Junín, Jueves, 19 Sept 2019  |  05:15 hs.
 Martes 10 de septiembre de 2019                200
    10.09.2019 -    
Cómo encontrar una segunda oportunidad después del dolor
Se trata de poder dar vuelta el conflicto y ver que debajo está la llave para una nueva reinvención, dice el psicólogo Alejandro Schujman.

Cómo encontrar una segunda oportunidad después del dolor

“Clavo mi remo en el agua,

llevo mi remo en el mío

creo que he visto la luz al otro lado del río”


Desde el 3 de agosto cada vez que escucho esta canción de Jorge Drexler (y lo hago seguido ya que es uno de mis cantautores favoritos), me acuerdo de ellas. De manera casual, tuve la fortuna de oficiar de presentador de un evento en el que una especialista daba herramientas para el maquillaje y la estética a pacientes oncológicos en tránsito.


Era un sábado a la tarde en la ciudad de Neuquén y ellas estaban allí sonrientes, muchas con sus pañuelos en pleno proceso de tratamiento con radioterapia y quimioterapia, algunas con bastón.


El salón estaba lleno de vida. Me paré frente a ellas para dar comienzo al evento y me pasó lo que hacía mucho no me sucedía frente al auditorio. Ellas no lo percibieron, y cuando lean estas líneas lo sabrán. La palabra se detuvo, y me quedé observando sus ojos, sus miradas. Habían sufrido, y muchas de ellas todavía lo hacen, pero tenían esperanza, una cepa que no se ve muy seguido. Sus ojos hablaban, eran las miradas más expresivas con las que me había encontrado en el último tiempo. Eran unas veinte, pero parecían muchas más. Ojos brillantes, tenían ojos brillantes, porque apostaban, ineludiblemente, a la vida.


Hablo de las mujeres de la asociación Rosa Fénix Patagonia Argentina. Mujeres que deciden hacer algo distinto y opuesto a la resignación, frente a un diagnóstico que paraliza, frente al miedo más profundo que puede sentir un ser humano.


Deciden tomar como herramienta para afrontar la enfermedad un deporte nuevo en nuestro país, pero que tiene más de veinte años en el mundo: el paleo en bote Dragón personas que hayan transitado un cáncer.


El doctor Donald Mc Kenzie descubre a partir de sus investigaciones esta actividad como alternativa para las mujeres que ven dañadas sus cadenas linfáticas por la enfermedad y de esta manera fortalecen esa zona del cuerpo, después de las extracciones de los ganglios axilares. Cambia la forma de remo tradicional, y ayuda de esta manera a la rehabilitación de las zonas dañadas.


Pero además lo hacen en equipo, y sanan cuerpo y alma. Y reman, y cantan a la vida, y asumen el dolor desde el renacer. Produce una recuperación del espíritu, no solo del cuerpo, me dicen, porque reman todas juntas, van juntas hacia un sueño.


Y en ese sueño deciden fundar una asociación civil, para impulsar la detección precoz y para sumar nuevos dragones que apuesten por la vida. Ellas tienen la fuerza del dragón, y por eso me quedo mirando sus ojos unos segundos (maravillosos y eternos) antes de poder comenzar a presentar el evento al que habían asistido.


El ser humano se enferma en soledad, pero la curación es en grupo, en equipo mejor dicho y estas mujeres son un conmovedor ejemplo.


Ellas creen en segundas oportunidades, en terceras, y pueden enfrentar sus miedos y nuevos desafíos.




El nombre de la asociación es Rosa Fénix. Rosa por el color distintivo de la lucha contra el cáncer de mama, Fénix porque han renacido como el ave mitológica. Su lema: “Superamos el pasado, vivimos el presente, remamos por un futuro”. Lo escribo y se me anuda la garganta.


Aprendamos de ellas, tienen mucho por decir. Hacen un canto a la resiliencia, deciden sin dudar que la vida es una, y no se dan por vencidas por más dura e invasiva que sea esta enfermedad.


Cuando la chicas de Rosa Fénix reman todas juntas el bote se mueve más rápido, cada una es parte de ese movimiento y van todas hacia el sueño de volver a vivir libres y renovadas.


Podemos elegir

Sentir que uno tiene segundas oportunidades es poder dar vuelta el conflicto para ver que la punta del iceberg es lo que nos asfixia y nos agobia, y debajo de eso está la llave para una nueva reinvención, porque la vida se trata de eso, de ciclos donde el dolor y la contrariedad nos obligan a reinventarnos.


Aprender de estos ciclos y de cómo resolvamos cada una de las crisis dependerá la calidad de vida que tengamos. Tenemos dos caminos pelearnos con el destino y preguntarnos, golpeando el pecho: “¿Por qué a mí?” y llorar, solo llorar y dejarnos caer; o tratar de buscar el “para qué” y aprender, y estas mujeres lo hacen, y yo las aplaudo de pie, porque son un ejemplo y me conmueven.


***

“Mi vida se terminó. Sigo por los chicos, pero por mí ¡¡¡no va más!!! No lo puedo manejar, para mí se terminó. Mi vida le di y así me fue, yo no lucho más. Y ni se te ocurra decirme que algún día puedo volver a enamorarme, Se terminó. Game over. No cuenten conmigo, hasta acá llegué.”


