
A través de sus redes sociales, bajo la inquebrantable premisa «¡Siempre por cualquier camino que tenga corazón!», Vozzi anunció una despedida que, lejos de las estridencias o los conflictos, representa el cierre natural de una profesional que supo construir desde los cimientos hasta la elite.
Para dimensionar el impacto de su trabajo, el reloj debe retroceder casi diez años. Su desembarco en el «Verde» coincidió con su regreso a Junín, tras haberse formado académicamente y dado sus primeros pasos en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Los inicios estuvieron marcados por el pragmatismo y la construcción desde cero. Primero en el consultorio de Marathon, dentro del propio club, y casi en simultáneo con las divisiones inferiores y la Reserva. En aquella época, la nutrición deportiva en las formativas exigía una plasticidad absoluta.
«El primer año fue estar totalmente dispuesta a lo que la coordinación deportiva y los cuerpos técnicos requirieran. Un año nos enfocamos en evaluaciones antropométricas; otro, en optimizar la alimentación en la pensión y el restaurante. Nos fuimos amoldando a la necesidad institucional», explica Vozzi.
Fueron esos años de contacto directo con el semillero los que cimentaron su metodología de trabajo y le permitieron decodificar la idiosincrasia de una institución que estaba a punto de dar un salto histórico.
El año 2019 funcionó como una bisagra. Convocada por Vanina, la entonces nutricionista del plantel profesional, Sara comenzó a intercalar su trabajo en inferiores con las exigencias de la Primera. Lo que vino después fue un torbellino de desafíos inéditos: la pandemia de COVID-19 y la reinvención del seguimiento a distancia, seguidos por el ansiado ascenso a la Primera División.
La máxima categoría no solo trajo otro roce competitivo, sino una exigencia exponencial en la logística de rendimiento. El rol dejó de ser únicamente evaluativo para convertirse en un engranaje operativo diario. Sarmiento creció, y el área de nutrición debió crecer con él.
Infraestructura de elite: Creación de un buffet exclusivo en el Estadio Eva Perón y en el Centro de Alto Rendimiento.
Asistencia integral: Implementación de desayunos pre-entrenamiento, almuerzos post-práctica y suplementación de precisión.
Acompañamiento continuo: Presencia ininterrumpida en concentraciones, viajes y jornadas de competencia.
«El ascenso implicó un compromiso absoluto. Haber sido parte activa de esa transformación y ver cómo el club apoyó ese crecimiento es una de las mayores satisfacciones que me llevo», subraya la profesional.
Si hay un rasgo distintivo en la gestión de Vozzi, fue su decisión de sacar la nutrición de las cuatro paredes del consultorio. Desde sus primeros días, entendió que los manuales universitarios debían contrastarse con el pasto y el desgaste real de los futbolistas.
Lejos de la comodidad del escritorio, su filosofía se basó en presenciar las prácticas, analizar las cargas físicas junto a los preparadores físicos y adaptar las estrategias a un escenario en constante mutación, lidiando con los diferentes libretos de los cuerpos técnicos que pasaron por el club.
Renunciar a un espacio habitado durante casi un tercio de la vida requiere de un profundo nivel de autoconocimiento. El fútbol de Primera División demanda una entrega absoluta que, tarde o temprano, pasa factura en lo personal.
Tras nueve años al pie del cañón, Vozzi entendió que el desgaste natural podía comenzar a erosionar la pasión que la caracterizaba. Decidió dar un paso al costado para proteger su obra y, sobre todo, para irse con la misma energía con la que cruzó la puerta de Sarmiento por primera vez.
«Me encontré en un momento de cansancio y desgaste natural, y sentí que era necesario dedicarle más espacio a mi vida personal. Me pareció el momento justo para hacer un corte limpio y permitirme un merecido descanso».
Más allá de los protocolos implementados y la infraestructura legada, Sara Vozzi se despide abrazada al mayor de los capitales: el humano. Jugadores, técnicos, dirigentes y compañeros de trabajo conforman esa red invisible que trasciende los resultados del domingo. Y en una ciudad con la matriz de Junín, donde los vínculos se sostienen en la cercanía de sus calles, la despedida es apenas un «hasta luego».
Se va una profesional que llegó para medir juveniles y se retira dejando un departamento de nutrición con estándares de Primera División. Un legado tangible forjado a base de ciencia, presencia y una innegable vocación.
“ESTAR CON EL JUGADOR Y EL CUERPO TÉCNICO TE BRINDA UN APRENDIZAJE QUE NO TE DA NINGÚN LIBRO”.