Dicen que nadie es profeta en su tierra, pero Francisco Cerúndolo se encargó esta tarde de demoler ese axioma. En una jornada que quedará marcada en el calendario del tenis nacional, el argentino (1° preclasificado) se sacó la espina más dolorosa de su carrera al vencer con autoridad al italiano Luciano Darderi (2°) en la final del Argentina Open.
Fue un 6-4 y 6-2 contundente, resuelto en una hora y 36 minutos de juego, que sirvió para que el mayor de los hermanos Cerúndolo levantara el mate de plata, ese trofeo que se le había negado esquivamente en las definiciones de 2021 (ante Diego Schwartzman) y en la reciente edición de 2025 (frente al brasileño Joao Fonseca).
El partido mostró la versión más madura de Cerúndolo. Lejos de la ansiedad que suele jugar malas pasadas en estas instancias, el argentino planteó un ajedrez físico y mental. El quiebre temprano en el tercer game del primer set fue la declaración de principios: tomó una ventaja que defendió, literalmente, con uñas y dientes.
La clave del primer parcial estuvo en la gestión de los momentos críticos. Mientras Darderi desperdiciaba cinco break points —producto de la presión y del pulso firme del local—, Cerúndolo combinó la potencia habitual de su derecha con una sensibilidad exquisita, ejecutando drop shots que resultaron inalcanzables para el europeo.
El segundo capítulo fue un monólogo de jerarquía. Cerúndolo olió sangre y aceleró: quebró el servicio de Darderi en sus dos primeros turnos, poniéndose 3-1 en, como se dice en la tribuna, "un abrir y cerrar de ojos". Aunque cedió su saque una vez, la diferencia de velocidad de bola era notable.
El golpe de gracia llegó en el séptimo game. Un nuevo quiebre dejó al argentino con el saque para campeonato. No le tembló el pulso. Cerró el 6-2 final ante una multitud que celebró no solo un título, sino la confirmación de un liderazgo tenístico.
Este es el cuarto título en la vitrina de Cerúndolo, sumándose a los ATP 250 de Bastad (2022), Eastbourne (2023) y Umag (2024). Para llegar a esta consagración en Buenos Aires, debió despachar previamente al boliviano Hugo Dellien, al checo Vit Kopriva y, en un duelo de alto voltaje emocional, a su compatriota Tomás Etcheverry (7°).
Hoy, Junín y toda la Provincia celebran que el trofeo se queda en casa. Cerúndolo demostró que la perseverancia, acompañada de talento, termina pagando. La tercera, finalmente, fue la vencida.