
La cúpula del gobierno de la provincia de Buenos Aires atraviesa uno de sus momentos de mayor tensión interna. Las diferencias, que durante meses se mantuvieron puertas adentro, comenzaron a trascender y tienen como eje al ministro de Gobierno, Carlos Bianco, enfrentado tanto con el ministro de Desarrollo de la Comunidad, Andrés "Cuervo" Larroque, como con el denominado “ala técnica” del kicillofismo.
El conflicto se inscribe en el corazón del gabinete de Axel Kicillof, donde conviven dirigentes de perfil político con funcionarios de formación técnica que acompañan al mandatario desde su etapa previa en la gestión nacional y su militancia universitaria.
Uno de los principales focos de tensión es el control del Organismo de Niñez y Adolescencia, área que actualmente responde a Larroque a través de Andrea Cáceres. Según trascendió, Bianco estaría decidido a disputar ese espacio estratégico dentro del esquema gubernamental.
El escenario se complejiza ante la posibilidad de que Cáceres sea designada al frente del Puerto Quequén, tras la salida de la massista Jimena López. En ese caso, Larroque buscaría ubicar al frente del área de Niñez a su hermana, la ex diputada provincial Mariana Larroque, lo que abriría una nueva pulseada dentro del oficialismo.
Desde el entorno del ministro de Desarrollo evitaron confirmar abiertamente los roces, aunque tampoco los desmintieron.
Choques con el ala técnica
Pero las fricciones de Bianco no se limitan a Larroque. También mantiene diferencias con el grupo de funcionarios de perfil técnico más cercanos al gobernador. En ese sector se encuentran el ministro de Producción, Augusto Costa; la secretaria General, Agustina Vila; el ministro de Economía, Pablo López; y el presidente del Tribunal de Cuentas bonaerense, Federico Thea, uno de los nombres que suenan para integrar la Suprema Corte provincial.
Las diferencias abarcan desde cuestiones presupuestarias hasta disputas por espacios de poder. En el entorno de Bianco señalan demoras en la asignación de fondos para áreas bajo su órbita, mientras que allegados a otros despachos atribuyen al ministro de Gobierno maniobras que habrían entorpecido determinadas gestiones institucionales.
Pese a haber sido una de las figuras centrales durante la campaña de 2019 —cuando acompañó a Kicillof en las recorridas por la provincia—, Bianco nunca logró integrarse plenamente al núcleo técnico de mayor confianza del mandatario.
Las diferencias también se trasladaron al terreno partidario. Durante el cierre de listas del año pasado, Bianco intentó posicionarse como primer candidato a diputado por La Plata, en una jugada que fue leída como un desafío al intendente Julio Alak. Finalmente se impuso la estrategia del jefe comunal, pero el episodio dejó secuelas en el armado político.
En el plano discursivo, las declaraciones públicas del ministro también generaron malestar interno.
En recientes entrevistas, Bianco sostuvo que el peronismo atraviesa un proceso de fragmentación y cuestionó la conducción del espacio a nivel nacional. Incluso afirmó que Cristina Fernández de Kirchner representa “uno de los sectores” dentro de ese peronismo dividido.
Las palabras provocaron reacciones inmediatas. Dirigentes cercanos a La Cámpora lo acusaron de intentar desviar la atención en medio de conflictos salariales con trabajadores estatales y docentes.
En la misma línea, la diputada nacional Teresa García le pidió públicamente que evite profundizar las disputas internas en un contexto económico y social complejo.
La interna en el gabinete bonaerense expone la convivencia —cada vez más tensa— entre distintos sectores del oficialismo provincial: el armado político, el ala técnica y los referentes con anclaje territorial y partidario.
Mientras el gobierno enfrenta desafíos económicos y gremiales, la puja por espacios de poder y liderazgo dentro del peronismo bonaerense agrega un factor de inestabilidad que podría impactar tanto en la gestión como en la estrategia electoral futura.
Fuente: Medios platenses