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    21.12.2019 -    
Un escarpín en el árbol de Navidad: cómo impactan las fiestas en quienes no logran concebir un bebé
En fechas donde las reuniones familiares y los balances están a la orden del día, quienes buscan un hijo lidian entre el anhelo incumplido y la esperanza renovada.

Un escarpín en el árbol de Navidad: cómo impactan las fiestas en quienes no logran concebir un bebé

Son épocas de encuentros y celebraciones, de familias reunidas, de lazos que muchas veces se renuevan y otras se fortalecen. Es tiempo de balances, de tildar en la lista las metas cumplidas y de revisar aquellas que todavía siguen del lado del "debe". Pero cuando esa deuda involucra los sentimientos más profundos y un deseo aparentemente inconcebible, los festejos de fin de año pierden todo el encanto. 


Cerca de un 17% de parejas en edad reproductiva desean convertirse en padres pero el embarazo no llega. Son datos que recogen en los centros especializados en medicina reproductiva. Y este porcentaje sube exponencialmente cuando se tienen en cuenta a las parejas igualitarias o personas solas que quieren tener un hijo.


“Hablar de este tema, ponerlo sobre la mesa, llamar a las cosas por su nombre son formas de motivar la empatía de una sociedad que a veces prefiere pasar por alto o mirar para otro lado cuando no se tiene qué decir”, afirma Maru Pesuggi, autora del libro ¡Que me parta un Milagro! La búsqueda de un hijo que parece inconcebible.


"En 2019, la edad con la que una mujer llega a la primera consulta en reproducción asistida ronda entre los 37 y 38 años", apunta el doctor Marcos Horton, director de Pregna Medicina Reproductiva y ex presidente de la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva (SAMeR). Se ha comprobado que a esta edad, la mujer tiene disminuida su reserva de ovocitos, así como también la calidad genética de éstos. Precisamente, es uno de los factores predominantes que dificultan el logro de un embarazo espontáneo (sin intervención médica), o que no se pierda en las primeras semanas de gestación.


Del otro lado de las estadísticas y la información científica, la infertilidad tiene un alto impacto en la pareja y en su relación con el entorno. “En primer lugar cuesta aceptar que algo tan natural como tener un hijo no se dé de la forma en la que uno lo espera. Entender que la intimidad de la búsqueda será atravesada transversalmente por médicos, biólogos, pastillas e inyecciones, no es sencillo de asimilar", describe la autora, y menciona cuál es uno de los momentos álgidos del calendario en el que esta falta se hace todavía más pesada. 


"Algo que vuelve más dura esta situación es el tabú y hacerle entender al otro que irnos de vacaciones, relajarnos, o adoptar una mascota, no nos va a resolver el problema que tenemos. Dentro del universo de situaciones que se deben empezar a aprender a manejar, están las fiestas de fin de año”, menciona.


Los festejos de fin de año tienen un efecto particular en quienes buscan un hijo que no llega.


Existen diversos estudios sobre el estrés y la ansiedad que afirman que esta época del año es disparadora de crisis emocionales. Las personas que atraviesan la infertilidad no están exentas. “Cuando se está en esta búsqueda nos imaginamos constantemente el futuro junto a ese hijo que deseamos profundamente. Cuando llega diciembre, se sienten palpables esos 365 días donde intentamos, hicimos todo lo que pudimos, pero no alcanzó. La tristeza inunda lo cotidiano al darte cuenta de que lo que proyectaste y deseaste para el año nuevo que termina, no llegó”.


“El tiempo pasa vertiginosamente. Lo que sucede es que muchas veces no basta con un único tratamiento para lograr el embarazo y son necesarios varios intentos. En cada uno, debe esperarse al ciclo de la mujer, la autorización de la obra social o prepaga para realizarlo, los resultado de los estudios e incluso que la propia biología no juegue malas pasadas, como por ejemplo que exista algún factor que no permita realizar el tratamiento en ese ciclo. Entonces todo el proceso puede llevar en total 4 meses o más”, pormenoriza Pesuggi, enumerando al dedillo una muestra del trajín por el que ella misma debió transitar junto a su pareja.


La postal familiar incompleta, los regalos que no hizo falta comprar para el árbol, la emoción incomparable con la que se vive la Navidad durante la infancia son momentos que para quienes están en la búsqueda de un pequeño que no llega, se vuelven lejanos y añorados. 


“Idealizamos estos festejos con nuestros hijos en brazos, o al menos con un embarazo sano. Las expectativas siempre serán altas y muchas veces románticas en relación con la maternidad y con formar una familia. Entender que el cambio de calendario no es más que un hecho fáctico que sucede todos los días (el inevitable paso del tiempo), le quita peso simbólico. Aceptar que de lo que pasó ya nada se puede cambiar, pero entendiendo que por delante todas las posibilidades nos están esperando, nos ayuda a soltar las frustraciones de cara a lo que se viene", asume Maru. 


Aceptación de lo que no fue y renovar la esperanza para lo que vendrá, el consejo de una mujer que hace años inició la búsqueda para ser mamá.


Con 37 años y un anhelo de ser mamá que jamás cesó, Pesuggi emprendió el camino hacia la maternidad en 2011. Hace cinco años llegó ese regalo tan esperado, luego vino la pérdida de un embarazo y actualmente sigue en el sendero alentada por el afán de agrandar la familia. Con casi una década de brindis, buenos augurios que no se concretan y un vacío que festejo tras festejo se renovaban, en 2013 creó el blog Que me parta un milagro, donde canaliza, comparte y hasta se ríe de todas las penurias y contrariedades que atravesó en su andar.


"Como autora de un libro sobre este tema para mí es clave la lectura, y una herramienta importante a tener en cuenta en estos tiempos. No solamente porque se universaliza la situación y los sentimientos (veo en el otro lo que me sucede a mí), sino también para los de afuera. Contarle a otro lo que te pasa a través de un libro que podés invitarle a leer, te libera de poner en palabras lo que a veces cuesta mucho decir, o incluso no te animás a expresar", autorreferencia.  


Con todo, su "sabiduría" en la materia le permite ofrecer con sobrado conocimiento de causa algunas máximas para superar, y hasta disfrutar el costado renovador de esta época del año.


"Colgar un escarpín en el árbol de Navidad y que se transforme en un emblema de esperanza, ayuda a que valoremos lo maravilloso que tiene el futuro. Un futuro del que a pesar de no tener certezas de lo que nos depara, podemos estar seguros de que las oportunidades están siempre ahí. Y eso para nosotros ya es mucho”, remata convencida. 

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