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    24.11.2019 -    
Las exigencias de la sociedad imponen un nuevo estándar en la producción de alimentos
La red de “Buenas Prácticas Agropecuarias” busca establecer una nueva forma de hacer y medir las tareas desde el campo hasta la góndola.

Las exigencias de la sociedad imponen un nuevo estándar en la producción de alimentos

Nunca antes la calidad e inocuidad de los alimentos había preocupado tanto a los consumidores como lo hace ahora. Con la malnutrición y la obesidad como principales problemas de salud pública y con el deterioro ambiental como gran señal de alarma, el debate sobre la forma de producción e industrialización está en el centro de la escena, con mitos y desinformación a la orden del día, con prejuicios de un lado y del otro del mostrador y con un déficit comunicacional que agranda el abismo ficticio entre el campo y la ciudad.


Desde el sector agroindustrial vienen tomando nota de esta situación desde hace varios años, y una de las decisiones que tomaron al respecto fue crear la llamada “red de buenas prácticas agropecuarias”(BPAs), una articulación de más de 90 instituciones que reúne a productores agropecuarios, acopiadores, empresas procesadoras, distribuidores y comercializadores de alimentos, organismos estatales como INTA y Senasa, universidades, gobiernos provinciales y hasta asociaciones de nutricionistas en la búsqueda de información común.


“Lo que buscamos es establecer un escalón básico sobre lo que es hacer las cosas bien. A partir de ahí vienen un montón de certificaciones, tecnologías, servicios agregados, pero la base son esas normas”, dice el coordinador de la red y economista de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires Juan Martín Brihet.


La base común que buscan establecer abarca aspectos como el bienestar animal, la seguridad laboral, las normas de higiene, la logística de transporte y almacenamiento de insumos y productos y una gran diversidad de temas específicos de cada región productiva. Uno de los puntos centrales, y tal vez el que más preocupa a las clases urbanas, es el referido al uso de agroquímicos. Desde el Ministerio de Agroindustria de la Nación, que forma parte activa de la red BPA, afirman que “si bien los fitosanitarios no son inocuos para la salud humana ni para el ambiente, su peligrosidad varía de acuerdo con su grado de toxicidad y la formulación. En este sentido, el riesgo asociado a su uso depende de las dosis utilizadas, las mezclas, las condiciones climáticas, el tipo y estado del equipo de aplicación, y la forma y el grado de exposición. Por lo tanto, su uso responsable es indispensable para prevenir los posibles daños derivados de su uso y manejo”.


Juan Brihet, coordinador de la red de Buenas Prácticas Agropecuarias.


Es sobre ese “uso responsable” donde se quiere encontrar parámetros comunes. Si bien en la Argentina aun no hay una ley nacional que regule las aplicaciones de fertilizantes, herbicidas y pesticidas que se utilizan en casi todas las producciones, la red de buenas prácticas empieza a sentar precedente y, en algunos casos, a convertirse en ley.


Es el caso de Córdoba, donde la Legislatura convirtió en ley la “Promoción de Buenas Prácticas Agropecuarias”, y no solo eso sino que además, para el ejercicio que está por comenzar, asignó al programa un presupuesto de 182,3 millones de pesos, lo que significa un 40 por ciento de incremento en relación a los 130 millones de pesos que se aprobaron para el corriente ejercicio. Con esa partida, la provincia premiará económicamente a los productores que demuestren hacer las cosas como el nuevo manual lo indica.


Uno de los focos de las llamadas Buenas Prácticas Agrícolas es la seguridad laboral.


En Santa Fe, la saliente Ministra de Producción Alicia Ciciliani explica que para abordar los conflictos en relación con el uso de agroquímicos avanzaron en una política que vincula ambiente y producción, con un cambio de paradigma, pensando en la salud humana, animal y vegetal integralmente. “Implementamos un sistema digital que registra todas las aplicaciones de fitosanitarios e incorporamos una plataforma de gestión de sanidad vegetal. De esta manera, involucramos a todos los actores: comercios, productores, profesionales y operarios”, detalla la ministra.


