
Lo que debía ser una fiesta del tenis en la primera semifinal del Abierto de Australia 2026 terminó convirtiéndose en un escenario de tensión política y deportiva. En un partido que tuvo de todo —calor extremo, vómitos, remontadas y un nivel excelso—, Carlos Alcaraz logró imponerse a Alexander Zverev y clasificar a su primera final en Melbourne. Sin embargo, el resultado (6-4, 7-6, 6-7, 6-7 y 7-5) quedará, al menos por unas horas, eclipsado por la polémica reglamentaria que estalló en el tercer set.
La victoria del murciano no fue solo contra un rival formidable, sino contra su propio cuerpo y un reglamento que quedó en el ojo de la tormenta.
El punto de quiebre no fue tenístico, sino administrativo. Con Alcaraz dos sets arriba y el marcador 5-4 en el tercero, el físico del español dijo basta. Aquejado por un malestar estomacal previo y el calor sofocante de la pista central, el número uno del mundo comenzó a sufrir calambres visibles en su pierna derecha. Fue entonces cuando solicitó atención médica (medical time-out).
Aquí es donde Zverev, tercero del ranking ATP y quien venía remando el partido desde atrás, estalló. El alemán conoce la letra chica del reglamento: el tratamiento médico por calambres no está permitido si no hay una lesión aguda subyacente, ya que se considera una falta de acondicionamiento físico.
Visiblemente alterado, Zverev encaró al juez de silla con vehemencia: “¡Esto es una mierda! ¡Está con calambres! ¡No puedes permitir esto!”. La queja del alemán no se quedó en el hecho puntual, sino que escaló hacia una denuncia sobre el manejo de poder en el circuito. “Siempre están protegiendo a estos dos”, lanzó, en referencia a Alcaraz y al italiano Jannik Sinner, sugiriendo un trato preferencial para las nuevas caras visibles del negocio del tenis.
Mientras la discusión subía de tono y el público observaba atónito, Alcaraz vivía su propio calvario. El español llegó a vomitar en la pista y su movilidad se vio seriamente reducida. Zverev, capitalizando la situación y su propia bronca, logró llevar el partido a un cuarto y luego a un quinto set, en una demostración de carácter.
Sin embargo, en el set definitivo, apareció la jerarquía del líder del ranking. “Al final fue un nivel altísimo de ambos. Traté de aguantar, de seguir en la lucha”, confesó Alcaraz tras el partido. Con movimientos limitados pero una muñeca prodigiosa, el español cerró el pleito por 7-5 en el quinto, asegurando su pase a la final tras una maratón física y mental.
En la conferencia de prensa posterior, Zverev intentó bajar los decibeles, aunque no se retractó del fondo de su reclamo: “Dije que fue una mierda, pero ya pasó. Ha sido una de las mejores batallas en Australia”.
Por su parte, Alcaraz, exhausto pero feliz, destacó el rol de la gente en su resistencia: “Si la gente no está de tu lado cuesta el doble. Parte de la remontada es de ellos”.
Ahora, el mundo del tenis espera por la otra semifinal entre Novak Djokovic y Jannik Sinner. Alcaraz ya espera en la final, habiendo superado no solo a Zverev, sino también una de las pruebas de fuego más controvertidas de su carrera profesional