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 Martes 13 de agosto de 2019                422
    13.08.2019 -    
Gu铆a para entender a tu hijo adolescente (y convivir en paz)
La adolescencia no es un per铆odo que se caracterice por la empat铆a con los padres. C贸mo transitar esta etapa.

Gu铆a para entender a tu hijo adolescente (y convivir en paz)

-隆Joaco, hoy vamos a comer a lo de los t铆os!


-S铆, qu茅 bueno, me encanta c贸mo cocina la t铆a.


Joaco tiene tres a帽os y la pasa genial con sus padres y adem谩s la t铆a hace las mejores milanesas del mundo.


-Joaco, el domingo vamos al teatro con Tommy y la mam谩.


-隆S铆! 驴Podemos comprar pochoclo para comer ah铆?


Joaco tiene 5 a帽os y el teatro con familia y amigos es un programa fabuloso.


-Joaco, dice papi que te apures que ya te pasa a buscar para ir a la cancha.


-Dale, ya me visto y estoy.


Joaco tiene 11 a帽os y uno de los momentos m谩gicos es esperar que gane su equipo en la tribuna de su club con su padre al lado.


-Joaco, el finde vamos con mam谩 a la quinta, 驴te prend茅s? Invit谩 a un amigo si quieres.


-No, pa gracias, me quedo ac谩, armo algo con los chicos, 驴puedo poner la casa?


Joaco ya creci贸, tiene 15 a帽os y lo interesante empieza a pasar fuera de la 贸rbita de pap谩 y mam谩.


***


Recordemos algo esencial, el camino saludable del crecimiento es el que va de la endogamia a la exogamia (endo dentro, exo afuera, gamia 鈥揻amilia).


En los primeros a帽os de vida, si las cosas est谩n en eje dentro de lo familiar, los paseos y programas con familia, padres, t铆os y abuelos son necesarios, esperados y de lo m谩s placentero que pueda experimentar un ni帽o. Cine, jugar en la plaza, todo es maravilloso.


A medida que crecen, saludablemente lo interesante empieza a suceder por fuera de lo familiar. Los amigos, los primeros amores, el descubrir nuevos mundos, ir solos al colegio, volver, las primeras salidas cuando ya est谩 oscuro y es de noche, el primer beso, ir sin adultos al cine, y as铆 sigue la lista.


Vacaciones con los padres son geniales hasta que empiezan a tener posibilidades de hacerlas con sus amigos.


Mi hijo Santi, frente a mi propuesta de un (a mi criterio) muy interesante viaje hace un a帽o, me respondi贸, serio y preocupado por mi reacci贸n: "No te enojes, pero este a帽o me voy con los chicos a la playa y despu茅s quiero quedarme ac谩".


Y entend铆, no me enoj茅, s铆 me dio pena por mi deseo de viajar con 茅l, pero est谩 creciendo, las alas ya baten fuerte y as铆 es la historia.


El desaf铆o para nosotros los padres es entender que esto no tiene que ver con nosotros, o mejor dicho s铆, pero desde otro lugar.


Paula, la protagonista de la maravillosa pel铆cula francesa 鈥淟a Familia Belier鈥 le dice a su madre en una discusi贸n originada en su decisi贸n de dejar la casa de origen 鈥淰os pens谩s que me voy porque son los peores padres que pude haber tenido. Al contrario, los dejo porque son los mejores que me pudieron haber tocado, porque me dieron lo necesario para volar鈥︹ Maravilloso, y de eso se trata.


El lugar que ocupamos los padres para ellos va cambiando a medida que crecen, y nada tiene que ver con el amor. O quiz谩s s铆, porque nos aman, y los amamos, tenemos que gestionar la relaci贸n de maneras distintas.


Lo que antes les parec铆a maravilloso de nuestras 鈥渉abilidades y virtudes鈥 hoy los espanta.


Un paciente me contaba que su hija esperaba todas las noches que el agarrara la guitarra y cantara para sentarse a su lado. Hoy la ni帽a tiene 16 a帽os y cuando su padre desenfunda el instrumento camina sigilosa para su cuarto. Otros tiempos, otros intereses, el mismo amor.


Entenderlo puede ser la diferencia entre una relaci贸n armoniosa con nuestros hijos adolescentes o un martirio insostenible de angustias y tensiones no gestionadas.


En la adolescencia, lo interesante empieza a suceder fuera del 脙隆mbito familiar.


La adolescencia no es una enfermedad

La adolescencia no es una enfermedad. Es un tr谩nsito desde la ni帽ez hacia el mundo adulto, un tr谩nsito complejo, vertiginoso a menudo, con curvas peligrosas, pendientes, un camino escarpado, claro que s铆.


Repleto de lugares desconocidos, y como todo lo desconocido asusta, y mucho.


Los adolescentes no son ap谩ticos, no son mudos, no est谩n metidos para adentro, dicen y hablan con qui茅n ellos quieren y cuando quieren. No es como nosotros los adultos quisi茅ramos, tienen su propia manera. La ropa de grande les queda a煤n grande y la de ni帽os les queda peque帽a. Y deben pisotear amorosamente nuestras cabezas para crecer.


La adolescencia se trata de ir graduando intensidades emocionales, ecualizando la vida, ni m谩s ni menos. Es descubrir, es buscar el l铆mite, desafiarlo. Es cuestionar los emblemas a los que los ni帽os se aferran para crecer. Es derribar a los padres, para poder volver a estar junto a ellos desde otro lugar. Y c贸mo todo tr谩nsito, puede ser un viaje hermoso o repleto de turbulencias.


