
La historia oficial dice que Emiliano "Dibu" Martínez se adueñó del arco argentino el 4 de junio de 2021, en un empate ante Chile por Eliminatorias. Sin embargo, los archivos y los protagonistas revelan una precuela cinematográfica, una de esas jugadas del destino que, vistas a la distancia, explican la forja de un ídolo. Quince años antes de levantar la Copa del Mundo en Qatar, una serie de eventos desafortunados y una simple visa en el pasaporte colocaron a un adolescente Martínez en el radar de la Selección Mayor.
Esta historia oculta, rescatada por Martín Tocalli —actual entrenador de arqueros de la Scaloneta— en la biografía de Lionel Scaloni, nos transporta a junio de 2011. No había flashes, ni bailes, ni millones de seguidores. Solo urgencia.
Corría el año 2011 y la Selección Argentina, entonces dirigida por Sergio "Checho" Batista, debía cumplir con dos compromisos amistosos ante Nigeria y Polonia. Con las figuras descansando para la inminente Copa América, Batista armó un equipo "B" con jugadores de segunda línea y proyecciones.
Los arqueros designados eran Adrián Gabbarini y Oscar Ustari. Pero la desgracia golpeó en un entrenamiento en Abuya, la capital nigeriana. "Estábamos haciendo un picado, Oscar fue a buscar la pelota al costado, pisó en un pozo y se rompió los ligamentos", relató Tocalli.
A 48 horas del partido, Argentina tenía un solo arquero. El riesgo de un papelón internacional era inminente. La solución lógica era convocar a otro arquero del medio local o europeo, pero había una barrera insalvable: la burocracia. Para entrar a Nigeria se necesitaba una visa tramitada con antelación. Nadie llegaba a tiempo.
Fue entonces cuando la memoria de los entrenadores se iluminó. "Nos miramos con el Checho y ambos dijimos: 'El Dibu'", confesó Tocalli. La razón no era solo futbolística, era administrativa: Martínez, entonces un joven de 18 años que militaba en las inferiores del Arsenal inglés, había disputado el Mundial Sub-17 en Nigeria en 2009. Tenía la visa vigente.
El llamado telefónico interrumpió las vacaciones de Emiliano en su Mar del Plata natal. Lo que siguió fue una carrera contra el reloj digna de una película de acción.
Según reconstruyó la crónica de la época, un vuelo privado salió de urgencia desde Mar del Plata hacia Ezeiza, y de ahí, el joven arquero emprendió la travesía de 8.000 kilómetros hasta África. "Llegó casi sobre el partido", detalló Tocalli. "Lo fueron a recibir al aeropuerto dos empleados que no lo conocían con un cartel con su nombre. Se metió corriendo al vestuario y al toque entramos y se sentó en el banco".
Aquel 1 de junio de 2011, Argentina perdió 4-1 (gol de Mauro Boselli). Martínez vio la derrota desde el banco, suplente de Gabbarini, compartiendo equipo con nombres como Federico Fazio, Pablo Zabaleta y Nicolás Gaitán.
Aunque no ingresó ni en Nigeria ni en el posterior amistoso en Polonia (caída 2-1), esos días de convivencia fueron cruciales. Martín Tocalli vio algo en ese adolescente que, una década después, sería fundamental para la tercera estrella.
"Ya era un animal, una bestia, pero todavía era un nene", recordó el entrenador de arqueros. "Se mostraba con ganas y personalidad como diciendo: 'Che, estoy acá'. Con apenas 18 años, se hacía notar".
Esa impresión quedó latente. Pasaron los años, las cesiones por el ascenso inglés (Oxford, Sheffield, Getafe) y la explosión tardía en el Arsenal tras la lesión de Bernd Leno. Pero cuando Lionel Scaloni y su cuerpo técnico tuvieron que decidir quién reemplazaría a Franco Armani (afectado por Covid-19) en la previa de la Copa América 2021, la duda no existió.
"El Dibu ya lo había emparejado (a Armani). El Dibu igual iba a atajar", sentenció Tocalli. La seguridad que transmite hoy, su juego con los pies y su fortaleza mental —esa que lo hace "comerse" a los rivales en los penales— ya se gestaba en aquel viaje relámpago a Nigeria.
Para los futboleros de Junín y la Provincia, la historia de Dibu es la prueba de que el talento necesita preparación, pero también de que el destino juega sus propias cartas. Una visa guardada en un cajón fue el primer paso de un camino que terminó en la eternidad