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 Lunes 30 de diciembre de 2019                581
    30.12.2019 -    
Tener c√°ncer, no culpas
El riesgo de los discursos que prometen curas a partir de una actitud mental o de ciertos hábitos, sin evidencia científica alguna.

Tener c√°ncer, no culpas

En la pantalla azul, azul cielo, azul mar, se alza la figura de Claudio Mar√≠a Dom√≠nguez, sonriente. ‚ÄúElijo vivir, elijo actuar desde lo que soy", enfatiza. Y asevera: ‚ÄúEsa persona [la que elije] no tiene c√°ncer, no lo desarrolla, no lo genera. Y si lo desarrolla, o lo hubiese desarrollado, lo quita de su vida. Agarra el toro por las astas, se frena y dice tuve el cuerpo acidificado y lo alcalinizo en este momento‚ÄĚ. La sorpresa afuera de la pantalla es total. ¬ŅDepende de m√≠ tener o no tener un c√°ncer? Dom√≠nguez contin√ļa: ¬ŅC√≥mo lo alcalinizo? Con mis sensaciones, con las cosas que yo merezco (‚Ķ) Esa persona alcalinizada, oxigenada, no desarrolla una enfermedad tumoral, porque no hay un ambiente √°cido que se lo permita, el √°cido de la bilis del odio, el √°cido de la bilis de la envidia‚ÄĚ.


¬ŅEs tan sencillo tener o no tener tumores? La polarizaci√≥n simplificadora, la de creer que la enfermedad es algo generado por la mente y que se fortalece o desaparece por la mera puesta en marcha de la voluntad. Sentirse culpable porque es el propio cuerpo el que da√Īa al cuerpo.


Consultado al respecto, Dom√≠nguez asegura que su intenci√≥n no pasa por ah√≠. ‚Äú¬ŅC√≥mo podr√≠a decirle a una persona que tiene c√°ncer que se enferm√≥ por su propia culpa? Qu√© mal lo debo haber expresado yo si se entendi√≥ eso. Lo que digo es que cuando alguien est√° en la tristeza profunda, en el rencor permanente, lo que logran esas emociones es mellar el sistema inmunol√≥gico y eso puede abarcar desde una gripe hasta un herpes‚ÄĚ. Y agrega: ‚ÄúPrimero hay que ir al m√©dico. No pienso de ninguna manera que una persona deba abandonar el tratamiento‚ÄĚ.


El caso de Dom√≠nguez es apenas una m√≠nima muestra. Abundan los discursos basados en la expiaci√≥n de rencores ‚Äúque se enquistan‚ÄĚ y en la toma de aguas milagrosas, nunca verificadas, improbadas. ‚ÄúHay que tener mucho cuidado con la narrativa hiperresponsable sobre el c√°ncer. Es esa que tiende a significar que las enfermedades dependen de la mente ‚Äďdescribe el onc√≥logo Ernesto Gil Deza, director de investigaci√≥n y docencia del Instituto Henry Moore-. No es cierto que las personas alegres no se enfermen, o que las depresivas o irascibles lo hagan inexorablemente‚ÄĚ.


Lo que omiten los discursos de este tipo es que el cáncer ha estado siempre con los seres vivos pluricelulares. El cáncer no es una enfermedad contemporánea, ni siquiera es patrimonio exclusivo de los seres humanos: las plantas pueden tener tumores, los tiburones, las serpientes. Todos los cánceres nacen en una alteración genética que conduce a un descontrol del crecimiento celular. Las células desoyen las órdenes de reproducción del organismo, y también ignoran los mecanismos de autodestrucción. Consecuencia: adquieren una capacidad de reproducción casi ilimitada.


Con el tiempo, incorporan capacidades para invadir y destruir tejidos, alimentarse, trasladarse hacia otras zonas del organismo, ocultarse del sistema inmunológico que las combate. A esta evolución se le suman, cual gatillos, una cantidad de agentes tumorogénicos, como los rayos ultravioletas, las radiaciones, ciertos virus, algunos componentes químicos, el tabaco. Cualquier agente capaz de producir mutaciones es cancerígeno, pero el cáncer ni siquiera es singular: se conocen al menos 250 enfermedades con esa denominación.


Transcurren ocho a√Īos antes de que un tumor sea aparente; las c√©lulas malignas pasan las dos terceras partes de su vida sin ser detectadas. Los tumores de cinco mil√≠metros tienen 500 millones de c√©lulas y los de diez mil√≠metros pesan un gramo. A lo largo de una vida de 70 a√Īos, por ejemplo, se producen diez tumores y solo aparece alguno en una de cada tres personas. Un pu√Īado crece y se destruye, otro vuelve a mutar a c√©lulas normales. En ciertos casos, son detectados por el mismo cuerpo, y destruidos.


¬ŅY las emociones? ‚ÄúEs cierto que el apoyo psicol√≥gico logra que la persona se sienta m√°s equilibrada y con mayor confort. Pero es un riesgo atribuir la palabra cura a una mejor√≠a", advierte Gil Deza. Enseguida admite que el efecto placebo es ‚Äúexclusivamente humano y muy poderoso, debemos estudiar rigurosamente sus beneficios‚ÄĚ. Y concluye: ‚ÄúA todos mis pacientes les pregunto qu√© quieren saber, les doy informaci√≥n de la situaci√≥n y del contexto con honestidad pero respetando aquello que prefieran ignorar. Hay que respetar el autoenga√Īo y la negaci√≥n, si existieran. Y tener cuidado con las expectativas desmedidas‚ÄĚ.


La b√ļsqueda de terapias alternativas es un derecho. Pero el punto de no retorno es el de la trampa de quienes hablan solo a partir de creencias que no han sido estudiadas ni probadas, y el del abandono de tratamientos cuyos efectos positivos s√≠ est√°n avalados por la evidencia. Por eso, desde el punto de vida m√©dico no se trata tanto de desestimar creencias ni de cerrar puertas, sino de cuidar que el paciente no corra riesgos o sufra da√Īos por promesas sin sost√©n. Y, por si fuera poco, cargando con una culpa inventada.

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