
El fútbol, al igual que la política, es un juego de estrategias, resistencia y, sobre todo, de momentos oportunos. Ayer por la tarde, en el imponente Gillette Stadium de Boston, la Selección de Paraguay liderada por el estratega argentino Gustavo Alfaro dio la gran sorpresa de los dieciseisavos de final del Mundial 2026 al eliminar a la siempre temible Selección de Alemania.
La caída teutona, sellada en una dramática tanda de penales tras igualar 1-1 en el tiempo reglamentario y la prórroga, expone una profunda crisis de recambio en la estructura del fútbol alemán. Para los conducidos por Alfaro, en cambio, representa el regreso definitivo a los primeros planos internacionales tras haber quebrado una racha ausente de 16 años sin disputar una cita mundialista.
El diseño de partido propuesto por Alfaro funcionó a la perfección en la primera mitad. Paraguay golpeó primero cuando el talentoso Julio Enciso conectó un certero frentazo al final del primer período, descolocando a la defensa germana. Sin embargo, en el arranque del complemento, Alemania reaccionó y encontró la igualdad a los 52 minutos (54' según actas) por intermedio de una de sus individualidades más punzantes, Kai Havertz.
A partir de allí, el encuentro se transformó en una batalla de desgaste. La paridad se mantuvo durante los 90 minutos reglamentarios y se extendió a los 30 de prórroga. El dramatismo político del juego tuvo su pico máximo cuando el VAR intervino para anular lo que hubiese sido el gol de la victoria alemana, convertido por Jonathan Tah, inyectándole una dosis de suspenso ensordecedor al desenlace en Boston.
En la definición desde los doce pasos emergió con fuerza la figura del partido: el arquero paraguayo Orlando Gill, actualmente en San Lorenzo de Almagro. Con una intuición formidable, Gill le contuvo los remates a la estrella del Arsenal, Kai Havertz, y al ingresado Nick Woltemade. La presión psicológica hizo el resto: Jonathan Tah desvió su remate por fuera, abriéndole la puerta de la historia a la Albirroja.
El defensor José Canale asumió la responsabilidad del tiro definitorio y, con absoluta frialdad, convirtió el penal decisivo para sellar el 4-3 definitivo en la tanda.
La eliminación deja datos demoledores que abren un debate urgente en la federación alemana. El encuentro del lunes significaba el primer partido de eliminación directa de Alemania desde aquella recordada final de Brasil 2014, cuando vencieron a Argentina por 1-0 para coronarse campeones. Desde entonces, el gigante europeo arrastra un declive institucional y futbolístico inocultable.
Para colmo, la derrota ante Paraguay configuró el segundo tropiezo consecutivo de los alemanes contra un rival de Sudamérica en este certamen, ya que venían de caer frente a Ecuador en el cierre de la fase de grupos.
Ahora, los dirigidos por Gustavo Alfaro avanzan a octavos de final con el envión anímico por las nubes. El "pizarrón" del DT argentino demostró que, con orden, convicción y liderazgo, se puede sacudir el mapa geopolítico del fútbol mundial. El próximo destino del sueño guaraní está en marcha, a la espera del ganador del crucial duelo entre Francia y Suecia.