Y depende una vez m谩s, del piloto 驴D贸nde est谩 el piloto?


驴Adivinan?


Los pilotos somos, claro est谩, los padres. Quiero decir: si damos se帽ales claras para la navegaci贸n, si somos a la vez tambi茅n la torre de control y dejamos que ellos despeguen, cobren vuelo y vayan a la aventura. Si permitimos la autonom铆a indispensable sin dejar de restringir los riesgos que atentan contra la integridad de la nave (o sea, ellos mismos). Si hacemos todo esto medianamente bien, el pasaje por la adolescencia pueden ser m谩gico.


Una vez m谩s digo: tenemos que estar lo suficientemente cerca para cuidarlos y lejos para no asfixiarlos. Si habilitamos lo preciso para que experimenten, si permitimos que sufran y gestionen sus emociones, entonces todo ser谩 posible.


Digo, y cada vez m谩s preocupado, los j贸venes dicen sentirse muy solos respecto a los adultos. Reclaman padres. Sencillo, contundente y terrible. Padres que pongan el cuero y el cuore. Padres que no negocien lo innegociable, que pongan l铆mites, que marquen camino.


El arte de hablar con un hijo adolescente

Los adolescentes no hablan cuando los padres queremos. Lo hacen cuando ellos lo deciden. No soportan los discursos interminables (y lo bien que hacen), entonces, seamos concisos y precisos en el decir.


Tienen un especial sensor para detectar nuestras contradicciones y nuestros quiebres en el discurso.


Mi hijo menor suele decirme "escuchame" cuando estoy en modo multitask. Y si no percibe que tengo la plena atenci贸n en lo que me dice repite enf谩ticamente: 鈥淓sc煤chame por favor鈥. Y ese 茅nfasis me vuelve al eje, me descentra de mi ensimismamiento y me conecta con la situaci贸n que 茅l propone y precisa.


Y eso es, los hijos proponen y precisan de nosotros, ni m谩s ni menos.


Y a menudo, porque los padres somos tambi茅n seres humanos, nos corremos del punto en el que tenemos que estar parados como padres, y si no entendemos las se帽ales que nos dan, dejamos puertas abiertas para que busquen afuera y en las "muletas del crecer" lo que no encuentran en nosotros.


驴Es claro no?


Si no estamos a la altura de las circunstancias los dejamos sencillamente solos, con todo el riesgo que eso implica.


Podemos aprender mucho de ellos si bajamos nuestras varas de exigencias.


Muchas veces sobredimensionamos situaciones que son en la perspectiva del corto plazo, m谩s que menores.


En la puerta de calle del consultorio la madre furiosa me cuenta: "驴A vos te parece? Se qued贸 20 minutos jugando al metegol el club. Lleg贸 tarde al entrenamiento de hockey. El finde no sale鈥. Intervengo: "Es una nena de 13 a帽os, no mir贸 el reloj, se entretuvo. 驴No es grave, no? Es mucho m谩s serio tu enojo que lo que sucedi贸. Ya se encargar谩 el entrenador de establecer consecuencias. Relaj谩". La peque帽a apoyada en la pared escuchaba atenta y respira aliviada: nada grave hab铆a sucedido.


"La adolescencia es derribar a los padres para poder volver a estar junto a ellos desde otro lugar", dice Schujman.


Propongo que hagamos el siguiente ejercicio.


Cerremos los ojos, vayamos 15, 20, 30 a帽os para atr谩s y recordemos cuando los que est谩bamos transitando la adolescencia 茅ramos nosotros.


Recuerdo, con mis 15 a帽os, instalado en el tel茅fono fijo del hall de entrada de mi casa, hablando horas y horas con mi noviecita.


Mi pap谩, cansado de todo el d铆a de trabajo gritaba, desde la planta alta: "隆隆隆Ale, el tel茅fono!!!" Era la 煤nica v铆a de comunicaci贸n (claro est谩, no hab铆a redes sociales ni nada que se pareciera) y yo no era el ombligo del mundo. Pero no lo sab铆a, o mejor dicho, no lo registraba.


La adolescencia no es un per铆odo que se caracterice por la empat铆a con los padres, y no tiene que ver con el amor.


Est谩 en relaci贸n con que toda la energ铆a est谩 puesta en crecer y diferenciarse del mundo familiar, entonces en ese entonces, yo me aferraba al tel茅fono de l铆nea como hoy los chicos a los monitores.


Recordemos nuestros a帽os de adolescentes y podremos entender mucho de lo que a nuestros hijos les sucede.


Har茅 una formulaci贸n arriesgada pero lo hago convencido. Disfrutemos de nuestros hijos adolescentes, pongamos ternura en situaciones en las que habitualmente nos enfurecemos. Entendamos que son peque帽os chihuahuas disfrazados de rottweiler.


Est谩n tratando de crecer y nos precisan all铆: 鈥淐erca para cuidarlos y lejos para no asfixiarlos鈥. No seamos pares, seamos padres, y demos lo que ellos precisan: tiempo, flexibilidad, amor, y l铆mites.


Con esos ingredientes, les aseguro, no puede fallar. Los hijos no huyen, solo vuelan y all铆 nos precisan.


*Alejandro Schujman es psic贸logo especializado en familias. Autor de Generaci贸n Ni-Ni, Es no porque yo lo digo y Herramientas para padres.

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