Junín, Lunes, 20 Enero 2020  |  11:13 hs.
 Lunes 02 de diciembre de 2019                338
    02.12.2019 -    
“Me la llevo”: cómo ayudar a los hijos con materias pendientes
En diciembre, también aumenta el estrés para ellos: rendir acerca del conocimiento obtenido produce crisis en muchos niños, niñas y jóvenes. Cómo actuar.

“Me la llevo”: cómo ayudar a los hijos con materias pendientes

Últimos días de clase. El calendario marca la proximidad de las Fiestas de fin de año, de las vacaciones. Sin embargo, estas semanas que faltan para el cierre del año escolar, vienen cargadas de presiones: exámenes finales, lecciones orales o presentaciones de trabajos prácticos para levantar notas, completar carpetas “a las corridas”, clases particulares a las apuradas… y aún así, habrá materias que no se salvarán y habrá que seguir cursando y estudiando durante diciembre. La pregunta es: ¿pueden los chicos con todos eso?


“Los niños, aunque algunos se sorprendan, también se estresan”, afirma la especialista Laura Lewin, autora, capacitadora y oradora TEDx. “Demasiadas preocupaciones, problemas o cambios en casa, dificultades de relación con otros, expectativas desmedidas, y otros motivos hacen que se estresen. Y en diciembre… sube el estrés​. Exámenes, cierre de notas, presentación de trabajos, ¿apruebo o repito?”, agrega.


Según la autora de “Que Enseñes no Significa que Aprendan” (editorial Bonum) y co-autora de “Educación Transformada” (Santillana), entre otros títulos, el estrés es “la manifestación del cuerpo frente a las preocupaciones y las exigencias que producen ciertas demandas”. Estas presiones pueden ser internas (propias de los niños: auto-exigencia, necesidad de complacer al otro, de encajar en un círculo, etc.) o externas (la familia, los amigos, la escuela, etc).


“Una agenda recargada de actividades, sin oportunidades de recreación, de creatividad, o sencillamente de no hacer nada, también puede generar estrés y ansiedad”, fundamenta Lewin.


Consecuencias de vivir a las corridas

En este contexto, el modo de vida que llevamos en la actualidad, a las corridas, sin tiempo para el disfrute, no colabora en nada con la situación, sino todo lo contrario. Según la licenciada en psicología Ana Gaddi, el estrés de niños y adolescentes responde al modo de vida y a la exigencia de terminar con todas las materias aprobadas, todo sumado al cansancio acumulado en esta época del año.


“Si a este contexto se agregan además compromisos, ceremonias y despedidas con agendas atiborradas, sin duda surgen respuestas de estrés”, dice la psicóloga. Y agrega: “Diría, además, que los niños y jóvenes se estresan por no poder cumplir con las expectativas, principalmente las de los padres”.


¿Podríamos afirmar que en la actualidad los chicos padecen más estrés que antes? “En otras épocas, cuando quienes hoy son padres o abuelos eran niños, la situación era muy distinta”, responde Gaddi, que además, dicta talleres de expresión emocional. “Había niveles manejables de estrés. Determinada situación lo producía y luego las cosas volvían a su curso normal”, dice. Y continúa: “Las épocas cambiaron.


La sobreestimulación actual es tal que apenas alcanzamos a 'procesar' y 'elaborar' lo que acontece a lo largo del día. Hoy las jornadas suelen ser extendidas, tanto la mamá como el papá necesitan trabajar y los chicos llegan a casa muy cargados y con poco espacio de esparcimiento, juego y contención”.


Según la psicóloga, lo que se vive en esta época del año, cuando hay que rendir acerca del conocimiento obtenido, produce crisis en muchos niños y jóvenes. “Y se observan de manera intensa y frecuente respuestas de ansiedad a estas situaciones”, agrega.


A nivel orgánico, el estrés también provoca cambios. “Los estudios demuestran que altos niveles de cortisol (una de las hormonas del estrés) en el organismo inhiben el aprendizaje”, indica Lewin.


Recomiendan hablar del tema con tranquilidad, no como un trámite.


