01/12/2025  -  Deportes
Un paso más en la obsesión
En una Bombonera caliente y determinante, Boca derrotó a Argentinos Juniors con pundonor y un gol tempranero de Costa. La mirada ya está puesta en la semifinal y en el título que ansía todo un club.

La noche en La Bombonera tuvo el sabor agridulce de los desafíos cumplidos a fuerza de corazón. Boca Juniors, frente a un Argentinos Juniors que dominó largos tramos del partido, sufrió, se replegó y finalmente se aferró con uñas y dientes a un trabajoso 1-0 que lo deposita en las semifinales del Torneo Clausura. El objetivo, claro y repetido como un mantra desde las gradas, sigue intacto: cerrar el año con una estrella.

El partido, desde el pitido inicial, fue un pulso. El grito de guerra “Para ser campeón, hoy hay que ganar” no cesó, pero en el césped la historia tuvo matices. Ayrton Costa, apenas a los 4 minutos, empujó al gol un rebote tras un remate de Miguel Merentiel y un corner de Leandro Paredes. La fórmula rápida ilusionó, pero pronto se convirtió en un faro solitario en medio de un mar de presión visitante.

Argentinos, dirigido con astucia por Claudio Úbeda, manejó los tiempos, la pelota y generó el peligro más claro. Carlos Palacios estrelló un remate en el travesaño; Marchesín, sólido y determinante en la portería, voló para despejar un zurdazo de Fattori; y en el segundo tiempo, un cabezazo de Molina rozó el poste y heló por segundos el alma xeneize. El arquero, además, fue clave con una atajada fundamental sobre Porcel cuando el empate parecía cantado.

La figura del juez Fernando Echenique atrajo gran parte de la ira local. Cada decisión, cada falta cobrada o silenciada, fue coreada con insultos y cánticos desde las tribunas. El árbitro, que ya tenía historia por un cruce previo con Edinson Cavani, amonestó a Leandro Paredes y al Changuito Zeballos en medio de un clima que se enrarecía por momentos.

Más allá del juego, la Bombonera vivió sus rituales. Juan Román Riquelme, desde su palco, fue protagonista de gestos silenciosos pero elocuentes: consintió a un pequeño hincha, obsequió camisetas a la tenista Victoria Azarenka y a la cantante Ángela Leiva, y colgó una bandera en memoria de Ramiro, un pequeño fanático. Pero su intervención más resonante llegó después. Al finalizar el partido, llamó por teléfono al héroe de la noche, Ayrton Costa, para felicitarlo personalmente. “Me felicitó el 10”, confesó el lateral, autor del gol y una de las piezas clave de la resistencia.

El cierre fue de alivio y proyección. Mientras los jugadores de Argentinos, frustrados, dirigían duras críticas hacia Boca y el arbitraje –una reacción que Úbeda luego matizaría–, el Xeneize ya piensa en el siguiente escollo. A la espera del rival entre Racing y Tigre, la semifinal también será en casa. La Bombonera, otra vez, será el horno donde se cocine un sueño. La obsesión por la Libertadores 2026 ya está asegurada, pero el hambre inmediata es por el título local. Y esta sufrida victoria demostró que, a veces, el camino al campeonato se transita más con temple que con brillo

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