Junín, Domingo, 19 Enero 2020  |  09:48 hs.
 Miércoles 15 de enero de 2020                260
    15.01.2020 -    
Tirar cosas del pasado: sensaciones que van más allá de la fiebre del orden
Valeria Schapira, escritora y creadora de Viajo Sola, revisa cajas y suelta viejos objetos para vivir más liviana y construir certezas más allá de lo material.

Tirar cosas del pasado: sensaciones que van más allá de la fiebre del orden

Una decena de mudanzas en las que las cajas con objetos me siguieron como mis heridas, como mis recuerdos, como mi historia. Durante décadas cargué con ellas, llevando mis vidas pasadas a mi presente.


Las cajas con maletines atiborrados de diapositivas familiares: mi hermana y yo, de bebés, en la bañera plástica. Mis padres en su luna de miel. Mis abuelos soplando velitas. Una Valerita de flequillo y lentes recitando poemas en actos escolares…


Las cajas de álbumes de fotos: mi papá soltero -un dandy- recorriendo mundo. Mi madre en sus intercambios estudiantiles. Mi viaje de egresados.


La caja de objetos peculiares: gemelos de camisas, un reloj sin malla, monedas, tarjetas en las que mi padre le decía a mi mamá que la amaba, algún aro sin compañero.


La caja de recortes: la primera nota que me hicieron en un diario zonal. Las que siguieron en revistas nacionales. La época en la que fui “mediática”. Mis desnudos en Interviú.


La caja de cartas de mi infancia. Lo que quedaba de dos baúles enormes –que ya habían sido objeto de curaduría previa- de la época en que estaba afiliada al club de “Pen Pals”: llegué a intercambiar correspondencia con más de 30 personas en el mundo.


La caja con mis diarios de adolescente. “Puchi”, “Toto” y tantos amores platónicos, costumbre que me duró por décadas. Los scrapbooks con calcomanías, postales y recuerdos de viajes. El “cancionero” en el que escribía a mano las letras del rock nacional para cantar con mis amigas.


La caja con los cassettes en los que relataba en detalle mis aventuras en Inglaterra (hace veinticinco años, llamar por teléfono larga distancia era para ricos).


Valeria Schapira y su caja con cassettes en los que relataba en sus aventuras en Inglaterra. Foto: Shutterstock.


La caja con mails que intercambiábamos con el corresponsal extranjero que robó mi corazón (impresos a escondidas en mi facultad de Sheffield).


La caja con tarjetas de negocios que ya no existen, personas que ya no están o, simplemente, cambiaron de trabajo.


La caja con recetas de Blanca Cotta, las hojas de mamá manchadas de budín, los cuadernos de las clases de cooking de Miss Sheila en el colegio inglés de Rosario.


El feng shui​ fue el puntapié inicial de la deconstrucción. Me vi, a las puertas de los 50, con la necesidad de alivianar carga. El despojo comenzó como un tsunami, ante la mirada azorada del encargado, que vio al pasillo abarrotarse de bolsas.


"El tiempo es un efecto fugaz. Y hay, hay cosas que no voy a olvidar", dice Fito Páez en Brillante sobre el mic.


En mi nueva vida -la que empieza ahora- quiero estar más liviana, como el equipaje de mis viajes. Quiero levantar campamento, echar a volar, amar de nuevo y sacudirme tanta pena. Despegar y desapegar.


A veces me pregunto qué pasará cuando muera. Seguramente vendrá alguien a hacer limpieza; no una selección amorosa como la que hice en estos días de reír, llorar, emocionarme y seleccionar objetos, sino una limpieza despiadada, de esas que barren con todo.


En estos días, me redescubrí a mis 24, huérfana de padre y madre, conociendo Europa y el amor. Encontré las cartas de mi adorada abuela Buba, la que –pese a haber perdido a su hija– me instaba a no bajar los brazos. Volví a la que fui por mandato con vestido de novia.


No leí a Marie Kondo​ ni pienso hacerlo. Que sea feliz con su negocio del orden que nada tiene que ver con mi esencia. No creo en fórmulas universales ni en recetas para la felicidad.


Durante mi primera vida necesité acarrear por el mundo las cajas en las que sentía iba mi hogar. En esta vida que comienza a mis 50, mi hogar seré yo. Y, a partir de allí, construiré nuevas certezas. Ojalá me encuentre en buen amor.


PD: Si pueden, ¡vean la película UP!

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