La escuché, 38 años, desconsolada, no puede parar de llorar desde hace un año cuando descubrió que su marido la engañaba. Ella está convencida que su vida término en lo que a disfrutar, amar y ser amada se refiere. Que solo le queda permanecer y transcurrir. Y es tan joven, y tiene tantos horizontes nuevos por vivir.


Ella no lo sabe aún, el dolor es más fuerte, y su decepción, su ego herido ocupa absolutamente todo el espacio de su mente.


Me acuerdo de las mujeres de Rosa Fénix, de los ojos brillantes en Neuquén, y pienso cuánto tiene esta mujer que despotrica por lo injusto del destino para aprender de ellas.


Ella no cree ahora en segundas oportunidades. Le conté de Rosa Fénix, le pregunté si es que ella decide dejarse abatir o tomar los remos para superar el dolor y crecer, y volver a creer. Porque de eso se trata, levantar la vista y creer que se puede.


Nos sumergimos a menudo en un sufrimiento que vivimos como mucho más intenso de lo que en realidad es.


Comparto una pequeña historia de mi cosecha personal.


Hace ya un tiempo largo caminaba una mañana por el barrio de Caballito, en la Ciudad de Buenos Aires.


Era para mí uno de esos días poco amorosos, o mejor dicho estaba con un humor espantoso. Nada grave en lo objetivo, pero no paraba de protestar por esto, por aquello, por lo de más allá. Ceño fruncido, los pies pesaban toneladas y allá iba, quejumbroso.


Voy cruzando el parque Rivadavia y a metros míos un hombre se levanta de su cama (que era el pasto), abre los ojos, estira sus brazos hacia el sol que brillaba y yo ese día no lo había visto. Sonríe, saluda, sonríe con toda su cara, y grita, feliz, “¡Buen día a todos!”.


Alguno de los dos estaba equivocado pensé, si este hombre puede empezar su jornada con ese humor, yo que venía de darme una ducha calentita, después de salir de mi cama acolchonada con mi cabeza en una almohada de plumas, de desayunar café caliente con tostadas y frutas andaba rumiando por ahí y él, feliz, gritando un ¡buen día a todos!


Algo anda mal cuando el sufrimiento o malestar se apodera de nosotros y toma el mando de nuestras vidas.


Algo anda mal cuando nos damos por vencidos, cuando pensamos que se terminó. A veces el alivio está tan cerca, tan cerca, que ni siquiera sospechamos que existe.


Está tan sobre nuestras cabezas que ni siquiera imaginamos qué hay algo más allá.


Tan cerca a nuestro aliento que ni siquiera podemos soñar que más allá del gusto amargo que tenemos hay otros sabores posibles. Tan pegado a nuestros ojos que ni siquiera atisbamos a un mínimo signo de interrogante, a sospechar que además de nuestra mirada hay otros ojos que ven otras cosas y otras cosas que no ven nuestros ojos.


En la punta de nuestra lengua, pero esta tan reseca esa boca que la punta queda tan lejos. A menudo el alivio está ahí, está… Y este es el mayor obstáculo y el enemigo más duro para las segundas oportunidades y para animarse a volver a empezar.


Creer que después del dolor puede haber algo distinto, que la historia no tiene por qué repetirse, y que tenemos los recursos internos para que algo distinto nos suceda.


Que la fortuna, el destino, azar, o como queramos llamarlo, no es la única variable en nuestras vidas, que podemos ser verdaderos protagonistas de nuestra historia.


Que somos actores y que las segundas oportunidades dependen mucho más de lo que creemos de nuestras decisiones, empeño, fuerza de voluntad y capacidad de levantar la frente, dejar que el sol nos pegue en la cara.


Si estás sufriendo por amor, respirá hondo, estirá los brazos, tomá los remos y remá… Si te duele el corazón, remá.


Si parece que nada bueno va a suceder en los próximos años de tu vida, remá.


Si la crisis en este amado y golpeado país te aprieta el pecho, el bolsillo, la garganta.


Si los pies te pesan cada día al despertarte, si la ira es más fuerte que la esperanza, si el corazón se te ha estrujado y no encontrás argumentos para que vuelva a desplegarse.


Si la historia te ha golpeado más de lo que creés soportar.


Si nada parece alcanzar, remá, remá, remá.


Aclaración importante: el remar también contempla la posibilidad de contar con el otro, pedir ayuda, compartir el sufrir y agrandar el bote para que entren mas remos. A veces no podemos solos y aceptar nuestras limitaciones es parte del crecer en la crisis.


Porque hay vida, porque hay tiempo, porque remando la rueda empieza a girar, remá. Como reman las mujeres de Rosa Fénix, como podemos y debemos remar todos cuando las cosas no son como queremos, cuando la vida golpea, más o menos fuerte.


*Alejandro Schujman es psicólogo especializado en familias. Autor de Generación Ni-Ni, Es no porque yo lo digo y Herramientas para padres.

« volver atrás