
Hay figuras que logran lo que la política rara vez consigue: unificar el sentimiento de toda una comunidad. En Junín, ese consenso absoluto llevaba un nombre y un apodo inconfundibles: Horacio Oscar "Taqueta" Barrionuevo. La noticia de su fallecimiento a los 87 años sacudió este jueves los cimientos de la ciudad, marcando el adiós a un hombre que no solo fue el máximo exponente del fútbol local, sino un verdadero embajador de la identidad juninense.
Como analista, uno suele medir el impacto de un líder por las leyes que deja o las elecciones que gana. Pero el peso específico de Barrionuevo se medía en la memoria colectiva del potrero y en las tribunas del Estadio Eva Perón. "Taqueta" no era un simple jugador; era un estratega que entendía el campo de juego como un tablero de ajedrez, un talento de época que, según relatan los veteranos de la ciudad, jugaba un fútbol que venía del futuro.
Su irrupción en el Club Atlético Sarmiento fue un verdadero sismo que rápidamente quedó chico para los límites de la ciudad. Llevó su zurda prodigiosa a la Primera División del fútbol argentino, vistiendo las camisetas de Tigre, Argentinos Juniors y Vélez Sarsfield, destilando esa estampa de "jugador de galera y bastón". Su calidad técnica le abrió las puertas de Europa para jugar en el Olympique de Niza (Francia) e incluso lo llevó a acariciar la gloria máxima al integrar la preselección nacional para el Mundial de Suecia 1958.
El ídolo que se volvió ley
El impacto de Barrionuevo en el tejido social de la ciudad fue tan profundo que la institucionalidad política tuvo que rendirse a sus pies. En un acto de estricta justicia histórica, el Concejo Deliberante de Junín decidió que su legado no podía quedar solo en las anécdotas de café. Fue así que el poder legislativo local sancionó que el 6 de junio, fecha de su nacimiento en 1939, quedara inmortalizado de manera oficial como el "Día del Futbolista Juninense".
Hoy Junín no despide a un exdeportista. Despide a un formador de generaciones, a un mito viviente que obligó a la política a crear una efeméride propia para poder dimensionar su figura. Se apagó la vida del hombre, pero acaba de nacer la leyenda definitiva. El dolor es inmenso, pero el orgullo de que haya sido juninense lo será para siempre.