Claro que esta sintonía no es exclusiva de los cultivos extensivos. Las (BPA) serán de cumplimiento obligatorio a partir del 2 de enero de 2020 para los productores de frutas y desde el 4 de enero de 2021 para el sector hortícola, ya que así lo dispuso la Resolución 5/18, dictada en conjunto por las Secretarías de Alimentos y Bioeconomía y de Regulación y Gestión Sanitaria. La normativa incorpora en el Código Alimentario Argentino (CAA) el artículo 154 tris que establece: “Toda persona física o jurídica responsable de la producción de frutas y hortalizas deberá cumplir con las BPA cuando se realicen una o más de las actividades siguientes: producción primaria (cultivo-cosecha), almacenamiento hasta la comercialización dentro del establecimiento productivo, a excepción de aquellos registrados como empaques”.


En Río Cuarto, Fernando Lagos recibió una bonificación por las 400 hectáreas en las que tiene riego.   Córdoba hace punta con las Buenas Prácticas Agrícolas y premia al que hace bien los deberes.


De esta manera, los productores deberán cumplir siete principios que comprenden la documentación obligatoria/trazabilidad; productos fitosanitarios y fertilizantes sintéticos; agua; manipulación e higiene; animales en el predio; uso de fertilizantes orgánicos y enmiendas; y asistencia técnica, señalaron desde el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa).


El mensaje de las instituciones empieza a filtrarse de a poco en el campo, donde están finalmente los que toman las decisiones respecto al modo de producir. “Estamos viviendo la segunda revolución verde, que es de alta tecnología. Las premisas son producir alimentos sanos para el mundo de forma sustentable y sostenible, es una visión totalmente distinta de la agricultura que se viene haciendo”, remarca el asesor y productor agropecuario del sur de Córdoba Lucas Andreoni, y agrega: “En este sentido entran los servicios ecosistémicos. Siempre se priorizó el objetivo de generar alimentos y hoy hay una vuelta a lo ecológico en estos servicios. Biodiversidad, generar suelos, reciclar agua, regulación del clima, polinizadores, ciclo de nutrientes… son muchos valores que antes no se tenían en cuenta y hoy la sociedad los está exigiendo”.


Una de las herramientas que hacia el interior del sector agropecuario han tomado gran popularidad y que suman puntos en los programas de BPAs son los llamados “cultivos de servicios”. Se trata de cultivos que no se siembran con un fin productivo sino que tienen el objetivo de purificar y conservar el agua, evitar la erosión, brindar nutrientes al suelo y controlar malezas. “Como resultado, con estas prácticas se reduce la utilización de agroquímicos, tanto en herbicidas como en fertilizaciones. Estamos bajando entre un 10 y un 50 por ciento. Además, dentro de esta evolución hay todo un desarrollo de bioinsumos que ayudan a reducir el uso de los de síntesis química”, afirma Andreoni.


Lucas Andreoni en un lote de centeno utilizado como antecesor del cultivo de soja, en el sur de Córdoba.


Otra herramienta son los corredores biológicos, zonas en las cuales hay una biodiversidad vegetal, animal y de insectos que replica lo natural. “Uno genera un ambiente para que pueda haber diversidad de polinizadores y controladores biológicos cerca de los cultivos. Esto lleva a un aumento de los rendimientos en todos los cultivos, incluso en la soja, que a pesar de ser autógama se ve beneficiada por las condiciones que generan los polinizadores, que no son solo las abejas, también moscas, abejorros…”, explica Andreoni, y asegura que con estos manejos, además, se está aumentando la rentabilidad.


Los otros eslabones de las cadenas productivas empiezan a alinearse con esta tendencia, lo que se busca es asegurar la inocuidad desde la siembra hasta el envasado final de un producto, y por eso existen las “buenas prácticas de manufactura”(BPM). Hace pocas semanas, por ejemplo, el Instituto Nacional de la Yerba Mate informó que seis secaderos y un molino recibieron la certificación de BPM. Y desde grandes compañías que llegan a las góndolas con marcas propias también buscan adaptar sus procesos a las exigencias actuales, elevando la exigencia sobre el origen de las materias primas, mejorando los balances nutricionales de sus productos y tratando o transformando los residuos industriales para reducir la contaminación.


De esta manera, con tiempo, información y acuerdos, las exigencias de la sociedad empiezan a derivar en nuevos estándares para la producción de alimentos.

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