06/10/2025  -  Deportes
Boca, con el corazón de Paredes y los goles de todos, le dio una lección a Newell's y a Fabbiani
En una Bombonera que latió al ritmo de sus ídolos, el Xeneize pintó una goleada de aquellas. Fue un partido redondo, con mensajes en la cancha y en las tribunas, que dejó al equipo de Russo respirando aire puro y al Ogro con su peor derrota como técnico.

La tarde en La Boca tenía sabor a revancha. No solo por aquel tropiezo del semestre pasado en Rosario, con aquellos comentarios ácidos del Ogro Fabbiani que aún resonaban, sino por la necesidad urgente de oxígeno en la tabla. Y Boca, vestido de gala, respondió con un partido contundente, una goleada que fue mucho más que cinco goles: fue una declaración de principios.

Desde el momento en que los pies de Leandro Paredes pisaron el césped para el calentamiento, la Bombonera dejó en claro quiénes eran sus dueños. El campeón del mundo fue vitoreado en cada rincón, un amor que se materializó en un telón con su imagen y el lema “Sigan viendo”. Un mensaje claro, un guiño de complicidad entre el 5 y una hinchada que lo tiene como el faro de este equipo.

Pero no fue el único. Agustín Marchesín, bajo la lluvia de críticas de las últimas semanas, fue recibido con una ovación que lo abrazó y lo contuvo. El arquero casi no tuvo trabajo, porque el partido se jugó lejos de su área. En el otro extremo, Miguel Merentiel, con su entrega característica, se ganó otra vez el cariño del público. Hasta Alan Velasco, antes repudiado, escuchó aplausos. Este fue un día de reconciliaciones.

La única nota discordante, leve, fueron algunos silbidos dispersos para el nombre de Claudio Úbeda. Nada que opacara la fiesta.

Newell's, por su parte, fue un espectro. Desde el ingreso al campo para el calentamiento, la Lepra fue recibida con silbidos. Y ya en el partido, se disolvió. Sin ideas, sin fuerza, fue un rival pasivo que Boca aprovechó para despedazar con una eficacia demoledora. Milton Giménez, Ayrton Costa, Brian Aguirre y hasta Lautaro Blanco, con su primer gol en Primera y festejando frente a su pasado en Central, fueron los verdugos de una defensa inexistente.

En el banco, el Ogro Fabbiani explotó. Reclamó lo irreclamable, se quejó con el juez y se comió cada una de las burlas de la hinchada. “Vos sos de la B”, le cantaron, recordando su pasado riverplatista y aquel comentario de que pensó que vencer a Boca “iba a ser más difícil”. La derrota de esta noche, la más abultada de su incipiente carrera como DT, tuvo un regusto a justicia poética para los boquenses.

Pero hubo un momento que cortó el aire. Cuando la voz del estadio anunció el ingreso de Darío Benedetto, se escucharon aplausos. Un reconocimiento breve pero sentido para el Pipa, aclarando una cuestión que las redes habían distorsionado. La Bombonera, en su sabiduría, sabe cuándo silbar y cuándo agradecer.

El cierre fue un carnaval. Con el partido definido, las tribunas empezaron a palpitar lo que se viene: el Superclásico. Las canciones se dirigieron a River, personificado en la figura golpeada de Fabbiani. Boca no solo ganó un partido; ganó confianza, encontró un funcionamiento colectivo brillante y le mandó un mensaje al resto. Con el corazón de Paredes como motor y los goles repartidos, el Xeneize se floreó. Y avisó que viene por todo

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