07/11/2025  -  Deportes
La piel del campeón
Adidas y la AFA presentaron la nueva casaca con un spot que es un manifiesto: fútbol, truco y la esencia de un país que no se resigna a dejar de soñar.

En el vestuario, Marito, el utilero que ha visto pasar leyendas, enciende una radio. Es la señal de que comienza el ritual. Julián Álvarez, con la inocencia de quien aún no dimensiona la historia que carga sobre sus hombros, pregunta: “Ya arrancó, ¿no?”. No habla de un partido de fútbol. Habla de una partida de truco, ese juego de cartas, de puteadas amistosas y de miradas que dicen más que las palabras. Y en esa mesa, se sienta la Argentina entera.

El técnico Lionel Scaloni, la serenidad hecha persona, hojea un diario. Un titular lo interpela: “¿Sigue el sueño Argentino?”. Él levanta la vista, casi molesto por la duda, y suelta un “Pff, ¿qué te parece?” que es un gesto de orgullo y un guiño complice. Es la respuesta de un pueblo que hizo del fútbol una religión y de la picardía, un arte.

La cámara recorre la mesa. Cuti Romero grita “¡Dale que se picó!”, Leandro Paredes canta “Truco” con la convicción de un hombre que no se achica. Giovani Lo Celso, impasible, toma mate como si el destino del mundo no se estuviera decidiendo sobre ese mantel. Es la naturalidad de lo cotidiano elevada a épica.

Aparece Bizarrap, fuera de su estudio, metido en una discusión futbolera. Nico González y Exequiel Palacios lo desafían: “A ver, cantámelo”. Es el humor argentino, ese que no perdona ni en la gloria. Rodrigo De Paul, con la vehemencia que lo caracteriza, pide “Quiero retruco”. La apuesta sube. Y en el metegol, lejos de la mesa pero en la misma pulseada, Claudio Echeverri y Franco Mastantuono, las joyas nuevas, trasladan la rivalidad. “Jugá callado”, le sugiere Mastantuono. La nueva camada ya aprendió las reglas.

Ángel Di María, el hombre que se fue en la cima pero que nunca abandona la mesa, sentencia con la sabiduría del que lo dio todo: “Yo acompaño, como siempre”. Y entonces, el ‘Dibu’ Martínez, arquero y personaje, irrumpe: “Vamos al pie”. El presidente de la AFA, Claudio ‘Chiqui’ Tapia, eleva la apuesta al máximo: “Quiero vale cuatro”.

Y en ese instante, el silencio expectante se quiebra con una voz. Una voz que paraliza a un país y enciende las redes sociales. Es Lionel Messi. El capitán. El faro. Con la tranquilidad de quien tiene la carta ganadora, responde al desafío: “Quiero”. Una sola palabra que, en el código argentino, significa mucho más que una jugada en un juego de cartas. Es la confirmación tácita, el guiño que todos esperaban: el sueño del Mundial 2026 sigue vivo y él estará allí.

Mientras la voz de Luis Alberto Spinetta empieza a inundarlo todo con “Serán los días más felices”, el video se convierte en un desfile de presentes y futuros. Thiago Almada, Nico Paz, Valentín Carboni, los pilares de la era Scaloni como Mac Allister, Otamendi y Tagliafico. Todos están. Es la familia albiceleste, sin distinciones.

La camiseta: las rayas de la historia

Sobre sus espaldas, llevarán la nueva piel. Una camiseta que es un viaje en el tiempo. Las franjas albiceleste ya no son uniformes; son un degradé de tres tonos de celeste que homenajean, que evocan. Son los azules de 1978, de 1986, de 2022, fundidos en una sola tela. En la nuca, el número “1893” recuerda la cuna: el año en que la AFA echó a andar esta pasión.

El short azul marino con laterales celestes y la opción negra para los arqueros completan un uniforme que, más que una indumentaria, es un símbolo. Su presentación en el mundo, junto a otras 22 federaciones, no opaca su profundo significado local.

El cierre: un himno en el Colón

La presentación, que incluyó un evento en el Salón Foguier, a pasos del Teatro Colón, fue una inmersión total en el mito. Había reliquias de Messi, desde la cinta de capitán de la Copa América 2021 hasta botines históricos. Los invitados jugaron al truco y armaron la camiseta en paneles magnéticos.

Pero el momento culminante, el que erizó la piel, fue cuando la fachada majestuosa del Teatro Colón se transformó en una pantalla. Imágenes de gloria se sucedieron al ritmo de una orquesta que tocó “Seminare”, “Costumbres argentinas” y, por supuesto, “Muchachos”. Fue la consagración: el fútbol, la cultura popular y la tradición, unidos en una sola noche para vestir de gala a la piel del campeón. Para recordarle al mundo que la Argentina no defiende un título. Defiende una identidad

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