29/10/2025  -  Deportes
La ultima bala de un rebelde
Nicolás Varrone, el piloto que volvió del olvido del Endurance para dinamitar la escalera tradicional a la F1, se juega el sueño en una Fórmula 2 que define su destino. Con el respaldo de un gigante y el espíritu de Schumacher, el bonaerense de 24 años carga contra el sistema y avisa: "Vine a romper el molde".

La sonrisa es fácil, contagiosa, pero no logra ocultar el fuego que hay detrás. Nicolás Varrone (Ingeniero Maschwitz, 24 años) recorre una agenda frenética en Buenos Aires, pero su mente ya está a miles de kilómetros, en el estrecho habitáculo de un monoplaza. Acaba de confirmar su ingreso a la Fórmula 2, la antesala directa de la Fórmula 1, y en cada palabra late la convicción de quien sabe que tiene una sola oportunidad. La última bala.

“Es la última bala que tengo”, admite sin vueltas, mientras repasa los motivos: el presupuesto agotado, la dificultad extrema de la categoría y la edad, que empieza a ser un factor. Pero lejos de amedrentarse, este piloto que brilló en las 24 Horas de Le Mans antes que en los monopostos, carga con una misión personal: “Me gusta sentir que vengo de otra escalera y vengo a romper un poco el sistema que se ha impuesto ahora”.

Su historia es un anatema para el camino recto y previsible que domina el automovilismo moderno. Campeón en Francia de Fórmula V en 2018 y ganador en la Fórmula 3 Británica en 2019, la pandemia de 2020 le arrebató su lugar y su rumbo. En lugar de claudicar, se reinventó en el Endurance de la mano de su manager, José Manuel Balbiani. Allí, forjó un palmarés de leyenda: ganó las 24 Horas de Daytona, las 12 de Sebring, las 24 de Le Mans y se coronó Campeón Mundial con un Corvette. Fue en esa cúspide donde el gigante General Motors (GM) puso sus ojos en él.

Fue el ingreso de Cadillac (de GM) a la Fórmula 1 lo que renovó todas las apuestas. La terminal estadounidense le pidió que demostrara su valía en la Fórmula 2. Junto a su equipo, buscó el presupuesto y consiguió una butaca para 2025 en el Van Amersfoort Racing, el mismo equipo donde un tal Max Verstappen debutó en monopostos. El círculo se cerraba.

“Vine a romper la doctrina que se instaló en los últimos 20 años”, afirma con una seguridad que desconcierta. Y busca su ejemplo en la leyenda: “Michael Schumacher venía de correr el Mundial de Sport Prototipos, que era el WEC de ahora, y saltó a correr en un Jordan en F1 y terminó ganando siete títulos mundiales. En esa época era más normal y ahora armaron esta escalera que te lo prohibía si venías de afuera”.

Su presente, sin embargo, es de una crudeza extrema. Mientras se prepara para el salto a F2, aún compite en la Hypercar del WEC con un Porsche 963 de un equipo privado, sin apoyo de fábrica y con una austeridad que espanta: no tienen repuestos. En la última carrera en Fuji usaron los mismos frenos que en San Pablo. Si se rompe el piso del auto, no pueden correr más. Aún así, en Interlagos, sumó un punto.

Esa resiliencia es su sello. “Cada vez que me subí a un auto lo hice como si fuese mi última vuelta, porque no sabés cuándo vas a volver a subir”, confiesa. Esa misma filosofía aplicará en la Fórmula 2, una categoría que define como “áspera”, donde todos luchan por un mismo sueño y el manejo de los neumáticos es una ciencia crítica.

Su objetivo no es solo participar. “Uno cuando corre, si vas a correr karting con tus amigos o en F2, uno quiere ganar”, sentencia. Sabe que el equipo está penúltimo en el campeonato actual, pero tras unas pruebas en mayo, no alberga dudas: “Es un equipo de primer nivel por cómo trabajan. Tienen todo para brillar”.

El camino está trazado. Viajará a Países Bajos para probar la butaca, hacer simulador y conectar con los ingenieros. Luego, a Bahréin para la última fecha del WEC y, del 10 al 12 de diciembre, a los ensayos de postemporada de F2 en Abu Dhabi. Serán 14 fines de semana compartiendo el paddock con la F1, un sueño tangible.

Mientras tanto, Cadillac observa. Su rendimiento en la pista será el examen final que puede abrirle, o cerrarle para siempre, las puertas de la Máxima. Allí, el "Checo" Pérez y Valtteri Bottas son titulares, Colton Herta es el reserva y hay una legión en el simulador. La competencia es feroz, pero Varrone no se distrae: “Me focalizo en rendir, en Nico Varrone como piloto, como si tuviese que rendir cuando tenía 8 años en el karting”.

La charla termina. Lo espera un asado con amigos y familia, sus últimas horas en el país antes de volar. Se despide con la misma sonrisa con la que llegó, pero con la determinación de un hombre que camina, con los ojos abiertos, hacia su última y gran batalla

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