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Mujer  Lunes 13 de enero de 2020 - 12:39 hs.                704
  Mujer   13.01.2020 - 12:39   
Crisis real, crisis familiar: cuando los nietos no quieren seguir con el legado
La decisión del príncipe Harry y Meghan Markle de romper con la corona y ser “económicamente independientes” sirve para repensar cómo gestionar las peleas domésticas.

"Económicamente independientes". Este es el concepto que usaron los duques de Sussex, el príncipe Harry y Meghan Markle, para anunciar que dejarían sus actuales posiciones de primera línea en la monarquía británica. Crisis real que, a la vez, tiene su espejo en una crisis familiar. Ser económicamente independientes significa, en este caso, correrse de la tradición, rechazar el legado histórico y construir su propio camino, por fuera de los mandatos familiares. ¿Puede servir este caso público para repensar cómo gestionamos las peleas familiares entre nietos, padres y abuelos? ¿Y qué pasa cuando esos conflictos ponen en juego empresas, negocios o herencias?


Los duques de Sussex, el príncipe Harry y Meghan Markle (AFP).


De reyes y reinas: un caso (no tan) excepcional

Este caso es, a todas luces, un caso de enorme excepcionalidad: la abuela no es cualquier abuela, es la reina de Inglaterra. Y tampoco es cualquier reina: como pudimos seguir de cerca en la serie The Crown, de Netflix (para los distraídos, hace rato está on line la tercera temporada), es una monarca que se aferró a la corona y se atornilló al trono, convirtiéndose en la británica que reinó por más tiempo (aun más que la reina Victoria). Ella no cedió el poder a su hijo, Carlos, como sí ocurrió en Holanda en 2013, cuando Beatriz abdicó para cederle su puesto al ahora rey Guillermo Alejandro, junto a la reina Máxima. Y, dicen las especialistas, esta falta de reconocimiento a su hijo, Carlos, se encuentra en la base de todos los problemas.


El príncipe Carlos, Camilla, la reina Elizabeth II, Meghan Markle, el príncipe Harry, y el príncipe William (AFP)


"Esto también pasa en las familias: hay padres que nunca reconocen a sus hijos como adultos y siguen ostentando el poder, sobre todo, si tienen una empresa y si tienen dinero (más allá de cuánto sea el dinero, pasa por el valor imaginario asignado a lo que tienen)", dice a Entremujeres Clarín Eva Rotenberg, miembro titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina y de la internacional, fundadora de la Escuela para Padres Multifamiliar y autora de libros.


Para Eva, este caso sirve como ejemplo paradigmático porque "en muchas familias los abuelos siguen siendo 'los reyes' y continúan en ese lugar aunque ya sean ancianos. Las nuevas generaciones tienen -y desean- crecer y desarrollar su proyecto de vida, y si ellos no ceden ese lugar de ser 'los reyes', las nuevas generaciones no tienen lugar".


"Megxit", como han llamado los medios británicos a la crisis de la corona. (EFE).


Padres borrados

"Estamos hablando de un vínculo en el que los padres desaparecieron como tales: la madre, Diana, está muerta y el padre, Carlos, está en otra película. Entonces, la reina tiene acceso a este nieto de forma tan particular porque no hay una generación de padres que medien. Cuando uno tiene un vínculo de hijo con sus padres, la relación con sus abuelos no es tan importante", sentencia Claudia Messing, presidenta de la Sociedad de Terapia Familiar y autora de Cómo sienten y piensan los niños hoy (Noveduc), entre otros libros. Es que, para ella, "cuando los nietos se enfrentan con los abuelos -o viceversa- se pone en evidencia una falta de jerarquía, poder o posicionamiento de los padres. Los abuelos no deberían tener el poder de influir en los nietos, pasando por encima la generación de los padres".


Eva coincide: "A veces, los padres -supuestos mediadores entre nietos y abuelos- están muy ausentes, no tienen autoridad o la función parental bien entendida: si los abuelos siguen mandando y son los que determinan lo que tienen que hacer los nietos, hay una generación que está salteada, es decir, los padres son sometidos y vuelven a someterse. Y a los nietos no les queda otra que elegir entre someterse, o romper y alejarse para preservar su salud mental".


Entonces, para ellas, lo primero que hay que hacer es evitar el enfrentamiento entre abuelos y nietos: "Si los nietos tienen un problema con los abuelos, deben hablar con los padres; y si los abuelos tienen un problema con los nietos, también deben hablar con los padres. Son los mediadores entre ambos. Cuando éstos son pasados por arriba, hay que trabajar las relaciones complicadas que hayan tenido los padres con sus propios padres (abuelos) y luchar por construir un lugar de hijo respetuoso, que pueda decir lo que piensa sin que eso implique un enfrentamiento".


