, según Valentino, podemos extraer si nos detenemos a observar a nuestra mascota:


1. Agasajá a tu visitante

¿Hay algo más lindo que el hecho de que alguien venga a visitarte? Cuando tu invitado llame a la puerta corré a recibirlo, dale un abrazo o un beso, invitalo a tomar algo. Aunque tu casa sea tu reino, no es una casa de verdad si no es, también, una casa para los demás.


2. Olé y dejate oler

Los demás siempre son un mundo por descubrir, un mundo que puede ser muy diferente del tuyo. A veces basta con muy poco para conocerse. No hace falta hablar demasiado, analizar o examinar: es suficiente con “olerse” para saber si hay sintonía. Y sobre todo, dejá que los demás también te puedan oler, dejá que te descubran.


3. Hacé ejercicio todos los días

Caminar vacía la mente y activa el cuerpo. Mientras movemos los pies, un paso tras otro, la mente es capaz de encontrar un ritmo más sereno. Aprovechá los paseos con tu perro, si lo tenés, para caminar más, probar nuevos recorridos… Alargá las caminatas un poco y tu humor y tu estado físico mejorarán.


Recibí con alegría a tus invitados.


4. De vez en cuando, sacate la correa

En algunos momentos conviene escapar, liberarse y largarse a correr sin mirar atrás. Correr, correr y correr sólo por las ganas y el placer de hacerlo, de sentir el viento en la cara, el suelo bajo los pies. Saboreá el jadeo que aparecerá a medida que te vayas cansando: es la libertad que, cuando lo desees, está siempre al alcance de tu mano.


5. Explorá el mundo, pero recordá de dónde venís

A veces es suficiente con cambiar de recorrido para ir al trabajo, bajarse en una parada desconocida o pasear por un barrio distinto para descubrir un mundo completamente nuevo. Explorar lugares nuevos, hacer amigos diferentes es algo necesario y muy positivo. Cada vez que lo hagas, no obstante, hacé como tu perro y acordate de tener algunos puntos de referencia que puedas usar cuando quieras regresar a casa.


6. Alzá la voz para lanzar una advertencia

A algunas personas les molestan los ladridos de los perros, otras los temen. De los perros podemos aprender que es más sano lanzar una advertencia y exteriorizar un malestar que guardárnoslo para nosotros.


Los perros no tienen complejos a la hora de pedir lo que necesitan.


7. Cuando haga falta, enseñá los dientes

No todo el mundo es siempre amable ahí afuera. Cuando tropieces con alguien así pensá en tu perro y no dudes en enseñar los dientes e incluso en gruñir un poco. Los malintencionados se desanimarán y se esfumarán y vos podrás seguir tranquilo tu camino.


8. Los besos son importantes

Aprendé de las espontáneos lamidas de tu perro y no te olvides de besar a las personas que querés todos los días.


9. Sé siempre agradecido con quien te da de comer

Cuando alguien cocina para vos mostrale lo feliz que te hizo su gesto, pedile repetir, expresá tu satisfacción. Con tu alegría le devolverás el regalo que hizo.


10. Si necesitás, pedí

Algunas personas convierten en una virtud el hecho de no necesitar nada de los demás, e incluso presumen de ello. Los perros, en cambio, no tienen complejos a la hora de pedir lo que necesitan cuando lo necesitan: salir a la calle, comida, mimos… De vez en cuando, aunque te cueste, pedile a alguien que te dé una mano… o una pata.

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