Reconocer el problema para poder avanzar

Para Lewin, reconocer que los niños están estresados es el punto de partida para ocuparnos de cambiar la situación. “Debemos estar atentos a las señales que nos muestran que nuestros niños o jóvenes pueden estar atravesando situaciones de angustia y de estrés”, enfatiza.


Según la experta, las manifestaciones pueden ser:


✔️Emocionales. Se frustran, están ansiosos, tienen miedo, están nerviosos. Protagonizan rabietas, sienten una excesiva dependencia materna o paterna, tienen fobias.

✔️Físicas. No duermen bien, tienen pesadillas, enuresis nocturna, cambios de conducta en la alimentación, dolores (de cabeza, de estómago), contracciones musculares, etcétera.

✔️Mentales. Tienen olvidos, pensamientos rumiantes (piensan en lo mismo repetidamente), son demasiado autocríticos, tienen miedo al fracaso, etcétera.

✔️De conducta. Hay llanto, risa nerviosa, agresividad, bruxismo, tartamudez, sudor, baja del rendimiento escolar. No quieren jugar. Quieren estar solos o no pueden estar solos. Comienzan a mentir. Muestran reacciones desmedidas, etcétera.


“Bajar el nivel de estrés es de vital importancia para lograr una vida más sana, más equilibrada y alegre”, dice la autora. Según la experta, con el tiempo y a medida que van creciendo, muchos niños aprenden a gestionar su propio estrés a través del juego, del deporte y de las relaciones sociales. “Pero esto no pueden lograrlo solos, necesitan de la ayuda de los papás”, sentencia.


Cómo ayudarlos

“Para ayudar a nuestros hijos a manejar el estrés, debemos, primero, hablar con ellos. Ver qué les genera la ansiedad que están manifestando. Busquemos oportunidades de hablar con ellos en entornos tranquilos, y dediquémosles tiempo y paciencia. No lo hagamos si estamos apurados o como un trámite”, recomienda Laura Lewin.


La licenciada Gaddi aconseja “autorregular nuestras emociones para poder acompañarlos a transitar estos meses de la manera más saludable posible”. Y continúa: “mantener la calma, para operar como modelos, hablar, acompañar y sostener. Habilitar la posibilidad del error y mantenerse atentos a las exigencias desproporcionadas. Realizar acuerdos y establecer consecuencias para favorecer una conducta responsable. Y por sobre todas las cosas, expresar en voz alta nuestro amor y apoyo incondicional hacia ellos independientemente de sus logros”.


En opinión de la licenciada en psicopedagogía Valeria Rolando Chetta, son fundamentales la organización y la planificación anticipada de los distintos momentos del año. “Que los adultos puedan ayudar y enseñar a sus hijos a organizarse, planificar, gestionar sus horarios y fomentar hábitos de estudio desde temprana edad, marca la diferencia”, dice.


“Cuando, como familia, fomentamos organización, rutinas, hábitos, etc, el fin de año no nos toma tan por sorpresa y se minimizan los niveles de ansiedad y estrés, porque es un trabajo sostenido que se vino realizando todo el año. Una buena manera de enseñar así el valor de la constancia y a no procrastinar”, agrega.


¿Vale ayudarlos a estudiar?

Es una pregunta clave de todos los padres a esta altura del año. “Depende de la edad cronológica y madurativa y del nivel que estén cursando”, responde Gaddi.


“Si han podido a lo largo del año lograr un buen rendimiento, será solo repaso y uno podrá estar para tomarles la lección y así acompañarlos solo si lo requirieran. Siempre se favorecen los niveles de autonomía. Si por el contrario la adquisición de los aprendizajes ha sido dificultosa a lo largo del año, sin duda alguna indicaría un acompañamiento de algún maestro de apoyo para darle confianza, creando un clima de seguridad para que el aprendizaje ‘acontezca’ y puedan tener un buen desempeño en los exámenes finales”, aconseja la psicóloga.


