
El hockey femenino de Boca Juniors ratificó su momento de esplendor institucional y deportivo al conseguir el ascenso a la categoría D del Torneo Metropolitano. Con una campaña brillante y arrolladora, coronada por una contundente victoria por 9 a 0 frente a San Albano C, el equipo alcanzó los 60 puntos acumulados y aseguró el primer puesto indiscutido de la tabla general. Dentro de este plantel protagonista se encuentra Ema Basilio, una firme representante deportista de Junín, quien con un enorme esfuerzo cotidiano, perseverancia inquebrantable y una profunda pasión dibuja su propio camino en la alta competencia del deporte metropolitano.
La historia de Ema con el hockey sobre césped no responde a una coincidencia del destino, sino a una verdadera tradición familiar profundamente arraigada en su hogar juninense. El vínculo con la bocha y el palo estuvo presente desde sus primeros años de infancia, rodeada de referentes cercanos que le transmitieron el amor por la disciplina. "Empecé a los cuatro años en Social, estuve ahí jugando con las chicas del club desde chiquita porque mi familia, mi hermana, mi hermano y mi mamá jugaban ahí al hockey, así que desde temprano empecé a ir y a esa edad arranqué en el club", relata con nostalgia al recordar sus inicios formales en las canchas de la institución de su ciudad natal.
Aquellos domingos compartidos en el predio y el rol primordial de su hermana mayor como guía formativa marcaron sus primeros pasos deportivos: "Cuando jugaba mi hermana yo era chiquita e iba siempre a verla, estar con el plantel, con ellas, disfrutar del hockey y yo era como la nena de su grupo de amigas y me tenían de acá para allá, me enseñaban esto, me enseñaban lo otro, y para mí era lo mejor de la semana ir con mi hermana a que me lleve al club", remarcca con verdadero afecto.
El crecimiento personal y el inicio de la formación académica profesional la obligaron a reorganizar drásticamente su rutina diaria cuando debió mudarse a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para comenzar sus estudios universitarios. El primer año de estudio representó un desafío de dimensiones mayúsculas, tanto en la contención emocional como en la compleja logística cotidiana: "El primer año fue bastante difícil porque nada, primer año, todo nuevo, vivir sola, el extrañar, se me complicó mucho", confiesa sin rodeos.
Sin embargo, lejos de distanciarse del deporte que la vio nacer, ideó un exigente esquema de viajes continuos que sostuvo con firmeza durante un largo período de tiempo: "Yo me volvía todos los fines de semana, todos los viernes me volvía a Junín a jugar a Social los sábados, y los domingos ya pegaba la vuelta porque el lunes a las 8 de la mañana tenía que estar cursando", detalla sobre aquella exigente rutina.
Luego de esa primera fase de continuos viajes a Junín, Ema tomó la decisión de dejar de trasladarse los fines de semana y pasó a competir formalmente en el equipo de Arquitectura, club donde ya realizaba los entrenamientos semanales en Capital Federal. Sin embargo, con el transcurso de los meses, el altísimo nivel competitivo y la exigencia de la primera división chocaron de frente con la carga horaria y las demandas académicas de la carrera universitaria.
Fue en ese momento de balance personal cuando advirtió que necesitaba reorganizar sus prioridades deportivas y académicas para sostener el ritmo de vida en Buenos Aires: "Quise bajar un poco el nivel porque Arquitectura está en la A y la exigencia era mucha con el nivel de hockey y los tiempos de estudios era muy difícil continuar, así que ahí es donde se me cruzó Boca y bueno me fui a probar".
En febrero se presentó a las pruebas de selección, quedó confirmada dentro del plantel xeneize y su cotidianeidad experimentó una transformación rotunda. La llegada al club de la Ribera no solo significó un cambio en lo deportivo, sino también un choque positivo con realidades diversas que moldearon su madurez personal: "La verdad que me cambió la vida, digamos, porque conseguí un grupo de amigas, mucha gente del interior, de provincia, de mi edad, mucha humildad. Hay casos que yo estoy viendo ahora que me llevan a conocer la realidad ahora. Yo en Junín estaba en una cuna de oro, en Social, con mis amigas, no salía de mi zona de confort, y ahora ver otras realidades de mis compañeras de hockey como que eso me hizo cambiar y madurar mucho, ver las cosas de otra perspectiva, conocer gente nueva de otras sociedades. Como que me abrió mucho Boca y la verdad que lo valoro".
