En el reinado de la agricultura, el Norte es una de las zonas que cautivan a los productores por su potencial de crecimiento. Pero no todas son rosas: elevadas temperaturas, fuertes necesidades de agua y pérdidas y ganancias en la producción al ritmo de un ambiente difícil son algunas de las características que suelen caracterizar el lugar, más allá de variaciones dentro de la misma zona.
En este contexto, para afrontar las dificultades de la zona, con el agua como limitante, Eduardo Martínez Ferrario tiene definida una clara línea de trabajo. En el marco de un planteo de siembra directa en rotación desde 1991, este productor se la juega por la cobertura como un seguro multirriesgo. Es un elemento clave para buscar producción más estables, parejas en el tiempo. En este planteo, a la alta demanda ambiental de la zona la compensa con siembra directa con cobertura.
Martínez Ferrario maneja la firma Cabaña El Amargo y encaja en ese perfil de empresarios que, pese a las dificultades, no se quedan de brazos cruzados. De hecho, produce en una zona que, cómo él advierte, la limitante es el agua. Está en Villa Minetti, en el noroeste de Santa Fe, y también trabaja en el sudeste santiagueño.
Tiene una empresa agrícola-ganadera. En total, son 5650 hectáreas (4750 propias y 100 arrendadas en Santa Fe y 300 propias y 500 alquiladas en Santiago del Estero).
En una zona con suelos de aptitud agrícola clase II (con algún grado de limitación) y clima subtropical de altas temperaturas, las precipitaciones medias que rondaban los 850 milímetros cayeron a 350 milímetros con la seca del último año y medio.
"Una adecuada rotación nos genera una mayor cosecha a futuro y estabilizada la producción. Además, el concepto de cobertura es como comprar un seguro multirriesgo, ya que logramos ambientes más estables que minimizan riesgos climáticos porque la cobertura genera retención de humedad", comentó.
Con el telón de fondo de la siembra directa, el productor apuesta por rotaciones que aporten mayor cantidad de rastrojo y, también, tiene en su menú la inclusión de cultivos de cobertura (avena brasileña y cebadillas naturales) y doble cultivos estivales (girasol/maíz y soja/maíz) que permiten sembrar una gramínea.
Algunos logros están a la vista: ha obtenido hasta 400 kilos por hectárea de diferencia (en soja y girasol) a favor del lote con cultivo de cobertura. Además, el doble cultivo estival le puede adicionar un 20/30% de más facturación respecto de un solo cultivo. Martínez Ferrario destaca que los dobles cultivos son una herramienta interesante, aunque condicionada a la cantidad de agua útil en el suelo. No por nada, la seca le puso un freno a ese desarrollo el año pasado.
Menos soja
Algo que también definió este productor fue trabajar en torno de rotaciones que aporten importantes rastrojos. Y se destaca porque en términos porcentuales no es alta la proporción con soja.
En ese sentido, hoy maneja no menos de un 40%, en promedio sobre la superficie, de cultivos con aporte de carbono como el maíz y el sorgo. Con un 40% para maíz y sorgo, el restante 60 por ciento corresponde a soja y girasol. En proporción sobre el área trabajada es de los productores que más maíz y sorgo realizan en la región. Mientras él ronda el 40%, la mayoría está en torno del 15/20% y muchos no hacen nada. "La rotación la dividimos entre los cultivos que aportan rastrojo, maíz y sorgo, y los que no aportan, como soja, girasol y algodón. La agricultura se desarrolla sobre la base de rotaciones que tratan de mantener el balance de carbono y lograr una adecuada utilización del agua útil", comentó.
Los resultados parecen estar a la vista: en el último ciclo, en plena sequía, Martínez Ferrario dice que cosechó cuando muchos productores de la zona no pudieron. Si bien desde 2700 kilos por hectárea de soja los rindes se cayeron a 1000/1200 kilos, igual marcó una diferencia con respecto a otros productores de la región que no cosecharon nada. Hasta ganó porque su rinde de indiferencia es de 800 kilos. Igual, en su campo también tuvo lotes que produjeron 1800 kilos.
Cultivos de cobertura
Sobre los cultivos de cobertura, el productor también ha desarrollado una experiencia propia. A modo de ejemplo, después de levantarse la soja se suele recurrir a una avena como cultivo de cobertura. Se trata de una avena brasileña que se siembra en marzo/abril, se deja que genere la cobertura y luego se pastorea. Se la fumiga antes que semille. A continuación, luego se abre paso la siembra de un girasol o maíz de primera, por ejemplo. Por otra parte, en el campo también se siembran cebadillas naturales. Se las deja crecer, pero que no semillen, y se las "quema" con herbicida antes de la siembra de una soja de primera, maíz o girasol.
Martínez Ferrario resumió en dos puntos los beneficios de la inclusión de cultivos de cobertura a su empresa mixta. Por un lado, está el aporte como integrante de la cadena forrajera con una carga promedio de dos vacas por hectárea con una ganancia diaria de 600 gramos, donde el aporte era importante ante la oferta estacional baja. Además, con suplementación de grano de maíz se llegó a ganancias diarias de 850 gramos en terneros de destete.
Por otra parte, está el aporte en los lotes agrícolas. En este sentido, está la idea de mantener la superficie cubierta la mayor parte del año y que el agua, un recurso escaso en la zona, sea consumida por evapotranspiración y no por evaporación. El productor aclara que el consumo extra de agua debe ser medido y que la recarga del perfil se tiene que hacer en la época de mayores precipitaciones. "Nunca se realizó en el 100% de la superficie, sino en lotes cuya fecha de siembra era diciembre, para favorecer la recarga", comentó. Con todo, destaca que la inclusión de los cultivos de cobertura provoca una mejora en la infiltración, aporta biomasa aérea y radicular, mejora la estructura del suelo y controla las malezas invernales-primaverales. "En síntesis, sabiendo usarlos hemos tenido hasta 400 kilos por hectárea de diferencia (en soja y girasol) a favor del lote con cultivo de cobertura", dijo Pablo Godoy, gerente general de la empresa del productor.
Doble cultivo
Martínez Ferrario también avanzó la incorporación del doble cultivo estival. En su caso, las alternativas que ya implementó son girasol/maíz y soja/maíz. "Lo que me permite el doble cultivo es que, si cultivo la gramínea, le aporta sustentabilidad al sistema", remarcó. A modo de ejemplo, cuando el doble cultivo es girasol/maíz, el primer cultivo se siembra en agosto y cosecha en enero. Luego, va el maíz. En términos económicos, según el productor, el doble cultivo es una alternativa atractiva. "Puede dar un 20/30% más de facturación", dijo.
En el doble cultivo, se apunta a un girasol de 2300 kilos, mientras que el maíz que le sigue puede rendir de 5000 a 6000 kilos por hectárea. En soja/maíz, la siembra de la oleaginosa es una implantación temprana en septiembre.
Para seguir al detalle lo que ocurre con la humedad, en el campo se hacen permanentemente mediciones del agua útil en el suelo. "Los dobles cultivos son una herramienta muy interesante pero condicionada a la cantidad de agua útil en el suelo. Para ello hacemos análisis de suelo para su cuantificación", subrayó el productor. Se trata de una advertencia importante, ya que, según comentó el productor, en el último año la seca complicó esta alternativa.
Por Fernando Bertello
De la Redacción de LA NACION