En opinión de Rolando Chetta, es recomendable que las familias acompañen en sus aprendizajes, les ayuden con las tareas, a organizarse, a estudiar hasta alrededor de los 10 años. “La idea siempre es poder fomentar hábitos de estudio que apunten a la autonomía y la confianza y no a que el niño o la niña sientan que sin un adulto no lo pueden lograr. Así es que a partir de 5° o 6° grado, se suelen introducir diferentes herramientas tales como agendas, calendarios o demás recursos para que comiencen a ejercer la autonomía sobre sus deberes y responsabilidades”.


Según la especialista, es en esta etapa donde la persona adulta asume más un rol de supervisión y de estar alerta por si hay algo en lo que necesitan ser ayudados, pero “ya es buen momento para soltar algunas cosas y que, por ejemplo, si hay una tarea que se lleva sin hacer, dejar que el niño viva la situación y aprenda de sus consecuencias”, completa la psicopedagoga.


Hay chicos y chicas que necesitan acompañamiento de docentes de apoyo.


Que se lleven materias es también un aprendizaje

En ese sentido, adeudar asignaturas y tener que estudiar en diciembre también puede ser formativo, según Lewin. “Y si se lleva materias, no olvidemos que esta situación puede ser un gran aprendizaje para ellos. Podemos reflexionar juntos acerca de gente que se destaca o se ha destacado. Tal vez algún físico, un cantante exitoso o un empresario. Seguramente se distinguen por su talento, su pasión y su dedicación por lo que hacen o hacían. Pero también por la manera en que identifican, enfrentan y manejan sus debilidades, y cómo actúan frente a los obstáculos o los desafíos”, aconseja.


Y agrega: “Todos en algún momento hemos fracasado o cometido errores. Lo que nos diferencia a unos de otros es cómo hemos actuado frente a estos errores, y si los hemos podido capitalizar o nos han impedido avanzar. Una cosa es fracasar, pero otra, muy distinta, es pensar ‘que no servimos para nada’. Ahí es donde tenemos que accionar como padres. Debemos enseñarles a arriesgarse e intentarlo, aunque esto implique un posible fracaso”.


La autora afirma que esforzarse, perseverar y desarrollar una resiliencia emocional es más importante que el éxito o el fracaso en sí. “Debemos enseñarles a nuestros hijos a separar su autoconfianza del resultado. El éxito real no está en ganar o perder, sino en esforzarse al máximo, aunque las cosas no hayan salido como esperábamos”, agrega.


Somos el modelo para nuestros hijos

“Nuestros hijos están aprendiendo. Esto significa que alguien debe enseñarles. Si queremos que nuestros hijos aprendan, debemos mostrarles cómo hacer las cosas”, dice Lewin. “Enseñamos cuando específicamente les hablamos o explicamos algunas cosas, pero además enseñamos sin darnos cuenta, cuando nos observan, cuando nos imitan, cuando modelan nuestros comportamientos”.


A continuación, algunos consejos:

✔️Está bien exigirles, pero no debemos olvidarnos que cada niño tiene su propio ritmo y que necesitan un equilibrio entre sus demandas escolares y su tiempo de esparcimiento, recreación, o tiempo de “no hacer nada”.

✔️Unas mini-vacaciones pueden ayudar a superar episodios de irritabilidad, cansancio o agotamiento mental o físico. Momentos de esparcimiento, de juego o deporte pueden volver a restablecer el equilibrio físico y emocional.

✔️Priorizar. Qué es urgente, qué es importante, y qué no lo es tanto. Para los chicos, priorizar puede ser todo un desafío. Debemos enseñarles en dónde poner primero su atención.

✔️Enfatizar el valor del esfuerzo y la perseverancia por sobre la nota. Tenemos que lograr que los niños valoren el esfuerzo y la perseverancia, y que crean en sí mismos. La infancia es el momento de la vida en el que los chicos deben aprender a equivocarse y a aprender de los errores. De lo contrario, serán adultos sin perseverancia y no creerán en sus habilidades y sus capacidades para tener éxito.

✔️No olvidar lo básico: debemos respetar sus ciclos de sueño, higiene, una alimentación balanceada, y permitirles disfrutar de sus horas de juego y actividad física.

« volver atrás