
En un mundo del fútbol que intenta, a veces con más tropiezos que aciertos, erradicar la violencia y la discriminación, las palabras de José Luis Félix Chilavert funcionaron como un viaje en el tiempo hacia las épocas más oscuras del "vale todo". El exarquero, siempre afecto a la confrontación, cruzó una línea roja al intentar defender a Gianluca Prestianni en el conflicto que el ex Vélez mantiene con la estrella del Real Madrid, Vinicius Jr.
Lo que comenzó como una defensa corporativa hacia un "colega de cuna" (ambos surgidos en Liniers), terminó en un compendio de frases ofensivas que dispararon contra minorías, figuras internacionales y la propia evolución del deporte.
El punto de mayor repudio internacional se centró en las declaraciones de Chilavert sobre Kylian Mbappé. El capitán de la selección francesa había salido en defensa de su compañero Vinicius tras el partido entre Benfica y Real Madrid, tildando de "racista" a Prestianni.
La respuesta de Chilavert fue un ataque personal y homofóbico directo: "¿Mbappé qué puede decir? Él habla de valores y vive con un travesti, no es normal. Un hombre no es normal que viva con un travesti, para eso hay una mujer", disparó el paraguayo en Radio Rivadavia. No conforme con eso, cerró su argumentación asegurando que el fútbol actual está "amariconado" por la presencia de micrófonos y cámaras que exponen los insultos que antes quedaban en el campo.
Chilavert también minimizó la denuncia de Vinicius Jr., alegando que el brasileño es un "provocador" y cuestionando por qué la lucha contra la discriminación solo aplica cuando el afectado es él. "¿Por qué no sale a decir por qué la policía brasileña mata a palos a los hinchas argentinos o paraguayos? ¿El racismo es solo cuando es contra él?", interpeló el exarquero de 60 años.
Incluso apeló a su propia experiencia en el Zaragoza de España para naturalizar la violencia verbal: "A mí me gritaban indio, sudaca, espalda mojada y yo seguía jugando". Con este argumento, Chilavert intentó justificar que los insultos son parte de la "esencia" de un deporte que, según su visión, debería seguir siendo un reducto de códigos antiguos y machistas.
Las redes sociales y los medios internacionales no tardaron en reaccionar. El repudio fue casi unánime, no solo por la defensa de un acto de racismo denunciado, sino por el uso de lenguaje de odio para descalificar a las figuras del Real Madrid.
Mientras la FIFA y las instituciones europeas evalúan sanciones para los protagonistas del incidente en el Estadio Da Luz, las declaraciones de Chilavert quedan como una mancha que profundiza la grieta entre el fútbol que busca la inclusión y aquel que se resiste a abandonar los prejuicios del siglo pasado. Para el público de Junín y de toda la provincia, este episodio vuelve a poner en debate cuáles son los límites de la "pasión" y cuándo la opinión se convierte en un delito de odio.