Para la jugadora juninense, la práctica deportiva se convirtió en una herramienta fundamental e indispensable para sostener el ritmo demandante que impone la vida universitaria en la gran metrópoli. Consultada sobre la relevancia actual que posee el hockey en su vida personal, reflexiona con total claridad sobre sus prioridades: "Personalmente es muy importante. Creo que lo pondría en mis prioridades hoy en día. Me enseñó muchos valores que aplico todos los días, como el compromiso, la disciplina, el trabajo en equipo, la empatía por mi compañera; me ayudó a crecer como persona y como jugadora también".
Asimismo, destaca de qué manera la cancha de hockey funciona como un refugio de descompresión frente a la alta carga horaria que le exigen los estudios: "Como persona, a superarme a mí, a superar desafíos. Para mí es un despejo total porque estoy todo el día estudiando, con la facultad, y para mí ir a hockey es como el cable a tierra y el disfrute".
El hito institucional logrado por la plantilla de hockey de Boca Juniors al coronar su tercer ascenso consecutivo en apenas tres años de desarrollo deportivo dentro de la disciplina no es un hecho fortuito. Muy por el contrario, representa el resultado directo de una consolidada cultura de entrenamiento y compañerismo: "Es una locura que un club de hockey que esté hace tres años tenga tres ascensos seguidos, no es normal, así que se ve y se vio muy lindo", resalta Ema al repasar la destacada actuación del equipo durante toda la temporada.
Detrás de la alegría de cada victoria y la celebración del título, la deportista resalta las historias de sacrificio silencioso que caracterizan a sus compañeras de equipo: "El grupo estaba confiado con el esfuerzo y las constancias, el trabajo en equipo, el sacrificio de todas, porque para cualquier persona que ahora esté jugando al hockey, lo hablo en general, pero ahora hablando por Boca, es como que es un sacrificio de todas, porque algunas se vinieron desde el interior a vivir solas, otras viajan en tren tres, dos horas para ir a entrenar todos los días, llegan algunas a la una de la mañana. Como que es bastante el sacrificio de todas, y creo que ese es el fruto que pudimos conseguir".
En el aspecto individual, el logro de la meta generó un impacto emocional duradero que premia años de constancia personal: "Personalmente a mí me chocó bastante. Significó mucho para mí porque es un reflejo de años de trabajo, de perseverancia, de compromiso, disciplina que estoy teniendo y que le dedico a este deporte".
Asimismo, no oculta las exigencias logísticas a las que se enfrenta cotidianamente para cumplir con las responsabilidades de ambos mundos: "Para mí no es nada fácil estar acá en Capital viviendo sola, lejos de mi familia, de mis amigas del club. Como que siempre lo pienso y valoro el esfuerzo que hago y le dedico a este deporte, porque la verdad no todos los días tengo ganas de ir a entrenar o no todos los días estoy bien como para jugar o bancarme los gritos, los enojos. Nada, es un gran esfuerzo el que hago día a día también porque no me queda para nada cerca la cancha: estoy una hora y media para ir, una hora y media para volver, llegar, hacerme la comida, bañarme y al otro día ir a cursar, porque no es solo hockey".
A pesar de defender la camiseta de uno de los clubes más grandes e influyentes del continente y de residir en la Capital Federal, Ema Basilio mantiene vivas y firmes las raíces que la conectan de forma permanente con su ciudad de origen: "La verdad que me pone muy contenta estar acá en un club tan grande como lo es Boca, porque yo sinceramente no soy hincha, pero entiendo lo grande que es el club, la gente, tengo que valorar eso y todos los días lo pongo en la balanza en lo que tengo y la verdad que representar a Junín es importante, yo a Junín lo amo y extraño siempre, y es un lugar a donde volvería".
De igual manera, valora el incalculable potencial deportivo que emerge de manera constante desde los distintos clubes e instituciones juninenses hacia los primeros planos nacionales: "También entiendo que hay muchos deportistas en Junín que están ahí y salieron de Junín que son una locura, hay grandes deportistas y que fueron y que vienen".
Al momento de mirar hacia atrás, poner en perspectiva las exigencias superadas y repasar los momentos más duros del camino transitado, Ema tiene perfectamente en claro a quiénes pertenece este logro histórico: "Principalmente a mí, me lo digo a mí, porque creo que yo sola sé lo difícil que es y el esfuerzo que hago día a día para hacer esto; y después a mis amigas de allá, a mi familia y a toda la gente de Boca", concluye con la tranquilidad del objetivo cumplido y la vista puesta en los nuevos desafíos que vendrán en la categoría D durante la próxima temporada 2027.