En registros audiovisuales captados desde los puentes de la ciudad de Luján, se comenzó a observar el miércoles último, cómo un líquido denso y purpúreo emana directamente de uno de los desagües pluviales, mezclándose con el cauce y afectando la flora de las riberas.
Este incidente no es solo un "cambio de color", es una evidencia flagrante del vertido de sustancias químicas cuya composición y toxicidad aún se desconocen, pero que representan una amenaza directa para el ecosistema fluvial y la salud de los vecinos.
¿Se trata de colorantes textiles, desechos industriales o agroquímicos? Otro hecho similar fue el día 7 de marzo, que también fue denunciado a la autoridad ambiental
El río Luján, que ya arrastra décadas de maltrato, parece haberse convertido en un depósito de residuos sin costo para aquellos que priorizan el lucro sobre el medio ambiente.
El vertido de sustancias desconocidas altera el pH del agua, reduce los niveles de oxígeno y puede provocar la muerte masiva de fauna ictícola. Además, el contacto con estos químicos supone un riesgo para quienes utilizan las áreas recreativas del río o dependen de sus recursos.
Este episodio debe ser el límite. No basta con "limpiar" visualmente el río; es urgente una investigación profunda que identifique a los responsables de este atentado ecológico. La justicia debe actuar con celeridad para sancionar estas prácticas y el Estado debe fortalecer los controles sobre los conductos de vertido que desembocan en el cauce.