El segundo ciclo de Marcelo Gallardo en River Plate terminó como pocos imaginaban: no con una vuelta olímpica, sino con el silencio de quien ya no encuentra el camino. La derrota ante Vélez en Liniers fue el soplido final para una estructura que venía crujiendo. Aunque su cuerpo estuvo en el banco durante el segundo tiempo, su decisión ya estaba tomada en el entretiempo, tras 45 minutos que él mismo calificó como "saca técnico".
La frase que le susurró a su círculo íntimo tras el partido resume el ocaso del líder: "No veo respuestas". El DT que hizo de la palabra "creer" una religión, dejó de confiar en su capacidad para revertir una inercia destructiva.
Nadie podrá quitarle a Gallardo la gloria de Madrid ni los años dorados de su primera etapa, pero este regreso deja una herida en lo estadístico y lo futbolístico. Bajo su mando en este segundo ciclo, River perdió los 10 títulos que disputó y, lo que es más doloroso para el hincha, se quedó afuera de la Copa Libertadores 2026.
La autocrítica del Muñeco fue feroz. El dato que terminó por convencerlo de su salida es demoledor: River no pudo ganar ninguno de los 19 partidos en los que empezó perdiendo 1-0. Para un entrenador que forjó equipos con una resiliencia de acero, encontrarse con un plantel sin reacción fue el límite. "Hoy no hay uno que entre pateando las puertas en el vestuario", deslizaron desde las entrañas del Monumental, marcando la falta de líderes del estilo de Ponzio o Enzo Pérez.
La gestión de Gallardo no solo se mide en lo táctico. El club realizó una inversión sideral de 85 millones de dólares en refuerzos que no lograron plasmar la jerarquía esperada. Desde nombres rutilantes hasta apuestas juveniles, ninguno pudo rescatar a un River que se volvió previsible y frágil en defensa.
En el último tramo, el desconcierto fue tal que el técnico terminó recurriendo a soluciones desesperadas, como el debut del juvenil Freitas ante la falta de gol de figuras como Driussi o Salas. La "última bala" de la que habló a fines de 2025 se gastó mucho antes de lo previsto.
La confirmación llegó ayer a las 4 de la tarde. En una llamada a Stéfano Di Carlo, el presidente del club, Gallardo ratificó lo que ya era un secreto a voces. No hubo marcha atrás posible. En un video de dos minutos, grabado en una sola toma y sin guion, el Muñeco se despidió de la gente, omitiendo llamativamente cualquier mención a sus jugadores, una señal clara de la ruptura emocional con el grupo.
Mientras el mundo River se prepara para el "último baile" contra Banfield, la dirigencia ya mueve las piezas del tablero político y deportivo. Con la salida del ídolo, los nombres de Eduardo "Chacho" Coudet, Hernán Crespo y Gabriel Milito aparecen en el horizonte. River deberá ahora aprender a caminar sin el hombre que, durante una década, fue el dueño absoluto de sus alegrías.