
La educación privada atraviesa una situación preocupante.
El cierre del colegio Formar Futuro en Buenos Aires — que dejó a decenas de familias sin continuidad educativa — no sería un hecho aislado, sino parte de una tendencia preocupante de retracción.
Según la Asociación de Institutos Privados en Argentina (AIEPBA), la matrícula de escuelas privadas registró una caída en 2024 con más de 300.000 alumnos menos inscriptos..
El cierre del establecimiento privado mencionado se da en un contexto donde muchas instituciones vienen revisando modelos de costos y aranceles, producto de aumentos salariales y cargas operativas que no siempre pueden trasladar a las cuotas, especialmente en colegios que reciben aporte estatal.
Otro factor que impacta en la educación privada es la reducción de la natalidad, que implica menor demanda en los niveles inicial y primario, presionando aún más a escuelas que ya enfrentan desafíos económicos.
A nivel nacional, el asunto viene acompañado de cambios en la regulación de aranceles: el Gobierno eliminó la obligación de autorización estatal para fijar cuotas y matrículas de colegios sin aporte público, lo que modifica la relación entre el Estado y las instituciones privadas.
Desde el sector educativo se observa que este fenómeno no solo ocurre en Buenos Aires, sino también en otras provincias donde el descenso de alumnos y ajustes económicos ponen en jaque la estabilidad de algunos colegios.