
El reloj en la carrera de un joven futbolista a menudo avanza más rápido de lo debido. A los 18 años, Franco Mastantuono ya conoce el peso de la camiseta del Real Madrid y la sombra alargada de la crítica. Una pubalgia, diagnosticada este lunes por los servicios médicos del club, lo deja fuera del partido ante Liverpool en Anfield y lo obliga a una pausa forzosa en un momento clave de su adaptación.
La lesión no es un hecho aislado. Es, quizás, la consecuencia natural de una exigencia física acumulada: las Eliminatorias Sudamericanas con la Selección Argentina, la gira por Estados Unidos, y la transición abrupta de las canchas de River Plate al rigor del fútbol europeo. Durante la estadía en Miami, el cuerpo técnico de Lionel Scaloni lo desafectó ante las primeras molestias. Una señal de alerta que, ahora, se convierte en un parte oficial.
Su último partido, la victoria 4-0 ante el Valencia, dejó más dudas que certezas en la prensa madrileña. Mientras Kylian Mbappé acaparaba flashes, Mastantuono era analizado con lupa. “La única pieza que no encaja”, tituló Marca. Lo describieron perdido en el campo, desconectado de sus compañeros, pero con una virtud invisible para los números: “No hizo ni una sola mala cara”. En ese detalle se condensa la entereza de un pibe de Azul que sabe que su verdadero partido se juega contra el tiempo.
Con solo nueve presencias en Liga y tres en Champions, su rendimiento ha sido irregular—un gol ante Levante, una asistencia en Kazajistán—, pero suficiente para que la afición blanca espere un destello de genialidad en cada tocada. Ahora, con este parón, su futuro inmediato queda en suspenso. No estará en Anfield. Tampoco, casi con seguridad, en la próxima convocatoria de Scaloni.
Mastantuono encarna la paradoja del talento precoz en un club de gigantes: lo reclaman para el hoy, pero su cuerpo y su proceso piden calma. Mientras el Real Madrid lo mantiene “pendiente de evolución”, fuera de los reflectores, su desafío no es solo recuperarse: es sobrevivir a la impaciencia