El negocio familiar y seguir (o no) con el legado

La continuación, o no, con la tradición familiar es uno de los ejes que las generaciones jóvenes deberían poder decidir, más allá de la intención o deseo de sus padres o abuelos.


Cabe preguntarse, en este caso que funciona de ejemplo, cuál es la razón del rechazo. "Muchas veces el rechazo del hijo hacia el negocio familiar tiene que ver con la ligazón profunda con alguien que fue rechazado; algunos hijos se convierten en el estandarte que puede encubrir un conflicto de la pareja entre los padres. Es decir, un hijo que era muy apegado a la madre es como el mascarón de proa y confronta al padre por el conflicto no resuelto". Pero tomar otro camino no tiene, necesariamente, que redundar en una crisis o conflicto familiar.


En el caso de las empresas familiares se puede dar un doble fenómeno, en el que los herederos siempre quedan en un lugar incómodo. Desarrolla Eva: "O hay un mandato que sugiere que los hijos tienen que seguir con la empresa, con la moral familiar y con sus valores (y que los chicos pueden no querer continuar), o el otro extremo, que se da cuando los hijos sí quieren ser incluidos en la empresa familiar como alguien que puede decidir y opinar, y los padres fundadores se sienten 'reyes' y no quieren ceder el espacio. En ambos extremos, los hijos no tienen lugar: tanto si los padres no confían en las decisiones que pueden tomar sus hijos y no ceden el lugar, y como si no confían en su decisión de no seguir con el mandato".


El príncipe William, duque de Cambridge, y el príncipe Harry, duque de Sussex (AFP).


Otro tema es la relación entre hermanos, y cómo el hijo mayor tiene un lugar preponderante (en este caso, William, futuro rey), y los otros hijos sienten que no tienen lugar, tanto en la empresa -familiar- como en la vida en general. Cuando hay mandatos muy rígidos, generalmente las salidas son traumáticas (ruptura entre hermanos y/o familiar).


El caso del "niño majestad"

Eva Rotenberg hace, además, un análisis sobre la figura del príncipe Harry y la relación con su familiar: "Hay una doble desvalorización de su figura: si bien dicen que 'él no es importante' porque es sexto en la línea sucesoria, no le permiten tomar decisiones. Es decir, busca hacer su camino y, a pesar de que no lo consideran tan valioso, no le permiten alejarse. ¿Cómo se puede sentir un hermano -menor- al que las leyes de la familia lo hacen sentir que no vale?", dice la especialista, y sugiere que es una situación en donde no hay salida fácil: "Si no se pueden tomar decisiones de manera equilibrada, la salida puede ser trágica. Y esto puede pasar en cualquier familia", asegura.


"Así como padres o abuelos pueden ser portadores de una 'corona imaginaria', cuando los padres tienen un bebé sueñan que el bebé es 'su majestad', es decir, creen que el niño va a cumplir todo lo que ellos soñaron para sí mismos y no pudieron desarrollar o no cumplieron. Y hay dos posibilidades: si el bebé se queda en ese lugar, hace sentir a los padres como padres perfectos, 'padres reyes', pero el bebé/niño/adulto queda alienado, porque tiene que vivir de acuerdo al deseo de esos otros que sienten que tienen una corona imaginaria; en cambio, si el niño/adulto se corre de ese lugar de ser 'su majestad', puede ser él mismo, construir su verdadera identidad y vivir su propio proyecto de vida, pero corre el riesgo de que los padres no lo reconozcan, se enojen y que lo desvaloricen", explica Eva. Y esto mismo ocurre con los abuelos cuando los padres no asumieron la parentalidad.


Cómo manejar el conflicto

¿Cuáles son las pautas a seguir cuando hay una crisis que afecta a toda la familia? "Muchas veces esto no lo pueden resolver solos; es necesario que haya un tercero que los ayude a pensar distintas posibilidades. Porque hacer algo diferente a lo que hicieron los padres -lo que para algunas familias es una catástrofe y pierden el vínculo, como un hijo de familia de abogados que no quiere seguir esa carrera- tiene, a veces, el costo del destierro, de ser excluidos de la familia, mientras los padres y abuelos también pierden, pierden ese vínculo", dice Eva.


Messing destaca la necesidad de que un tercero, "sensato y querido por el resto", plantee su dolor: "Alguien tiene que mediar y decir 'ustedes se están matando, pero yo estoy sufriendo por su pelea, por lo que les pido por favor que tengan esto en cuenta y traten de moderar sus opiniones y las guarden cada uno para sí'. Hay que entender que, cuando uno crece, los vínculos de familia no son vínculos totales, en espejo, sino que son seres humanos que tienen diferencias, y tienen que aprender a respetarse".


Poder y economía, herencia y legado, descendencia y familia... En crisis.