
La "rosca" en los pasillos del predio de Ezeiza llegó a su fin y el oficialismo xeneize ya tiene a su elegido. Tras varios días de danza de nombres y sondeos herméticos, Juan Román Riquelme hizo valer su peso político como presidente de la institución y cerró la contratación de Rodolfo "El Vasco" Arruabarrena. El ex lateral, un viejo conocido de la casa que era el gran favorito de la mesa chica, le sacó varias cabezas de ventaja al resto de los candidatos y se convertirá en el sucesor de Claudio Úbeda.
La negociación tuvo el sello inconfundible de la actual gestión: sin intermediarios y con línea directa. Fue el propio Riquelme quien levantó el teléfono en los últimos días para ejecutar el operativo retorno, amparado en el vínculo de mutuo respeto que mantiene con el ex entrenador azul y oro. Para Arruabarrena, la respuesta no requirió demasiado análisis; desde su convulsionada partida en 2016, el "Vasco" se mantuvo en las gateras esperando este llamado para volver a comandar al club que lo formó profesionalmente y lo vio dar vueltas olímpicas tanto en el césped como en el banco de suplentes.
En el plano de la política deportiva, el pacto ya es un hecho. La cumbre telefónica entre Riquelme y Arruabarrena sirvió para diagramar la estrategia de cara al inminente mercado de pases, fijando las prioridades y la hoja de ruta para inyectar refuerzos de jerarquía de cara a la segunda mitad del año.
El mandato del nuevo cuerpo técnico no admite medias tintas, sobre todo tras el duro revés que significó la caída en la fase de grupos de la Copa Libertadores. La obligación moral e histórica de esta gestión para el próximo semestre es alzar la Copa Sudamericana. El "Mundo Boca" arrastra una sequía internacional que pesa cada vez más sobre los hombros del plantel y condiciona el humor social de los socios: el último título de esta envergadura fue la Recopa Sudamericana 2008. Cortar esos casi veinte años de malaria es la prioridad absoluta, sin descuidar la pelea en los frentes de cabotaje, como el Torneo Clausura y la Copa Argentina.
Desde el entorno del club confían a este medio que la letra chica del contrato es un mero formalismo y no será un escollo. La voluntad de las partes allanó el camino para un vínculo que se extenderá por 18 meses.
Apenas se terminen de pulir los números, Arruabarrena viajará a Buenos Aires para estampar su firma y formalizar la relación institucional. El Ejecutivo xeneize diagramó un cronograma exprés: la intención es que el desembarco y la presentación en sociedad estén resueltos antes del próximo miércoles.
La celeridad de la agenda tiene un motivo logístico. Boca busca que los ayudantes del "Vasco" tengan el margen suficiente para instalarse en el búnker de Ezeiza, tomar el control de la estructura y comenzar a planificar los detalles de la pretemporada. Los trabajos físicos tienen fecha de inicio inamovible: el 18 de julio, una vez que baje el telón de la máxima cita en el Mundial.
La confirmación, que desde anoche agita los grupos de WhatsApp de las numerosas peñas boquenses de Junín y la Región, marca el inicio de un nuevo ciclo donde el oficialismo apuesta por la pertenencia para recuperar el terreno perdido