Llegó la hora de la verdad para el trigo: la siembra ha comenzado y si bien las decisiones agronómicas ya fueron tomadas, los productores siguen aguardando señales del Gobierno que le den certidumbre al negocio.
El último informe de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires señala que cuando se lleva sembrada el 7 por ciento de la superficie triguera, se mantiene en 4,2 millones de hectáreas el área total por cultivarse, sin cambios respecto de su primer pronóstico, difundido hace un mes. Estas cifras ratifican una fuerte recuperación respecto de la campaña anterior, cuando apenas se superaron los tres millones de hectáreas, el guarismo más bajo en 111 años, y que fue consecuencia de la terrible sequía que afectó las principales zonas productivas, como el sudoeste bonaerense, y de las políticas que restringieron la comercialización.
A todo esto el mundo sigue su derrotero. El crecimiento demográfico va en aumento y los informes de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) señalan una demanda de alimentos creciente. Hay muchas naciones que se encolumnan en la lista de proveedores de alimentos, entre ellas la Argentina.
¿Qué se debe hacer para competir con éxito en este mercado? En este sentido, ¿está en condiciones la Argentina de producir más trigo? ¿Cómo se estructura un plan de la cadena productiva para agregar valor?
"Queremos debatir ideas para promover un plan estratégico a nivel de la cadena de valor del trigo, con una mirada de mediano y largo plazo y en la que participemos todos. Empecemos a debatir cómo podemos acceder a una porción de mercado mucho mayor", dijo David Hughes, presidente de la Asociación Argentina de ArgenTrigo.
El dirigente habló con la La Nacion en una pausa durante la jornada que la entidad organizó el miércoles junto con la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria en la sede de Puerto Madero de la Universidad Católica Argentina.
"Tenemos que volver a generar esos vínculos comerciales que supimos tener; para eso, necesitamos tener mucha superficie sembrada, mayor volumen de cosecha que haga más fluida la comercialización", dijo Hughes.
En la dirección apropiada
En ese sentido, la entidad le había expresado al ministro de Agricultura, Julián Domínguez, la necesidad de liberar más registros de operaciones de exportación (ROE). Como respuesta, el funcionario anunció la liberación de 3,5 millones de toneladas para la exportación, medida que al cierre de esta edición aún estaba sin reglamentarse. "No es la solución definitiva, pero es un paso en la dirección apropiada para comenzar a tener mayor área sembrada, más volumen de producción y una comercialización más fluida", agregó.
Al abrir la jornada, el presidente de la Academia de Agronomía y Veterinaria, Carlos Scoppa, tras recordar un pasado pujante del cultivo, dijo que en la difícil situación actual "se está con riesgo de morir de sed". A su lado estaba el secretario de Agricultura, Lorenzo Basso, quien instó al trabajo conjunto entre entidades privadas y el sector público.
El ex secretario de Agricultura Lucio Reca, al hablar sobre el impacto de las políticas públicas, dijo que "por la enorme importancia del tema agropecuario, su tratamiento debería darse en el nivel que históricamente tuvo durante las primeras décadas del siglo pasado, es decir contando con un Ministerio de Agricultura que participe en pie de igualdad con los restantes ministerios".
Como ya existe un Ministerio de Agricultura, se le preguntó qué atribuciones debería contar la cartera para tener efectividad. "La suficiente visión estratégica para llevar planteos globales al resto del gabinete", respondió Reca.
A su turno, el economista Roberto Bisang señaló que la ampliación de la producción y su complejización es una estrategia superadora. "Ello demanda un ámbito para consensuar diagnósticos, visiones, objetivos y estrategias para el conjunto de la actividad. La institucionalización del concepto de cadena de valor es una herramienta útil en tal construcción", señaló.
Respecto de la demanda mundial, el economista y consultor Gerardo Gargiulo puntualizó como factor dominante la población. "En la Argentina, la población influye en el 95 por ciento sobre la demanda de panificados", ejemplificó.
En tanto, la agregada agrícola de la embajada brasileña en Buenos Aires, Andrea Saldanha da Gama Watson, reseñó las políticas de incentivo que su país aplica a la producción. Respecto de la relación comercial con la Argentina, aseveró que su país seguirá comprando trigo de la Argentina. "Con crisis o sin ella, por increíble que pueda parecer, la Argentina siempre vendió trigo a Brasil. Ha variado el volumen, pero nunca bajó de los tres millones de toneladas", explicó luego a La Nacion.
A su lado, Gustavo Rojas de César, asistente del sector económico y financiero de la embajada, aclaró: "El aumento de la importación desde los Estados Unidos y de Canadá en 2008 se debió a una caída de la producción argentina que fue acompañada de una sobreproducción de trigo en Canadá y en los Estados Unidos, con un abaratamiento excepcional del producto pese al arancel por la valuación del real".
Acerca de los países competidores, el investigador Edgardo Moscardi, dijo que aquellos poseen sistemas de innovación altamente efectivos como piezas claves de sus agriculturas. "Nuestro país cuenta hoy con un sistema de innovación en construcción, aunque sólidamente anclado en la fortaleza del complejo rural y agroalimentario."
Por último, el consultor y ex consejero agrícola ante la Unión Europea (UE), Gustavo Idígoras, tras hacer un panero de las políticas proteccionistas aplicadas en países de ese bloque y en los Estados Unidos, Canadá, Australia y Brasil, puntualizó que "no existen políticas de libre mercado absoluto" y que esas políticas son a favor de la producción y que la visión de cadena se impone así como un activo rol de los operadores.
Por Roberto Seifert
De la Redacción de LA NACION
4/5 millones de hectáreas
Es la superficie que posiblemente se destine al trigo en la presente campaña debido a que la oferta ambiental es más favorable.
6 millones de hectáreas
Es la superficie histórica que la Argentina destina para el cultivo. La campaña anterior fue de 3,5 millones de hectáreas.
7/8 millones de hectáreas
Debería ser la superficie del trigo de modo que pueda incluirse en las rotaciones de soja, aportando rastrojos.